Si escuchas a alguien canturrear “Thunder, thunder, thunder…” y solo puedes pensar “Thundercats!”, tengo dos noticias para ti. La primera, que hay que ir cogiendo cita con el médico para una revisión general. La segunda, que Adam Wingard, autor de Eres el siguiente o Godzilla vs Kong, lleva años preparando la adaptación definitiva de la serie de dibujos de los 80 a la gran pantalla. Nadie se la ha comprado de momento, pero cree que es cuestión de tiempo.
Sacando las uñas
Por si tienes menos de 40 años (¿cómo te atreves?), Thundercats fue una serie de 1985 que protagonizaba un grupo de héroes alienígenas felinos vagando en el espacio. Fueron 5 temporadas y 130 episodios que para muchos definieron la épica en los 80. Después se ha intentado repetir el fenómeno en 2011 y 2020, pero sin demasiado éxito. Sin embargo, Wingard está convencido de que es el momento de apostar cientos de millones por la franquicia.
“Mi carrera está dando botes, así que otras cosas han tenido preferencia. Pero Thundercats sigue ahí. Creo que es una cuestión de encontrar tiempo para re-concentrar y re-conectar con ella”. Es más, afirma que hicieron un nuevo a inicios de año, lo que, para un cineasta como él, reputado en Hollywood, debería ser sinónimo de encontrar financiación lo antes posible.
Es más, está convencido de que algún día la veremos: “No tengo ninguna actualización emocionante, pero no está muerta. Vive. Simplemente no es en lo que estoy trabajando ahora mismo”. Dicho de otra forma: si vuelve la nostalgia de los 80, no te preocupes, porque estaremos ahí, a tope con Lion-O y sus compañeros.
todo tiempo pasado fue mejor. Cada época tiene sus virtudes y sus defectos y desde luego creer que existe una época que fue una utopía que hemos perdido es un error. Eso no quita para que haya cosas buenas en el pasado, particularmente si hablamos de cultura. Por ejemplo, el mainstream musical era más rico y diverso en los 80s y en los 90s de lo que es hoy. La fisicalidad de los cassettes, los vinilos y los CDs era una experiencia mucho más inmersiva que escuchar algo en Youtube o Spofity. Y eso es algo que hemos perdido.
Por eso no es de extrañar que las nuevas generaciones estén volviendo a estas cosas. Que la música de esa época se siga escuchando, que estemos viendo un resurgir del vinilo y del CD, que estén regresando los MP3, y que en general exista una conciencia muy particular de toda una cultura musical que quizás se había perdido en favor de la pura comodidad. Por eso no es de extrañar que haya videojuegos que hayan decidido explorar esta relación que hemos empezado a cultivar de nuevo con la música. Y dos de ellos han salido esta misma semana.
Dos juegos sobre la comunidad
Wax Heads es un juego desarrollado por Patattie Games, publicado el 5 de mayo, que se define como una simulación narrativa de “punk acogedor” donde tenemos un propósito claro: gestionar una tienda de vinilos que no está pasando por su mejor momento. Creando comunidad, hablando con la gente y sugiriéndoles cuál es el disco que mejor les puede ir según sus gustos y necesidades, es un juego sencillo, pero con corazón, que resonará entre aquellos que tengan o hayan tenido una tienda de discos de confianza.
Pero ahí se encuentra su gran valor. En demostrar cómo se establen lazos comunitarios entre las personas a través de gestos sencillos y cotidianos, como recomendar un disco o tener unos gustos en común. Algo mucho más fácil de compartir en un contexto propicio para ello, como una tienda de discos.
El otro juego que ha salido esta semana y que ha hecho no poco ruido es Mixtape, un juego de Beethoven and Dinosaur, desarrolladores del también musical The Artful Escape. En este juego, también narrativo, encarnamos a tres amigos que, en su última noche de instituto, deciden vivir una última aventura antes de separarse en una clásica aventura de paso a la edad adulta. Con una particularidad. Su banda sonora licenciada está llena de grandes temas de los 70s y 80s.
