Cuando San Valentín fue inventado por Galerías Preciados

“¿Cómo no augurar en España el más brillante éxito para el Día de los Enamorados? ¡Sábado, 14 de febrero!”

Hay diferentes teorías sobre el origen de San Valentín en el mundo. Unos creen que todo vino de las Lupercales, una fiesta romana en un acto para la purificación y la fecundidad. Otros, que fue Geoffrey Chaucer, que en el siglo XIV escribió un poema de 699 líneas en el que decía “Porque esto fue el día de San Valentín/Donde cada ave conoce a su compañera”. Otros poetas románticos hicieron crecer la tradición sobre el 14 de febrero, sin imaginar que iba a terminar en viajes a la Tagliatella, bombones y bromas de ‘El señor de los anillos’ en Twitter.

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Compra amor

Se suele decir que la Navidad la inventó Coca-Cola (algo que no es cierto, o al menos no del todo), pero una cosa sí está clara: en España, San Valentín lo inventó una gran corporación para vender más. Concretamente, Galerías Preciados (que después compraría El Corte Inglés), que en 1948, siguiendo el artículo de un periodista hablando del “día de los enamorados”, pusieron un anuncio en toda la prensa probando suerte.

“¿Cómo no augurar en España el más brillante éxito para el Día de los Enamorados? ¡Sábado, 14 de febrero!”. La idea era simple: decirle a la gente que comprase algo para su ser querido, un detalle que pudiera alegrar la vida de esa España post-bélica que aún se estaba recuperando y que muchos decían que se veía en blanco y negro. Ellos lo llamaban “la elegancia social del regalo”.

“¿Cuántos regalos se harán ese día en toda España?”, se preguntaban en otro anuncio. Escritos todos, por cierto, por Pepín Fernández, el fundador de la macro-tienda. Menudo era. Puede que en 1948 la cosa no tirara, pero lo siguió intentando año tras año. Y tardó, pero lo consiguió y el día se hizo grande a partir de 1959, cuando se estrenó ‘El día de los enamorados’ en cine, donde San Valentín baja a la Tierra para arreglar los desaguisados de las parejas de españolitos.

Poco después, tuvo incluso su secuela, ‘Vuelve San Valentín’. Para entonces, en una España que ya estaba empezando a ver la luz al final del túnel, apetecía mucho más el amor y hasta El Corte Inglés y otros comercios acabaron por subirse al carro. Cincuenta años después, ya sabéis lo que hay. Y todo se lo debemos a unos grandes almacenes.

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La Gen Z contra Tinder: vuelve el ligue en persona… Y hunde el beneficio de estas apps

Adopta Un Tío, Tinder, Bumble, Wapa, Grindr… Si alguna vez has estado sin pareja en estos últimos diez años, lo más probable es que hayas instalado alguna de estas apps. Es así. Pero los tiempos cambian.

Ahora mismo en las oficinas de Tinder, Badoo, OK Cupid y compañía tienen que estar cantando a voz en grito aquello de “Se nos rompió el amor de tanto usarlo”. Y es que, desde que en 2020 fueran las apps esenciales para toda persona soltera que, encerrada en casa, no tenía más remedio que dedicarse a dar todo su amor de manera cibernética, no han parado de bajar hasta llegar a su mínimo en bolsa… por ahora. Y es que la cosa no pinta bien para los ligues online.

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Te di todo mi amor, arroba love punto com

Desde que Tam Tam Go le cantaran por primera vez al romance entre pantallas en aquella inolvidable (por muchos motivos) ‘Atrapados en la red’ han pasado más de veinte años, en los que han nacido verdaderos estrategas del ligue por Internet más allá de los vetustos foros de forofos de pelis de terror y de serie B: Adopta Un Tío, Tinder, Bumble, Wapa, Grindr… Si alguna vez has estado sin pareja en estos últimos diez años, lo más probable es que hayas instalado alguna de estas apps en un momento dado. Es así. Pero los tiempos cambian.

