Recientemente, la comunidad de videojuegos ha estallado en reacciones tras los comentarios de Shigeru Ishiba, Primer Ministro de Japón, en relación al videojuego Assassin’s Creed Shadows. A pesar de que se interpretó que Ishiba criticaba abiertamente el título de Ubisoft durante una sesión oficial de la Dieta Nacional, las transcripciones revelan que su respuesta se enfocaba en la necesidad de respetar la cultura y las costumbres locales, en lugar de criticar al videojuego en sí.
Una controversia fabricada de manera absurda
La controversia surgió después de que un video de juego en el que el protagonista, Yasuke, ataca a sacerdotes y destruye el santuario Itate Hyozu, se volvió viral, acumulando miles de reacciones en redes sociales. Desde el santuario, sus responsables expresaron su descontento, afirmando que Ubisoft no obtuvo permiso para usar su nombre en el juego y que, de haberlo solicitado, habrían rechazado la propuesta. Esta falta de permiso ha llevado a críticas hacia la desarrolladora por parte de funcionarios y ciudadanos.
Hiroyuki Kada, miembro del Partido Liberal Democrático de Japón, también expresó su preocupación de que el juego pudiera inspirar actos vandálicos en sitios culturales tras su lanzamiento, mencionando el video que muestra la violencia contra el santuario. Aunque el Primer Ministro no hizo una crítica directa a Ubisoft, su declaración sobre la importancia de respetar la cultura japonesa ha generado confusión. Ishiba subrayó que actos de vandalismo son inaceptables, refiriéndose a potenciales comportamientos de turistas que visiten Japón después de jugar.
Mientras la polémica sigue resonando en redes sociales y medios, aún no se han especificado las “acciones apropiadas” que tomará el santuario contra Ubisoft. Esta situación refleja la cada vez más compleja intersección entre el entretenimiento digital y el respeto cultural, planteando un debate en torno a los límites de la libertad de expresión en los videojuegos.