Con canciones de Joy Division, The Smashing Pumpkings, DEVO, Siouxsie and the Banshees, Iggy Pop y Lush, entre otros, el juego tiene un evidente sesgo millennial y una cierta angustia nada disimulada, pero también un tono romántico ineludible. Algo a lo que ayuda que el juego esté configurado en forma de mixtape. Una combinación de canciones cuidadosamente elegidas por una persona y luego grabada en un CD, un cassette o, también, una lista de reproducción, para que disfrute otra persona.
Mixtape nos demuestra cómo la música tiene significado. Y cómo el acto de elegir las canciones, en qué orden van, grabarlas y darle un objeto físico a otra persona con ellas está cargado de significado por el pensamiento y el esfuerzo que se ha puesto en ello. Que es exactamente lo que pretende el juego.
Un regreso a cosas mejores
Que dos juegos como Wax Heads y Mixtape se hayan lanzado casi al mismo tiempo es pura casualidad, pero que existan ambos en este momento no lo es. Existe un anhelo evidente por una relación diferente con la cultura. Con lo físico. Con la comunidad. Una que representan perfectamente ambos juegos, en particular, por cómo nos relacionábamos antes con la música. De una manera mucho más orgánica y directa. Menos conveniente, pero más auténtica.
Es normal que muchos juegos se interesen por estos temas. Existe un componente de nostalgia porque los desarrolladores en sus 30s y 40s están en posición ahora de hacer esta clase de videojuegos, pero también porque existe un público joven que, a pesar de no tener nostalgia ninguna por ese pasado que no conocieron, sienten interés por esa clase de relación con la música y la cultura. Lo cual explica porqué surgen juegos como Wax Heads y Mixtape. Y porqué es lógico que tengan éxito.
Fremantle está desarrollando un reinicio de la icónica serie de televisión Baywatch un proyecto que podría traer de nuevo a la pantalla uno de los programas más emblemáticos de los años 80 y 90. Según información exclusiva de Deadline se han llevado a cabo conversaciones iniciales con varias cadenas de televisión y plataformas de streaming para dar vida a este regreso televisivo.
Los Vigilantes de la Playa más vivos que nunca
Baywatch se convirtió en un fenómeno cultural durante su emisión original presentando a un grupo de salvavidas en las playas de California y abordando temas tanto ligeros como dramáticos que resonaron con una amplia audiencia. Su éxito no solo se debió a las impresionantes escenas de acción en el mar sino también al carisma de su elenco que incluyó a figuras como David Hasselhoff y Pamela Anderson. La serie se mantuvo en el aire durante más de una década lo que generó un legado duradero en la cultura pop.
El interés por revivir Baywatch en el contexto televisivo moderno sugiere una tendencia hacia la nostalgia donde muchas producciones buscan capitalizar las franquicias conocidas que marcaron generaciones. Si bien el desarrollo está en etapas tempranas el hecho de que se estén llevando a cabo conversaciones con diferentes plataformas deja entrever un potencial significativo para que el proyecto avance.
Se desconoce por el momento cómo se abordará el reinicio: si se mantendrá el tono original de la serie o si se realizará una reinterpretación contemporánea. Además el regreso de Baywatch podría atraer tanto a los fans de la serie original como a nuevas audiencias lo que representa una oportunidad interesante para Fremantle en un mercado televisivo cada vez más competitivo.
En un emocionante cruce del universo de Magic: The Gathering y las Tortugas Ninja, llega Turtle Team-Up, un nuevo juego cooperativo que pone a los jugadores a luchar juntos contra varios jefes. Cada partida está diseñada para permitir que hasta cuatro jugadores compartan una vida y trabajen en equipo, enfrentándose a la dificultad creciente que presenta cada nuevo desafío. Este enfoque colaborativo, aunque desafiante, promete ser accesible para jugadores menos experimentados y más jóvenes, lo que lo convierte en una opción atractiva para familias.
