Incluso si se suele decir que segundas partes nunca fueron buenas, eso no parece aplicarse a las películas. En el cine es inusual que una película sea adorada y su secuela sea aborrecida. Muchas películas son adoradas y lo son todavía más sus secuelas, convirtiéndose en franquicias reconocidas, donde cada nueva entrega es más tanto o más querida que la anterior. A veces sucede que no. Que una secuela fracasa de manera estrepitosa y ruidosa. Esto último, seguramente, por lo inusual que es que una secuela fracase cuando triunfo la original.
Joker: Folie à Deux, de Todd Phillips, es una película que fracasó de forma estrepitosa entre crítica y público. En taquilla ha sido considerado un absoluto fracaso, incluso cuando su director, Todd Phillips, afirma haber tenido libertad creativa para hacer la película. Con un presupuesto de 200 millones de dólares, apenas sí logró conseguir 207 millones de dólares. Unas cifras alarmantes, incluso si sobre el papel pueden sonar bien.
Entonces, ¿qué ha ocurrido para que fracase de esta manera? Hay varios motivos. Pero para ello, hace falta entender lo que hacía Joker y también lo que no hace exactamente secuela.
Una película adorada por cómo reivindicaba una masculinidad contra la pared
Joker, dirigida por Phillips, fue estrenada en 2019. Su principal atractivo era presentar un enfoque completamente diferente al que tenían hasta entonces las películas de superhéroes. Donde estas eran todo peleas y vibrantes historias de los chicos buenos, Joker era una película sobre un hombre de a pie, con evidentes problemas mentales, que es abandonado por la sociedad hasta convertirse en un villano. O para mucha gente, un antihéroe.
Si funcionó fue, en muchos sentidos, porque gran parte del público se identificó con El Joker. Interpretado por Joaquin Phoenix, convirtiéndolo en un misántropo que intenta conectar con la sociedad en sus propios términos, pero siendo rechazado por la misma, acaba convirtiéndose en un fenómeno social cuando decide ir contra esas mismas normas sociales.
Ahí es donde radica la mayor parte de su atractivo. Muchas personas se sintieron identificado con la imagen de un hombre aislado que lidera a los incomprendidos del mundo en una narrativa que no dejaba de ser una historia de orígenes de superhéroes. Incluso si era algo más.
La película bebía descaradamente del cine de Martin Scorsese, hasta el punto de rozar la copia cuestionable. Tanto Taxi Driver como El rey de la comedia son copiadas de un modo que, por momentos, incluso secuencias enteras son rodadas de la misma manera. Algo que muchos llamarán homenaje, pero muchos otros vieron en ello una evidente falta de personalidad.
Un director que no sabía a quién estaba dirigiendo sus películas
De hecho, si bien Joker tuvo muchos fans, también tuvo numerosos detractores. Tanto por su pobre representación de la salud mental, su narrativa simplista como por su copia del estilo de otro director anterior, sus detractores vieron la versión superheroica de una película que se pretende profunda y seria, no una película profunda y seria. Algo que ayudó a Joker, al crear la conversación social si, por un lado, de verdad era una película tan buena y, por otro, si acaso no era una película que hablaba a los más bajos instintos de los hombres.
Aquí no hemos venido a resolver tampoco si es una u otra, en ninguno de ambos casos. Pero ese debate existió y ayudó a la película. Y los fans de Joker lo fueron, mayoritariamente, porque sentían que hablaban de ellos y además, la percibían como profunda. Algo que no podían decir de su secuela.
Joker: Folie à Deux decidieron centrar la película en Harley “Lee” Quinzel, su conversión en Harley Quinn, centrándose no en cómo Arthur Fleck acaba por convertirse en el Joker, sino en cómo es una persona torturada que no es entendida. Un acercamiento que quizás funcionaría para Todd Phillips, pero es difícil de creer que funcionaría para los fans de la película original. Como de hecho sucedió.
Toda la película está plagada de decisiones desconcertantes. Lady Gaga como Harley Quinn es una decisión cuestionable. También lo es hacer que la película sea un musical. O comenzar con una secuencia animada. Todo aspectos que refuerzan la idea dea que Phillips no entendió porqué triunfó la película original: porque apelaba a un público —blanco, masculino, heterosexual, que se siente vulnerable y quiere liderar y recuperar un poder que cree legítimamente suyo, no que le digan que hay algo mal en ellos— al que esta película no se dirige.
Joker: Folie à Deux está completamente desconectada de su público. Hace lo mismo que la original, pero con otros referentes y otras referencias. Unas en las que su público ni se ve reflejado ni entiende ni acepta. Algo que explica su fracaso. Pero no solo.
Más grande, más desconectada, ¿peor?
Si bien es cierto que Joker: Folie à Deux hizo muchísimo menos dinero que Joker, también costó mucho más. Joker costó alrededor de 70 millones de dólares, pero también ingresó 1.080 millones de dólares. Joker: Folie à Deux costó casi el triple y apenas sí logro ingresar lo que costó. Que teniendo en cuenta que cuando hablamos de presupuesto eso no incluye marketing, significa que con la película perdieron decenas o cientos de millones de dólares.
Aumentar la escala del proyecto fue un error, incluso si fue un error menor en comparación con no entender cuál era el público objetivo de la película. Explicando porqué Joker: Folie à Deux fue uno de los mayores fracasos del cine reciente. Además de una de las secuelas peor valorada de los últimos años.
Hoy llega Joker: Folie à Deux a streaming, específicamente a Movistar Plus+. Esta es una oportunidad perfecta para verla, o volver a verla, y descubrir si realmente era una película tan mala o solo una película incomprendida. O incluso, quizás, descubrir que todo lo que estaba mal en la segunda ya era así en la primera.