Uber ha salido hoy a decir que la era del “tokenmaxxing”, esa forma de medir el valor de la IA generativa por la cantidad de tokens que consume, empieza a perder fuerza dentro de las empresas. Así lo ha planteado Praveen Neppalli Naga, director de tecnología de Uber.
La declaración llega en un momento delicado para el sector. Las facturas suben, la adopción interna avanza cada vez más deprisa y los consejos de administración ya no se quedan tranquilos con simples métricas de uso. Ahora lo que piden es otra cosa: resultados medibles.
Neppalli Naga describió el “tokenmaxxing” como una fase en la que muchas compañías tomaban la productividad por el volumen de tokens procesados, en lugar de mirar el efecto real en el negocio. El término junta “token”, la unidad básica con la que estos modelos procesan texto, y “maxxing”, una jerga de internet asociada a llevar una métrica al máximo.
En algunos casos, a comienzos de 2026, llegaron a circular incluso clasificaciones internas para premiar a quienes más usaban estas herramientas.
Uber fue uno de los casos más visibles de ese consumo intensivo. Según varios informes, la compañía agotó todo su presupuesto de 2026 destinado a Claude Code, la herramienta de Anthropic para programación asistida.
Aun así, en Uber insisten en que la conversación ya va por otro lado. El número de empleados que usa herramientas avanzadas se ha cuadruplicado desde principios de año, mientras el coste por token ha bajado gracias al almacenamiento en caché de prompts, al uso de modelos predeterminados más eficientes y a una visibilidad mayor sobre dónde se gasta y cómo se está gastando.
La prioridad ahora pasa por proyectos que puedan enseñar resultados claros, aunque el gasto siga disparado. Y la presión no afloja. Aunque el 84% de los ejecutivos dice estar viendo una rentabilidad mayor en sus inversiones, las previsiones sitúan el desembolso mundial en torno a 2,5 billones en 2026, así que la exigencia sobre el retorno sigue ahí; además, solo cerca del 25% de las iniciativas logró el resultado esperado en 2025.
En Uber, la estrategia para cerrar esa brecha no se limita a recortar costes. También pasa por rediseñar operaciones. La empresa ha puesto en marcha los llamados “Agentic Pods”, equipos de dos semanas con ingenieros especializados que se integran en distintos departamentos para rehacer flujos de trabajo.
Según la compañía, una tarea de planificación financiera pasó de 15 horas a 30 minutos. Algunos informes, por su parte, se redujeron de dos días a apenas 10 minutos.
Ese planteamiento encaja con una tendencia más amplia: alternancia automática entre modelos, caché semántica, reducción de tokens y uso de modelos más pequeños para contener costes, al tiempo que empieza a crecer un nuevo negocio alrededor de plataformas y servicios dedicados a optimizar ese gasto. Dicho de forma más simple, la carrera ya no consiste en probar quién usa más estos sistemas, sino quién es capaz de sacarles más valor consumiendo menos.
Todavía no está claro cuándo ese cambio se traducirá en un retorno sostenido para toda la industria.