Un juego cooperativo diferente
Turtle Team-Up, que contará con una serie de mazos de 60 cartas temáticos de cada una de las Tortugas, comenzará a estar disponible en las mesas de juego a partir del 6 de marzo, además de estar ya disponible en Arena. Los jugadores deberán enfrentarse a icónicos villanos de la franquicia, como Bebop y Rocksteady, mientras navegan por situaciones que pueden volverse cada vez más complicadas. La mecánica de compartir una vida total ofrece una experiencia de juego única y fomenta la cooperación, lo que parece facilitar la victoria en comparación con otros juegos del mismo tipo.
Este nuevo título también apela a la nostalgia de los adultos, además de proporcionar una experiencia divertida para padres e hijos. Con el uso de cartas con mecánicas de poder mutagénico, Turtle Team-Up invita a todos los jugadores, sin importar su edad o nivel de habilidad, a disfrutar de un momento de esparcimiento. Además, el juego parece ser un buen punto de entrada para aquellos que desean familiarizarse con la dinámica de los juegos cooperativos sin el temor de perder repetidamente.
A medida que la comunidad de jugadores espera su lanzamiento oficial, no se puede dejar de lado la fortaleza de este juego en atraer a una gran variedad de públicos, desde los más jóvenes hasta los adultos nostálgicos que buscan revivir su infancia.
Magic: The Gathering Arena es un juego online de cartas gratuito para Windows desarrollado por Wizards of the Coast. Magic es sin duda uno de los juegos de cartas coleccionables más importantes y míticos, con millones de jugadores en todo el mundo y competiciones oficiales con grandes premios. Ahora, gracias a Magic: The Gathering Arena podrás disfrutar de este juego de cartas en tu ordenador de forma gratuita.
Predator: Badlands ha lanzado un tráiler emocionante que nos presenta a un joven Yautja en su primera cacería, persiguiendo a una presa indestructible en un planeta alienígena hostil. Este joven guerrero no está solo; lo acompaña Thia, un androide de Weyland-Yutani interpretado por la actriz Elle Fanning. La inclusión de este personaje ya era conocida, pero el tráiler sugiere que hay conexiones más profundas con la franquicia original de Alien que seguramente mantendrán a los fanáticos intrigados.
Una película que jugará el factor nostalgia
Entre las sorpresas del tráiler se destaca la aparición de marines espaciales y una versión del P-5000 Powered Work Loader, el icónico equipo manipulado por Ripley en Aliens. Estas referencias no solo evocan la nostalgia de los seguidores de la saga, sino que también generan especulaciones sobre un posible universo compartido con futuras entregas que podrían incluir emocionantes cruces entre Alien y Predator.
Predator: Badlands se perfila como una película de acción emocionante y como una continuación digna del aclamado film Prey, dirigido por Dan Trachtenberg, que logró revitalizar la franquicia. Sin embargo, la tendencia actual de realizar reboots que repleta de referencias a películas del pasado puede resultar un poco tediosa para algunos, aunque hay excepciones notables. Aun así, el potencial de ver a los marines espaciales y sus equipamientos en la narrativa es un punto a favor, insinuando una expansión del universo cinematográfico en el futuro.
La espera se acorta, ya que Predator: Badlands se estrenará en cines el 7 de noviembre. Este estreno podría marcar un nuevo capítulo no solo para la saga Predator, sino también para la interconexión que los seguidores han anhelado entre estos icónicos universos de ciencia ficción.
En este caso, el encargo era… ciertamente, especial. Y es que el protagonista era un superhéroe diabético que tenía que enfrentarse a los extraterrestres.
Estamos en 1992. La diabetes en Estados Unidos estaba creciendo y se situaba en torno al 5% de la población, que tenía que aprender conceptos como “insulina”, “hiperglucemia” y aprender a tomar una dieta saludable. Pero para eso están los videojuegos, al fin y al cabo. O al menos este, que disfrazado de una profunda ayuda a los niños con diabetes escondía, cómo no, publicidad de una farmacéutica. Bienvenidos al mundo de ‘Capitán Novolín’.
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Insulina y ná
Novo Nordisk, la empresa farmacéutica tras el medicamento Novolín, era la encargada de darle vida de la mano de Sculptured Software, una empresa que hizo juegos no poco importantes, como ‘Super Star Wars’ o ‘Bart’s Nightmare’, el videojuego spin-off de ‘Los Simpson’. En este caso, el encargo era… ciertamente, especial. Y es que el protagonista era un superhéroe diabético que tenía que enfrentarse a los extraterrestres.
