Ligar mal por Tinder es todo un arte, y tenemos a sus artesanos

Si alguna vez te has preguntado “¿Se puede saber qué es lo que hago mal?” cuando haces Match, plantéate que quizá hayas caído en una de estas barrabasadas ligonas.

Si nunca has tenido una cita de Tinder, considérate una de las personas más afortunadas del mundo. Ligar en una discoteca ya es raro normalmente, pero al menos tienes la música, el alcohol y la noche para ayudarte (la cara si eres una persona atractiva). Imagina si todo lo que tienes es un móvil, un teclado e intentos de seducir infructuosos. Si alguna vez te has preguntado “¿Se puede saber qué es lo que hago mal?” cuando haces Match, plantéate que quizá hayas caído en una de estas barrabasadas ligonas.

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Empezar con mal pie

Ligar en Tinder es difícil, es verdad, pero hay gente que lo pone especialmente complicado. En Internet podemos ver desde gente que abre conversación con un “Eh, ¿qué te gusta? ¿Es la psicología divertida? Yo soy diplomado en contabilidad y es tan aburrido como crees” o “En esa foto tienes una alta follabilidad. Te quiero pa mi cumple con un gran lacito. Es el sábado, ¿cómo lo organizamos? Tienes que ser mi superregalo”.

No es mala idea pensar que al otro lado tienes a un desconocido al que, por lo que sea, es posible que no le apetezca ponerse un lazo en tu cumpleaños dos días después y ser “tu superregalo”. Puedes meter la pata porque seas socialmente tímido o tímida, sí, pero no descartemos que, simplemente, no sepas cómo hacer estas cosas y descargues tu frustración con gente que no conoces. Ojo a este ejemplo.

“Soy una buena persona pero nadie me entiende. Me encanta el sexo y no puedo parar de pensar en él, soy un Escorpio, pero nunca me acuesto con nadie porque no aguanto la estupidez de la mayoría de las chicas” puede que no sea la intentona rompedora que crees que es, amigo. Vuelve a la casilla de salida y a pensar en lo que has hecho. Puestos a meter la pata, mejor un “Me la dejas como la vida de huérfano: bien dura” y a probar suerte.

Contestar fatal

Cuando uno no está para ligar, no está para ligar. Y las respuestas pueden decidir si triunfas o acabas pidiendo una pizza y viendo ‘One piece’ hasta las tantas de la mañana pensando qué hiciste mal. Por ejemplo, ante la pregunta “Dime qué es lo mejor que has cocinado”, hay quien responde “Mira en mi Instagram, tengo algunos platos ahí” en lugar de, bueno, empezar una conversación. Pero ojalá fuera la peor respuesta posible.

Todo puede ser peor: piensa que te pueden responder a un “Hola” diciendo “¡Ahh, tú eres la persona que deslicé por error! Deslicé muy deprisa el otro día y no me fijé en tu perfil en absoluto“, algo que, si has tenido Tinder, sabrás que a veces pasa. Y hace pupa. Y es que al final la clave está en contestar bien: si alguien dice “Los exámenes me van como el culo”, basta estar rápido para decir “pues como sea como el tuyo, un 10”. Ligar es posible (si eres alguien gracioso). Si es que hay quien se embarra incluso después de un simple “Hola”.

¿Quieres una buena manera de empezar y no parecer alguien psicópata? Apunta: “Titanic. No hay mejor manera de romper el hielo”. Cuando estés tomándote algo con la otra persona, ya nos lo agradecerás.

Perfiles que no

Y, por supuesto, ten mucho cuidado en tu perfil. Vale que caer en el típico “Amigo de mis amigos”, poner tu altura o cosas parecidas es aburridísimo, pero siempre será mejor que algunos que hemos visto por Internet, como “Dale a like si te he gustado o vete a freir puñetas. ¡¡OJO!! Que la tengo grande” o “¿Seguirías amándome si te contara que he matado a alguien? (Fue autodefensa, obvio)”.

Visto lo visto, mejor quedarnos con el alpinista, el que va al gimnasio, la que pide el signo del zodiaco y aquel que cree que puede hacer un mundo mejor entre fotos de vacaciones, de fiesta y con el gato. Y al final tendría que ser el resumen de todo esto: ¿Quieres ligar? Ten gato. Puede que a ti no quieran conocerte, pero seguro que al michi sí.

Antes de Tinder: las primeras citas por ordenador que se dieron a finales de los 50

Pretendían unir a 49 mujeres y 49 hombres encontrando a las personas más compatibles entre sí. Spoiler: fue un absoluto desastre.