El 79% de los estudiantes universitarios americanos no tienen ninguna de estas aplicaciones instaladas: la Gen Z le ha dado la vuelta a la tortilla y prefiere quedar en persona. ¿El motivo? Encuentran estas apps muy anticuadas, siempre con la mano sacada para recoger monedas, falsas e incómodas. Y con motivo: cuando eran gratis, tenían una usabilidad fabulosa, pero en el mismo momento que los micropagos se hacen los reyes, limitando los mensajes o los likes, se vuelven inmanejables para una generación muy diferente a la millennial.

Hay que sumarle la cantidad impresionante de perfiles falsos que se unen a estas apps para tratar de sacar dinero a los incautos, bien sea desde fuera o desde la propia empresa, como le ocurrió en su día a Ashley Madison (y podéis ver en un fabuloso documental de Netflix, por cierto). Por no aburrir con números y números, baste decir que Bumble (empresa a la que también conoceréis por Badoo) ha bajado un ochenta por ciento en bolsa en tan solo dos años, de 76 dólares a 13,57.

No le va mucho mejor a Match Group, la líder en este mundillo, que ha bajado de 140 dólares por acción… a 29. Y esto ha conllevado un cambio de CEOs, despidos y estrategias para sacar más dinero a la desesperada. Y mientras tanto, los chavales siguen quedando en persona. Dentro de unos años, alguien tomará las lecciones correctas de este colapso de capitalizar el amor. Quién sabe. Quizá entonces sí podamos tener historias bonitas.

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Elon Musk teniendo una primera cita es lo más parecido al infierno que se puede vivir, aparentemente

La primera vez que se vieron, Musk y Grimes pasearon por la fábrica de Tesla mientras el magnate intentaba impresionarla de dos maneras

Elon Musk tiene pinta de ser una de esas personas que ve ‘Barbie’ y se queja de que él no es como Ken. Y, sin embargo, tiene toda la pinta de ser exactamente lo que parodia la película de Greta Gerwig. Y para muestra, un botón, porque el biógrafo del fundador de SpaceX ha hablado con su ex-mujer, Grimes, sobre su vida amorosa. El resultado es todo lo escalofriante que podáis imaginar.

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Te quiero y quiero musk

Walter Isaacson está preparando una biografía sobre Elon y ha publicado en Twitter un adelanto sobre cómo fueron sus dos primeras citas, que sorprendentemente llevaron a la consumación y, finalmente, al nacimiento de X Æ A-XII y Exa Dark Sideræl. No, no son dos asteroides, sino sus hijas, que en el 2040 se cambiarán el nombre por “Mary” o “Susan” para vivir más tranquilas.

La primera vez que se vieron, Musk y Grimes pasearon por la fábrica de Tesla mientras el magnate intentaba impresionarla de dos maneras: primero, tratando de arreglar problemas aquí y allá. Un tornillo suelto, un papel que necesita su firma, esas cosas. Segundo, haciendo un quiz rápido de ‘El señor de los anillos’. ¿Sabes esos tíos que dicen “Tan fan de los Rolling Stones no serás, dime tres canciones”? Es uno de ellos.

“Que pasara el test de ‘El señor de los anillos’ fue importante para mí”, dice Elon Musk a su biógrafo oficial, sin tener mucha idea de lo que se debe y no se debe decir a quien intenta hacerte un retrato más o menos fiel a la realidad. Por cierto, al final de la cita, Grimes le regaló una caja con huesos de animales que había encontrado. Ahora decidme que no son dos personas creadas por inteligencia artificial que hacen lo que creen que se debe hacer en el caso de que el amor llame a tu puerta.

La segunda cita, por cierto, fue incluso peor: Musk montó a la muchacha en su Tesla, se vendó los ojos y dejó que el coche condujera solo. “Yo pensaba, joder, este tío está loco. El coche cambiaba de carril él solo. Se sentía como una escena de una película Marvel“. Lo de las flores y el champán, por lo visto, era demasiado poco teniendo coches que andan solos, huesos de animales y tests de Tolkien. Qué pena que rompieran, eh. Vaya drama.

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Antes de Tinder: las primeras citas por ordenador que se dieron a finales de los 50

Pretendían unir a 49 mujeres y 49 hombres encontrando a las personas más compatibles entre sí. Spoiler: fue un absoluto desastre.