Pero ojo, porque los extraterrestres venían en forma de comida guarra. Cereales asesinos, Regalices gigantes, cubos de refresco azucarado… Nuestro héroe tendría que pasar por toda la ciudad acabando con ellos hasta llegar al lugar donde se escondía el alcalde, en pleno ataque de hipoglucemia (también es diabético, sí), y curarle. Por suerte, para curarse, por el camino tiene manzanas y todo tipo de comida sana para enseñar a los niños cómo cuidarse.
Entre pantallas, además, el juego va recordando cosas muy básicas sobre el uso de insulina, como un buen plan de desayuno e introduce preguntas tipo trivial para ayudar a quedarse con lo básico (“La hipoglucemia ocurre cuando los azúcares en la sangre están…”). A medias entre la educación y vender más medicamentos, 10.000 copias del juego se repartieron gratis en hospitales y y campamentos de verano para diabéticos, y aunque ha pasado a la historia como uno de los peores juegos de la historia de Super Nintendo… lo cierto es que en su momento fue sorprendente en cuanto a su temática.
Tanto, que dio lugar a muchos más juegos educativo-farmacéuticos como ‘Rex Ronan’, sobre los peligros del tabaco, ‘Bronkie el broncosaurio’, sobre el asma, o ‘Packy y Marlon’, ‘Detective’ y ‘Buildup blocks’, sobre la diabetes. Por lo que sea, no parece que en PS5 estén preparando su catálogo de juegos sobre la insulina. Estará al caer, probablemente.
Se han hecho toneladas de merchandising de la saga durante los últimos 25 años, pero ninguno como el que hoy os enseñamos: el Pika-coche.
Si crees que ahora Pokémon es un monstruo invencible capaz de comerse cualquier cosa que salga a su paso, eso es porque no viviste a finales de los 90, cuando la primera generación llegó a Game Boy, el anime estaba en boca de todos (aunque fuera por las secuencias que causaban espasmos) y Pikachu se convirtió poco menos que en un símbolo. Se han hecho toneladas de merchandising de la saga durante los últimos 25 años, pero ninguno como el que hoy os enseñamos: el Pika-coche.
¿Tendrías en tu casa un Volkswagen Beetle (el clásico Escarabajo) pintado de amarillo, con orejas, cola y mofletes de Pikachu incluidos? Si has dicho “No” eres un monstruo. Si has dicho “Por supuesto”, tenemos malas noticias: solo llegaron a existir veinte en todo el mundo en 1998. Normalmente se usaban para eventos en Estados Unidos, pero pasada la moda inicial fueron olvidándose… Y ahora los fans darían cualquier cosa por ellos, aunque la mayoría están desaparecidos en combate.
Hay una que ha tenido suerte. Grace Klich, una coleccionista enfermiza de Pokémon, solo tuvo que seguir la pista. Algunos de estos coches se sortearon por el estreno de ‘Pokémon 3’, así que solo tuvo que oler el rastro de uno de los ganadores, que vivía a dos horas de ella. El ganador acabó dándoselo a un amigo, que, tantos años después, acabó malvendiéndolo en Facebook. El coche estaba en muy mal estado, pero, tras gastarse más de 6000 dólares, ya puede conducirse por las calles de Virginia y por las convenciones de cómics donde va para ganarse unas perras extra. Oye, cada cual, con su dinero…
Quedan otros 19 coches más por ser localizados. Se sabe que partes de los mismos han ido apareciendo en distintos lugares (una cola por aquí, un motor por allá), pero es difícil concretar si hay otro coche Pikachu completo en el mundo. Sí están en mejor condiciones los que se hicieron para promocionar Oro/Plata, un PT Cruiser con el color y la forma de Lugia… aunque de estos solo se fabricaron cinco. Por cierto, Klich, la coleccionista de antes, también tiene uno. ¿Para qué quiere dos poke-coches? La respuesta es “¿Para qué no?”.
