Cuesta creerlo, pero hubo un tiempo en el que Valve, la ahora multimillonaria empresa de videojuegos estuvo a punto de quebrar. Fue en los días previos al lanzamiento de Steam y Half-Life 2, allá por 2004, y no están nombrados al azar: Valve pretendía autopublicar el juego en su nueva plataforma, para darle fama, pero entonces se metió en un juicio con Vivendi por la distribución de sus juegos. Hasta ahora lo que sabíamos es que el juez dio la razón a la empresa de Gabe Newell, pero ahora hemos descubierto que la cosa fue muchísimo más complicada.
De Steam a la bancarrota
Y es que Vivendi no puso al principio mucho interés en el juicio, así que contrató una pequeña empresa de abogados y el juez empezó a ceder en los primeros litigios a favor de Valve. Dispuestos a no volver a perder, en la distribuidora dejaron a su pequeña firma y la cambiaron por unos tiburones de San Francisco que decidieron destruirles sin perdón.
Empezaron a contrarrestarlo todo proponiendo todo tipo de tratos locos, desde cancelar el acuerdo que tenían en 2001 para apropiarse de la propiedad intelectual de Half-Life hasta impedirles siquiera lanzar Steam. De hecho, llegaron a amenazar no solo con la destrucción de Valve, sino con la bancarrota de sus líderes, metidos continuamente en juicios y juicios que no podían permitirse en ese momento.
Desesperados, en Valve pidieron información sobre las operaciones de Vivendi en Corea, donde se basaba gran parte del problema legal porque la empresa distribuía a los cibercafés con el FPS. Y la distribuidora cumplió, sí, pero con un giro: todos los documentos estaban en coreano. Y ahora podría escanearse con una IA en cuestión de horas, pero por aquel entonces no había manera de entenderlos sin pagar a alguien excesivamente caro para traducirlos.
Encontrar la clave del juicio entre decenas de miles de páginas era como hallar una aguja en un pajar, pero, por suerte, un becario de verano, un tal Andrew, que hablaba coreano (no solo eso: tenía un máster en lenguaje coreano por la Universidad de California), lo encontró. En uno de los intercambios de correos entre vicepresidentes, uno decía “He destruido esos documentos de Valve, como me pediste”. En la empresa no se lo podían creer: acababan de ganar el juicio gracias a la traducción de un becario. Eso sí, no sabemos qué fue de él. Después de salvar la empresa, esperemos que no le echaran a la calle.