En 2001, nadie esperaba que The fast and the furious (que en España dimos en llamar A todo gas) tuviera el éxito que tuvo, Sin embargo, esta adaptación de un artículo de la revista Vibe consiguió enamorar a millones de chavales alrededor del mundo preocupados por todo aquello que importaba en un inocente 2001, unos meses antes de la caída de las Torres Gemelas: coches, velocidad, cuerpos esculturales y planos obstinadamente extraños y forzados. Costó 38 millones, recaudó 207 y, claro está, todos quisieron hacer su propia película de coches corriendo a toda velocidad con gente joven y guapa. ¿Quién iba a pensar que algo así funcionaría, eh?
Los coches haciendo “Broooom”
Paul Walker (que estuvo a punto de ser Eminem) y Vin Diesel consiguieron uno de los papeles más importantes de su carrera. Sin embargo, no fue fácil que la saga se convirtiese en el mastodonte que es ahora, y tanto el director como Diesel decidieron que con una tenían suficiente: el actor no volvió ni para 2 Fast 2 Furious ni para Tokyo Drift, y fue a partir de la cuarta entrega cuando empezaron a modelar el camino que realmente iba a llevar la franquicia. En este proceso, cuando aún era una saga de la que los cinéfilos se reían, no fueron pocos los que trataron de seguir sus pasos tratando de rascar algo de dinero.
Hubo, por aquel entonces, plagios exagerados como Biker Boyz, Street Racer, 200 M.P.H o Red Line, todas ellas sobre carreras ilegales montadas por gente muy guapa en coches increíbles (normalmente con un logotipo en el póster muy similar al de The Fast And The Furious). ¡Incluso llegó a tener su versión de Hacendado con The Fast and the Fierce! Realmente esta última trataba de un avión en el que habían puesto una bomba que explotaría si bajaba de 250 metros de altura, pero por algún motivo le añadieron un coche y a correr. ¿Para qué comerse la cabeza?
Pero, si eres un niño de esa época, es posible que te acuerdes de que hubo un plagio que anunciaron por todos los lados, como si se tratara de una de las grandes películas del año: Torque. La comparación no es baladí porque su director, Joseph Kahn, realmente tenía la intención de reírse de la película de coches, a la que consideraba ridícula. ¿Qué es lo que hizo? Lo mismo, pero con motos… Y producido por la misma persona, Neal H. Moritz. Vamos, que si lo que quería era diferenciarse, la jugada le salió regular.
Motos, sudor, parodias
No es broma: el único objetivo real de Torque, que trataba sobre un motero que quería salvar el pellejo tras destruir un montón de motos cargadas de metanfetamina (sí, qué queréis que os diga), era reírse de The Fast and the Furious. Por ejemplo, al principio vemos una carrera entre dos coches a los que una moto gana sin problemas: al terminar, leemos “¡Los coches apestan!”. Ante todo, sutil. Es más: en un momento dado, el protagonista dice “Vivo mi vida un cuarto de milla tras otro”, a lo que otro personaje le responde “Es la tontería más grande que he oído en mi vida”. ¿Cuál es la gracia? Que es una frase robada directamente de The Fast and the Furious. Ouch.
La gamberrada fue curiosa, pero Torque se quedó olvidada en el tiempo tras su estreno en enero de 2004, y tan solo recaudó 43 millones de dólares frente a los 40 que costó. Vamos, que no devolvió ni un solo billete a las arcas de Warner ni tuvo la suerte de convertirse posteriormente en una película de culto.
Torque no era la película que esperaba haber hecho su director. De hecho, la rechazó hasta en tres ocasiones porque no tenía ni idea de carreras de motos, y según ha declarado en numerosas ocasiones le quitaron el control creativo: él estaba obsesionado con hacer una “película tonta para gente inteligente”, y lo que le quedó fue, bueno, una película tonta. Desde entonces, Kahn ha hecho otras cintas, aunque principalmente se ha dedicado a hacer videoclips para Taylor Swift o Mariah Carey. Por suerte sin motos a la vista.