Ser coleccionista de Pokémon es algo más: ellos se consideran a sí mismos “archivistas”, en el sentido de que hay mucho material perdido que dio alegrías a toda una generación que ahora parece desaparecido para siempre, desde envoltorios de chicles hasta imágenes de tiendas especializadas, torneos o peluches de primera generación. Eh, ¿quién dijo que ser un fan era una tarea sencilla y barata?
Mickey es un ratón. No cabe duda alguna, al igual que Donald es un pato. Y Pluto, un perro. Es fácil distinguir a Clarabella como una vaca y a Chop y Chop como ardillas, pero la pregunta del millón se esconde desde 1932: ¿Qué demonios es Goofy? Sí, sí, podéis reíros todo lo que queráis, pero hay algo que se oculta entre esa nariz larga, esas orejas y esa risa bobalicona. Y estamos dispuestos a llegar hasta el final.
La primera respuesta es obvia: es un perro, ¿no? En su primera aparición se le llamaba “Dippy Dawg”, que ya nos da una idea de la procedencia del personaje. En 1939 se le dio, por fin, el nombre que todos conocemos, en el corto ‘Goofy y Wilbur’, pero no dejaba claro nada sobre él. Ya en esa época Pluto existía desde hacía nueve años, y es indudablemente un perro clásico, lo primero que se te viene a la cabeza al pensar en uno.
Hay quien dice “Son solo dibujos, no le des más vueltas: los dos son perros”. Solo que uno habla y razona y el otro no. Tiene que haber algo más ahí. Su novia más moderna es Clarabella, una vaca: si Minnie es una ratona y Daisy una pata, lo suyo es pensar que en Disney sufren el síndrome “arca de Noé” y juntan a animales de la misma especie. Entonces solucionado, ¿no? Goofy Goof es una vaca.
¿Es una vaca?
Bueno. O no. Y es que a Goofy se le conocen otras novias que eran definitivamente de la rama canina: lo más probable es que le de igual, o que nadie en Disney se haya pasado tanto tiempo dándole vueltas a la vida amorosa de Goofy como los fans. En los años 60 su chica era Glory-Bee, cuya descripción solo indicaba que tiene nariz de perro.
Es más: como se supo en la inconmensurable ‘Goofy e hijo’ estuvo casado con una mujer de la que solo sabemos su nombre (Mrs. Goof) y tuvieron un hijo, Max, que aunque tiene los mismos problemas que Goofy en cuanto a su origen animal, tiene más cara perruna. Disney ha afirmado que no hemos conocido nunca en pantalla a la ex de Goofy, así que podemos descartar a cualquiera de sus amores. Al menos queda más claro que es un perro. Más o menos.
¿Más o menos?
Sí: el propio Bill Farmer, actor de doblaje de Goofy desde 1987, rompió con todo cuando dijo tajante, en una entrevista con Yahoo, “No es un perro”. Ojo. “Pluto es un perro, pero Goofy parece estar en la familia canina de la misma manera que un lobo no es un perro pero también está en la familia canina”. Antes de poder abrir nuevas teorías, el mismo actor las descarta porque conoce lo pesados que podemos llegar a ser los fans con nuestros nichos absurdos.
“Creo que Canis Goofus es el término latino técnico para lo que es Goofy. Es simplemente Goofy“. Hundidos por siempre. Hemos empezado a escribir sin saber qué demonios es Goofy (pero sospechando seriamente de la opción perruna) y ahora todo lo que seguimos sabiendo es… que seguimos sin saber nada. Por favor, Disney, una solución necesitamos. Así no se puede. ¿Quién demonios es Goofy Goof?
Curro, por cierto, estuvo a punto de llamarse Colón, pero finalmente se quedaron el nombre de Francisco: porque sí, Curro no deja de ser un apelativo cariñoso, ¿no? ¿A que nunca lo habíais pensado?
1992 fue el año en el que España perdió su inocencia. Después de una época de Transición y ya bien metidos en los 90, era el momento de salir al mundo de nuevo, y de qué manera: Olimpiadas en Barcelona y Expo Universal en Sevilla. Casi nada. Y cada una, acompañada de su respectiva mascota: Cobi, el perro aplastado de Mariscal, se dedicó a los deportes, pero para presentar Andalucía al mundo escogieron a un extraño pájaro con el pelo multicolor. Era el turno del extraño Curro.
