Xbox, la división de videojuegos de Microsoft, ha reconocido hoy que la potencia no va a ser el único gancho de su próxima generación. El hardware que viene también tendrá que ser más eficiente y, sobre todo, más barato, si quiere evitar que una nueva consola acabe rozando los 1.000 dólares.
Asha Sharma, que dirige Xbox, ha admitido que Microsoft tiene que diseñar esa próxima generación mirando también lo que está pasando fuera del sector: un panorama económico global complicado y una cadena de suministro que ya está poniendo en apuros los planes de la consola que dentro de Microsoft se conoce como Project Helix.
La meta está bastante clara: que la próxima Xbox no se dispare hasta acercarse a los 1.000 dólares.
El gran escollo para Microsoft, y en realidad para toda la industria, sigue siendo el precio de los componentes. Sharma ha llegado a describir la situación como una crisis del hardware, bautizada incluso como Rampocalypse, marcada por la subida de piezas clave como la memoria RAM y el almacenamiento.
Y ese encarecimiento llega justo cuando la demanda de tecnología de gama alta también se ha disparado en otros sectores. Resultado: suben los materiales y suben los componentes que necesitan las consolas.
Traducido a cifras, el riesgo es evidente: el precio de la próxima generación puede irse a un terreno que el gran público difícilmente aceptaría.
No es una preocupación abstracta.
Según analistas del sector, incluso antes del relevo generacional la Xbox Series X habría pasado de 500 a 800 dólares, mientras que PlayStation 5 habría subido de 500 a 650 dólares. A la vez, en julio de 2026 el gasto en hardware de consola en Estados Unidos cayó un 29% interanual.
Esos mismos analistas creen que Microsoft y Sony podrían lanzar sus nuevas máquinas en 2028 con precios de hasta 1.000 dólares. Si ocurre, la adopción durante los primeros cinco años se recortaría un 38% frente a la generación de PlayStation 5 y Xbox Series.
La respuesta de Xbox pasa por mover el foco.
Sharma ha dicho que Microsoft tiene que poner la eficiencia y la asequibilidad al mismo nivel que el rendimiento. Eso pasa por exprimir mejor recursos como el almacenamiento y la memoria para contener el coste por unidad. Ampere Analysis, por su parte, calcula que si la próxima generación sale a 1.000 dólares en lugar de 700, el mercado de juegos y servicios para consolas podría ser 3.400 millones más pequeño en 2031.
Sharma también ha insistido en dar más libertad a la hora de elegir cómo comprar y cómo jugar. Eso ha reactivado la especulación sobre planes de pago, modelos de entrada más flexibles o una convivencia más larga entre el formato físico y el digital.
Tampoco sorprendería demasiado: más del 90% de las ventas de juegos en Xbox ya son digitales.
Por ahora no se sabe cuándo llegará la próxima Xbox al mercado.