Para que una serie logre estar más de 25 años en emisión y acumular más de 150 episodios debe tener algo especial. No sólo puede ser que tuviera tres o cuatro temporadas buenas: debe tener algo aún hoy que haga que sus fans sigan volviendo y que incluso los espectadores casuales sigan interesándose en la misma. Debe tener magia. Carácter. Un interés especial. Porque nada sobrevive tanto tiempo sin saber renovarse y mantener unos mínimos de calidad. Y desde luego, ese es el caso de Futurama.
Estrenada en 1999 en la cadena Fox, esta sitcom sigue a Philip J. Fry, un bueno para nada del siglo XX, que se ve criogenizado en nochevieja de 1999 para despertarse el 31 de diciembre de 2999. Tras un ejemplar primer episodio que no nos prepararía ni remotamente para lo que vendría después, acabaría trabajando en Planet Express, una empresa de reparto de paquetes interestelar junto con Bender, un robot alcohólico, y Leela, una mutante con un sólo ojo.
Una serie con unos orígenes de prestigio
La serie tuvo su origen en la mente de Matt Groening y David X. Cohen. El primero, creador de Los Simpson, no necesita presentador. Cohen, por su parte, fue guionista de Beavis and Butt-Head y de Los Simpson, siendo co-creador de la serie junto con Groening. Un detalle que muchos fans suelen pasar por alto.
Con cuatro temporadas absolutamente estelares, la serie llegó a su fin con un tono agridulce: parecía que aún había mucho que contar y los fans así lo creían. Tras una serie de películas de calidad irregular, la serie se rescato con otras tres temporadas en Comedy Central en 2008 tras un parón de cinco años, dos de ellas separadas en dos partes. Aunque Futurama seguía teniendo gancho, ya no era lo mismo: de la quinta a la séptima temporada, o de la quinta a la novena temporada según a quien preguntemos, la serie ya no tenía la misma gracia. Sufriendo el Síndrome de Los Simpson. Que continúa y continúa, pero no parece que realmente sea capaz de llegar al nivel de sus temporadas originales.
Salvo que algo cambio en 2023. Tras otro parón, esta vez de diez años, la serie volvió de la mano de Hulu. Y como en el caso de Los Simpson con sus últimas tres o cuatro temporadas, algo había cambiado. Sigue sin estar a la altura de sus temporadas originales, pero se siente de nuevo fresca y mucho más enfocada. Con un humor más ácido, enfocado menos a temas con fecha de caducidad en nuestra sociedad en una mala copia de South Park, y centrándose en el desarrollo de personajes. Algo en lo que la recién estrenada decimotercera temporada, o décima según se mire, no es ninguna excepción.
Sabiendo adaptarse al presente
Centrándose más en el desarrollo de personajes, lo ocurrido en temporadas anteriores y haciendo que existe una continuidad más evidente, como en las primeras temporadas, no abandonan los episodios autoconclusivos o con un tema concreto, pero están mejor integrados. Dándoles más sentido de conjunto.
Con más peso de personajes secundarios que normalmente no lo han tenido, como el Doctor Zoidberg, y centrándose en lo que lleva siendo casi dos décadas el epicentro de la narrativa de Futurama, el romance de Leela y Fry, a la temporada le puede pesar haberse estrenado todos sus episodios de golpe. A Futurama, como Los Simpson, le beneficia ver los episodios varias veces y paladearlos, más que ver episodios en rápida sucesión sin sentido. Dicho eso, la posibilidad de volver a ver una segunda o una tercera vez los episodios siempre está ahí, algo que parece puede beneficiar especialmente a esta nueva temporada.
Porque algo tendrá el agua cuando la bendicen. Algo en lo que Futurama no es la excepción. Por eso esto decimotercera temporada quiere demostrar que la serie creada por Groening y Cohen sigue en tan buena forma como siempre, incluso si no llega a la altura de sus temporadas originales. Un nivel al que, seguramente, sea imposible llegar de nuevo.