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A currar
Esta no fue la única mascota que se presentó al comité organizador, claro. A la elección final, que tuvo lugar en enero de 1989, llegaron tres posibles mascotas: Curro, de Heinz Edelmann (director de arte de ‘El submarino amarillo’); El Ángel, de Mingote y Caballo Cartujano, de Miguel Calatayud, que tenía un parecido más que razonable con el contemporáneo BoJack Horseman.
El ganador, como sabemos, fue Edelmann, algo que no sentó nada bien a Mingote, que quedó en tercer lugar y se retiró del concurso a posteriori (un poco como anular un partido cuando pierdes 10-0). Curro, por cierto, estuvo a punto de llamarse Colón, pero finalmente se quedaron el nombre de Francisco: porque sí, Curro no deja de ser un apelativo cariñoso, ¿no? ¿A que nunca lo habíais pensado?
El primer boceto de Curro ha visto cosas
Curro apareció en todos los sitios. Todos. Desde el ‘Un, dos, tres’ hasta como invitado en el primer viaje de una réplica perfecta de la Victoria, el barco de Juan Sebastián Elcano, que naufragó solo 26 minutos después de salir de puerto mandando a la mascota al agua. No pintaban bien las cosas, pero peor acabarían.
La Expo no se cansó de repetir la historia de los colores nasales y capilares de Curro: por lo visto, nació de un arcoiris (de ahí el pelo) y, después, al beber agua de un charco donde estaba reflejado, se le quedó la nariz así también. Ya es casualidad, ¿eh? Bajo el disfraz, en las apariciones grandes, estuvo Chelo Vivares, más conocida como Espinete. Puesta a llevar un traje incomodísimo…
Pasó la Expo, y tras ella hubo cientos de muñecos de Curro que se quedaron sin casa donde reposar. Hoy por hoy puede que se hubieran vendido en subasta o por eBay, pero entonces solo había una solución: llevarlos a Alcalá de Guadaira, más concretamente a Romano Antigüedades, donde se apilan esperando que alguien les quiera ofrecer un hogar. ¿Quieres uno? Por 225 euros, puede ser tuyo. Pero no lo acerques a ningún barco, eh. Por si acaso.
La historia de los tazos empieza setenta años antes y recorre medio mundo: eso sí, solo en un país tuvimos los Chiquitazos, fistro.
En los años 90 si no tenías tazos no eras nadie. Es así. Por 25 pesetas podías tener una bolsa repleta de patatas y lo más ansiado: un redondel de plástico con dibujos por los dos lados que valía diferentes puntos y que te servía para ganar combates en el patio del colegio, ampliar la colección y ser el rey con un Portatazos lleno hasta los topes. Sin embargo, la historia de los tazos empieza setenta años antes y recorre medio mundo: eso sí, solo en un país tuvimos los Chiquitazos, fistro.
Maui, Hawai, 1927. Las botellas de leche tienen algo muy especial aparte del propio alimento que los fabricantes introdujeron como mera necesidad: un circulito de cartón que sirve a modo de tapón para proteger la botella, cada uno con una marca diferente. Los niños, sesenta años antes de la NES y doce de la televisión, tenían que divertirse de alguna manera: coleccionaban estos circulitos, los ponían como en una torre y jugaban a derribarlos. Te llevabas los que tirabas, y era el turno del siguiente. Un juego de azar en el que podías entrar con cuarenta y salir con ochenta… o sin nada. Toma ya, Las Vegas.
Pero el nuevo sistema de embotellado los convirtió en cosa del pasado, y en los años 40 se perdieron para no volver… hasta 1971. Fue entonces cuando Haleakala, una marca de leche de Maui, lanzó una nueva bebida de frutas llamada Pog (Passion Orange Guava) y, para promocionarla, regalaba pequeños círculos de cartón como los de antaño con su logotipo impreso. Se convirtieron en tal éxito que adoptaron el nombre de la bebida en sí misma: los pogs. Por cierto, la bebida en cuestión sigue a la venta ahora mismo, pero ya sin premio.