Tendemos a pensar que lo hemos inventado todo, pero en el fondo lleva años y años ya creado, solo que de maneras mucho más rudimentarias. Pongamos por ejemplo Tinder, Adoptauntio, Badoo o lo que quieras usar, la manera en la que ligamos en tiempos modernos, algo que nuestros abuelos no entenderían… Si no fuera porque en 1959 la gente ya estaba encontrando al amor de su vida gracias a un ordenador.

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En 1954 tuvo lugar un hito de la informática: se ensambló el IBM 650, el primer ordenador fabricado a gran escala. Más o menos: se produjeron un total de 2000 unidades que pesaban, cada una, 900 kilos. Como curiosidad, fue el primer ordenador que dio algo de dinero a sus desarrolladores… Y el que sirvió para asuntos más mundanos como, bueno, ligar.

Universidad de Stanford, 1959. Philip A. Fialer y James Harvey son dos estudiantes de matemáticas muy interesados en el devenir de la informática que preparan un proyecto final destinado a hacer historia. Su nombre no podía ser menos interesante: ‘Servicio de Planes de Familias Felices’ (aunque tiempo después ellos mismos lo renombraron como ‘Servicio de Planes de Matrimonio’), pero la idea tras él era buena. Pretendían unir a 49 mujeres y 49 hombres encontrando a las personas más compatibles entre sí. Spoiler: fue un absoluto desastre.

Las personas seleccionadas fueron sobre todo estudiantes de Stanford, pero también habitantes de Los Trancos Woods, donde los muchachos solían ir de fiesta. Cada una de estas 98 personas rellenaba un cuestionario y se pasaba por un programa creado por ellos. Este programa comparaba un miembro de una “clase” (o sea, un hombre) con todos los de la otra clase (mujeres) y repetían esto para todos los miembros de la primera. La pareja con la menor diferencia en puntuaciones del cuestionario se unía, y el proceso se repetía una y otra vez. El problema es que la primera pareja era ideal, sí, pero el resto, a medida que se iban eligiendo y descartando… se diferenciaban más y más.

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Fialer y Harvey solo tenían diez minutos al día para hacer su experimento con el IBM 650, y así no habrían terminado en la vida, por lo que decidieron lo más lógico: colarse de noche y procesar los 98 cuestionarios al mismo tiempo. Dicho y hecho: ya solo faltaba poner a prueba el éxito (o el fracaso) de su idea.

Los dos alumnos organizaron una fiesta en su casa de alquiler esperando haber dado en el clavo, pero ya se sabe que nunca se acierta a la primera y los pioneros quedan olvidados por la historia. También influye que algunas de las citas fueron tan desastrosas que llegaron a unir a madres solteras de 30 años con jóvenes vírgenes de 18. Ninguna de las parejas salidas de aquel ordenador acabó en boda y ambos decidieron que comercializarlo sería un sonado error.

Sin embargo, marcaron la línea a seguir que continúa hasta nuestros días. De hecho, en 1965 se lanzó la primera empresa dedicada a las citas por ordenador, ‘Operation Match’ y ese mismo año el mismo experimento dio lugar a la primera boda realizada jamás gracias a la informática: Marilyn Anderson y Gordon Keating todavía conservan el cuestionario de él como prueba de su amor entre chips, bytes y ordenadores exageradamente pesados.

El negocio floreció en los años siguientes, y la gente llegaba a pagar cuatro dólares de la época (unos veinte actuales teniendo en cuenta la inflación) por rellenar un cuestionario con preguntas como “¿Crees en un dios que responde a la oración?” o “¿Es la actividad sexual extensa en preparacion para el matrimonio parte de “crecer”?”. El sistema en el que estos cuestionarios se medían con otros era un IBM 7090, o sea, exactamente lo mismo que hicieron poco antes Fialer y Harvey. Solo que ganando dinero.

El sistema de encontrar pareja por ordenador acabaría evolucionando en los 80 en algo que seguro que habéis visto en películas: las cintas en VHS de pretendientes presentándose que enviaban a las casas de los solteros y las solteras para elegir a su -quizá- siguiente pareja. En 1995, finalmente, nacería Match.com de la mano de Gary Kremen, la misma persona que tuvo la inteligencia suficiente para registrar la web Sex.com en 1994 ganando más de 80 millones de dólares en ventas al mejor postor. ¡Ah! ¡Qué bonito es el amor!