El próximo 6 de mayo, Bungie llevará a cabo una presentación que promete revelar detalles sobre The Edge of Fate, el próximo gran contenido para Destiny 2. Aunque no ha sido oficialmente confirmado, se especula que podría tratarse de la próxima expansión o de una importante actualización de verano para 2025. Este anuncio surge en un momento en que los jugadores buscan emocionantes novedades tras la confrontación con The Witness en The Final Shap.
Un teaser que invita a imaginar
El tráiler teaser presentado muestra a un Guardián volando hacia símbolos que pertenecen a los Nueve, un enigmático grupo vinculado al Sistema Solar, donde se ha desarrollado la mayoría de las actividades de Destiny hasta la fecha. Este elemento sugiere que la narrativa del juego puede estar tomando un rumbo diferente, adentrándose en un nuevo territorio que ha permanecido inexplorado, conocido como Unknown Space.
Un detalle particularmente intrigante en el tráiler es la aparición de la palabra Kepler, que se asocia a exoplanetas descubiertos por el telescopio espacial Kepler de la NASA. Aunque el nombre aparece truncado, se podría inferir que alude a nuevos mundos fuera de nuestro sistema solar, apuntando a la posibilidad de que los Guardianes se preparen para explorar un sistema completamente nuevo. Adicionalmente, se observó la palabra Chiago invertida, aunque su significado aún no está claro.
Creo que puedo defender en una charla TED por qué el final de Super Mario Bros es, genuinamente, uno de los mejores finales de la historia de los videojuegos: pone punto y final a la trama, no deja dudas ni cliffhangers, es sencillo pero satisfactorio. Sin embargo, a lo largo de los años no ha sido tan común quedarse totalmente satisfecho tras gastarse decenas de horas solo para ver una cinemática más o menos inspirada. ¿Estás preparado para recordar algunos de los momentos jugones más frustrantes de tu vida? Vamos a repasar los 7 peores finales jamás realizados.
Estarás pensando “Un momento, ¿cómo puedes decir que Super Mario Bros es un final perfecto y New Super Mario Bros Wii uno de los peores? ¿Cómo se come eso”. Bueno, hay una explicación: prueba a jugar con Luigi. Ponte, por un momento, en el lugar de Luigi. Y es que, cuando te pasas el juego al completo con el hermano vestido de verde y llegas al final, derrotando a Bowser y salvando a la princesa Peach, ¿quién aparece para subirse con ella en un globo aerostático y volver al Reino Champiñón? Exacto: Mario. Luigi se queda en tierra viendo cómo se alejan, con una sonrisa en su cara que infunde auténtica tristeza, soledad y dolor. Nintendo, no nos hagas esto a los que siempre elegimos al pobre perdedor de Luigi.
5-The Witness
Una vez has solucionado tantos puzzles como has podido, hasta un total de 650, The Witness llega a su final. ¿Y cuál puede ser el final de un juego así de abstracto? Bueno, pues al llegar a la montaña en el centro, vemos un vídeo grabado en primera persona y ambientado en el mundo real en el que Jonathan Blow, el creador del juego, se levanta de la cama, va caminando por una oficina repleta de ordenadores donde puedes ver de fondo mapas, puzzles del juego, una botella repleta de lo que parece orina, un árbol de Navidad… Vemos cómo va al baño, se sienta en un banco y… Bueno, eso es todo. Por suerte, hay varios finales más, pero si llegas a este sin saberlo lo más probable es que te quedes pensando si el agua que estás bebiendo tiene, sin saberlo, sustancias psicotrópicas.
4-Parque Jurásico (SNES)
El juego es decente, y además una estupenda visión de lo que se podía hacer entonces con Super Nintendo en muy poco tiempo de desarrollo, pero, tras varias horas de juego, parece que a Ocean Software se les olvidó que tenían que dar una conclusión de alguna manera. ¿Qué se les ocurrió a última hora? Repetir la misma animación del inicio del juego, en la que el helicóptero bajaba a tierra… pero al revés. Y después, la frase “Felicidades, has escapado de Parque Jurásico“. Como has venido, te vas. Chimpún, aquí no hay nada más que ver.
3-Mass Effect 3
Durante tres juegos de Mass Effect, nos estuvieron prometiendo que nuestras decisiones valían algo. Que iban a tener una importancia brutal en el final de la saga, más allá de con quién nos fuéramos a liar. Sin embargo, cuando llegó el momento de la última elección, no importó nada: tres versiones del mismo final, donde daba todo un poco lo mismo. ¿Para eso hemos invertido cientos de horas, para que nadie tenga una mínima diferencia en su cinemática final y, además, deje abiertos varios agujeros en la trama? Más adelante, Bioware lo intentó arreglar, y más o menos lo consiguió, pero abrió una herida importantísima en el corazón de los fans que aún no se ha cerrado.
2-Dragon’s Lair (NES)
Pasar de la increíble recreativa con gráficos increíbles, casi sacados de una película de dibujos animados, al píxel de NES se antoja casi como una misión suicida. En el juego original, la pantalla final es increíble: escapas de un dragón, consigues la espada mágica, recuperas la llave y liberas a tu amada. Dificílisimo pero espectacular, especialmente para la época. Aún ahora, no hay otro juego como Dragon’s Lair. Sin embargo, en NES era todo, digamos, más… escabroso. En una cutre pantalla 2D te enfrentabas a un dragón, le tirabas varias espadas y, al terminar, saltaba una mera imagen con el texto “¡Felicidades! ¡Nuestro héroe ha triunfado! Daphne ha sido salvada de los malvados dominios de Singe. ¿Quizá podáis vivir felices para siempre?”. Quizá no.
1-Ghost’n’goblins
Vale, sí, os estáis llevando a la cabeza, pero dejad que os lo explique: Ghost’n’Goblins es uno de los videojuegos más difíciles de la historia. Vencer a los enemigos, vencer al jefe final y completar todas sus pantallas es una misión que muy pocos están destinados a conseguir. Y sin embargo, cuando llegas al final y vences a Satán, descubres que es una trampa suya y que debes volver a empezar desde el principio, pero esta vez en un nivel más avanzado. Solo encontrarás el final real completando la aventura de nuevo. Si te has preguntado por qué nunca has visto este final del que te hablo, hay un motivo: casi nadie ha conseguido, siquiera, llegar hasta el falso, ¡como para llegar al real!