Veinte años después (ni el Doctor Who viaja tanto en el tiempo), en el Hawai de 1991, una profesora de Oahu enseñó a los niños a jugar a los pogs como una manera de aprender matemáticas y esperando que los niños dejaran de tirarse balonazos y pasaran a una alternativa no violenta. No sabía que acababa de desencadenar un tifón que alcanzaría a Europa y América del Sur en un tiempo récord. Para hacernos una idea: antes de exportarse fuera de Hawai, se calculaba que la media de pogs que podía tener un niño de allí ascendía a 1700.
Del pog al tazo
En 1993, Pogs dejó de ser la única en venderlos: rápidamente se convirtió en un exitazo alrededor del mundo. Cualquier empresa que pienses (como McDonald’s o Marvel) los introdujo en Estados Unidos, causando una auténtica fiebre que se llamó de maneras diferentes alrededor del mundo, como Flippos y, por supuesto… Tazos.
Contra lo que se pueda pensar, Tazo no era una palabra puesta al azar. Muy al contrario: lo pusieron en México como apócope de “taconazo”, un juego en el que los niños abrían las botellas con los pies tratando de enviar la tapa lo más lejos posible. Y mientras en Estados Unidos empezaban a prohibir jugar en los patios de los colegios por considerarlo una forma de apostar, en la España de 1994 los niños abrimos las bolsas de patatas para encontrarnos dentro redondeles de plástico de los Looney Tunes y, después, los Tiny Toons y Tazmania: entre los tres sumaban 254 tazos, que se anunciaban como “el juego que arrasa en el mundo, recién llegados de América”. Hazte con todos. Era solo el inicio.
Le vimos el tirón enseguida. Tanto, que incluso juntamos dos obsesiones para sacar los Fistros, un producto único basado en Chiquito de la Calzada que tenía chistes por la parte de atrás, Bocabits cortados por la mitad dentro y un Chiquitazo en su interior (de un total de 10, entre los que se encontraban “Meretérita”, “Fistro”, “¿Te das cuen?” o “¿Cómor?”). Pura historia.
El año del tazo
1994 fue el año del tazo. Eran fáciles de producir y muy rentables: El diario As regalaba unos del Real Madrid, los chicles Dunkin de ‘Mortal Kombat 3’, Panini unió los tazos a las colecciones de cromos de ‘El rey león’ y las golosinas Vidal le daba al ‘Street Fighter II’. Pero nada podía compararse con los clásicos de Matutano, que entre ‘Dragon Ball Z’, ‘Barbie’ y ‘Pokémon’ enseguida vieron que era el momento de evolucionar antes de quedarse atrás.
Entre 1994 y 1997 los tazos mutaron: tuvimos los Supertazos, que daban más puntos; los Megatazos, que eran más gruesos; los Mastertazos, que directamente eran un tocho de plástico que podía con todo; los Macrotazos, que venían en las bolsas grandes y eran el cuádruple de grandes que cualquier tazo, ya con Chester Cheetos como protagonista, los Sticker Tazos, que tenían una pegatina incorporada, los Magic Tazos, que al moverlos iban variando la imagen, los Tazos Voladores, con hendiduras para unirlo a otro y lanzarlo por los aires y versión 3D, o incluso algunos con forma hexagonal, que, se supone, se podían dirigir mejor. Y ahora vienen con los NFT creyendo que han inventado algo.
Poco a poco se fueron disipando, aunque siempre aparece alguna empresa que quiere hacerlos renacer con todo tipo de colecciones estrafalarias. Pero los tiempos han cambiado: los niños ya no consumen tantas bolsas de patatas, tenemos videoconsolas de última generación e Internet. Los tazos forman parte del pasado… ¿O no? Al final todo vuelve, y recientemente se anunció que en algunos países de Latinoamérica Bad Bunny lanzaría los “Bad Tazos” en las bolsas de Sabritas (o sea, Matutano). ¿Y si nunca es tarde para volver a vivir este momen-tazo?