Esta semana ha sido absolutamente brutal para los próximos anuncios tecnológicos: Nintendo ha reconocido que es probable que este año aumente el precio de Switch 2, Steam ha dejado de fabricar uno de sus modelos de Steam Deck y ha anunciado que los otros dos irán apareciendo de manera intermitente, Sony ha retrasado PS6 de manera indefinida (probablemente para más tarde de 2029)… Y todavía no hemos empezado a ver lo peor, un aumento de precios absolutamente salvaje debido, de manera casi exclusiva, a que las empresas de IA quieren quedarse con todas las RAM para alimentar a sus centros de datos. El futuro, decían.
Sin RAM y sin videojuegos, Homer pierde la cabeza
El futuro que se nos plantea es, como poco, delirante: centros de datos repletos de memorias RAM y discos duros consumiendo agua y recursos para dar “slop” a un Internet que, si la cadencia de precios sigue así, cada vez será más restrictivo. Es más: hay quien cree que esto es solo el primer paso para hacer que nada sea propiedad de nadie, todo esté en la nube y, por tanto, poder controlar mejor qué es lo que hace cada usuario a cambio de pagar una mensualidad. No, no es una locura: de hecho, es lo que Jeff Bezos ha dicho hace tan solo unos días.
“Todo el mundo tiene su propio centro de datos y eso no perdurará, no tiene sentido. Comprarás la potencia de cálculo en la nube”. Dicho de otra manera: páganos en cómodas mensualidades para no poseer algo que ahora sí posees. Este es el futuro de la informática, aparentemente (porque claro, ¿quién quiere ordenadores cuando puede tener IA?), y el de los videojuegos no va a ser muy diferente. Con los precios de Switch 2 y de los videojuegos, Nintendo ya ha empezado a estirar para ver hasta dónde es capaz de llegar el consumidor: ¿75 euros? ¿80? Y cuando salga el GTA VI, ¿cuánto estará dispuesto a pagar la gente? Ya puestos, ¿por qué no extrapolarlo a las consolas?

Lejos quedan los días en los que PS2 costaba 299 dólares y después bajaba de precio conforme llegaban las nuevas versiones. Ahora ya no tiene sentido esperar para ver si baja, porque los precios solo van a subir. Si los componentes cada vez son más caros y menos comunes, la lógica de mercado es que todo suba y se convierta en un producto de lujo: la “democratización” de la que hablan los que abogan por la IA va a destrozar la “democratización” que habían marcado los precios bajos en la informática. Y por más que los mandamases estén contentos al ver cómo sus arcas se llenan de ingresos, no podemos (o no debemos) aceptar como si nada el fin de una era.
“No es para tanto”, comentarán algunos. “Al fin y al cabo, por menos dinero podremos tener lo mismo, y no nos vamos a quedar sin videojuegos, solo que habrá que pagar un poco más por ellos”. Pero sí es para tanto: cuando los millonarios del mundo reman todos a favor de algo, puedes estar seguro de que ese algo no es un Valhalla ni una meta a perseguir, sino un destino aciago que nos va a poner del revés para sacarnos hasta el último billete.

Pagar por lo que ya tenemos a cambio de ofrecernos algo que no necesitamos (ni queremos): la gran mentira con la que vamos a tener que tragar durante las próximas décadas y que tiene el poder de hacer un daño incognoscible a la sociedad. No tener la PS6 o pagar 50 euros más por la Switch 2 es solo el primer paso para no reconocer el mundo de hoy en la distopía del mañana.