Tendemos a pensar que lo hemos inventado todo, pero en el fondo lleva años y años ya creado, solo que de maneras mucho más rudimentarias. Pongamos por ejemplo Tinder, Adoptauntio, Badoo o lo que quieras usar, la manera en la que ligamos en tiempos modernos, algo que nuestros abuelos no entenderían… Si no fuera porque en 1959 la gente ya estaba encontrando al amor de su vida gracias a un ordenador.

Te di todo mi amor, arroba love punto com

En 1954 tuvo lugar un hito de la informática: se ensambló el IBM 650, el primer ordenador fabricado a gran escala. Más o menos: se produjeron un total de 2000 unidades que pesaban, cada una, 900 kilos. Como curiosidad, fue el primer ordenador que dio algo de dinero a sus desarrolladores… Y el que sirvió para asuntos más mundanos como, bueno, ligar.

Universidad de Stanford, 1959. Philip A. Fialer y James Harvey son dos estudiantes de matemáticas muy interesados en el devenir de la informática que preparan un proyecto final destinado a hacer historia. Su nombre no podía ser menos interesante: ‘Servicio de Planes de Familias Felices’ (aunque tiempo después ellos mismos lo renombraron como ‘Servicio de Planes de Matrimonio’), pero la idea tras él era buena. Pretendían unir a 49 mujeres y 49 hombres encontrando a las personas más compatibles entre sí. Spoiler: fue un absoluto desastre.

Las personas seleccionadas fueron sobre todo estudiantes de Stanford, pero también habitantes de Los Trancos Woods, donde los muchachos solían ir de fiesta. Cada una de estas 98 personas rellenaba un cuestionario y se pasaba por un programa creado por ellos. Este programa comparaba un miembro de una “clase” (o sea, un hombre) con todos los de la otra clase (mujeres) y repetían esto para todos los miembros de la primera. La pareja con la menor diferencia en puntuaciones del cuestionario se unía, y el proceso se repetía una y otra vez. El problema es que la primera pareja era ideal, sí, pero el resto, a medida que se iban eligiendo y descartando… se diferenciaban más y más.

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Fialer y Harvey solo tenían diez minutos al día para hacer su experimento con el IBM 650, y así no habrían terminado en la vida, por lo que decidieron lo más lógico: colarse de noche y procesar los 98 cuestionarios al mismo tiempo. Dicho y hecho: ya solo faltaba poner a prueba el éxito (o el fracaso) de su idea.

Los dos alumnos organizaron una fiesta en su casa de alquiler esperando haber dado en el clavo, pero ya se sabe que nunca se acierta a la primera y los pioneros quedan olvidados por la historia. También influye que algunas de las citas fueron tan desastrosas que llegaron a unir a madres solteras de 30 años con jóvenes vírgenes de 18. Ninguna de las parejas salidas de aquel ordenador acabó en boda y ambos decidieron que comercializarlo sería un sonado error.

Sin embargo, marcaron la línea a seguir que continúa hasta nuestros días. De hecho, en 1965 se lanzó la primera empresa dedicada a las citas por ordenador, ‘Operation Match’ y ese mismo año el mismo experimento dio lugar a la primera boda realizada jamás gracias a la informática: Marilyn Anderson y Gordon Keating todavía conservan el cuestionario de él como prueba de su amor entre chips, bytes y ordenadores exageradamente pesados.

El negocio floreció en los años siguientes, y la gente llegaba a pagar cuatro dólares de la época (unos veinte actuales teniendo en cuenta la inflación) por rellenar un cuestionario con preguntas como “¿Crees en un dios que responde a la oración?” o “¿Es la actividad sexual extensa en preparacion para el matrimonio parte de “crecer”?”. El sistema en el que estos cuestionarios se medían con otros era un IBM 7090, o sea, exactamente lo mismo que hicieron poco antes Fialer y Harvey. Solo que ganando dinero.

El sistema de encontrar pareja por ordenador acabaría evolucionando en los 80 en algo que seguro que habéis visto en películas: las cintas en VHS de pretendientes presentándose que enviaban a las casas de los solteros y las solteras para elegir a su -quizá- siguiente pareja. En 1995, finalmente, nacería Match.com de la mano de Gary Kremen, la misma persona que tuvo la inteligencia suficiente para registrar la web Sex.com en 1994 ganando más de 80 millones de dólares en ventas al mejor postor. ¡Ah! ¡Qué bonito es el amor!