Anthropic, la empresa de IA detrás de Claude, habría optado por mover su salida a bolsa de octubre a noviembre de 2026. Eso es, al menos, lo que apuntan varios informes financieros que citan a asesores familiarizados con la operación. Esos mismos reportes colocan finales de octubre como la primera fecha realmente posible, así que, por ahora, hablamos de una información que no está confirmada.
El artículo reúne esos rumores sobre la salida a bolsa de Anthropic a partir de distintos informes financieros apoyados en asesores citados por esos medios. Y, como pasa siempre con este tipo de especulaciones, conviene leer todo lo que sigue con cierta cautela.
La lógica, si esos informes van bien encaminados, sería llegar al mercado con las cuentas del tercer trimestre ya publicadas. Eso le daría a Anthropic unas semanas más para poner más cifras delante de los potenciales accionistas. El aplazamiento, además, llegaría en un momento especialmente delicado para el sector: crecimiento explosivo, costes desorbitados, más presión regulatoria y un escrutinio cada vez más severo sobre seguridad, gobierno corporativo y rentabilidad de verdad.
Esperar unas pocas semanas puede sonar a ajuste menor. En una operación de este tamaño, no lo es. Tener listos los resultados del tercer trimestre le daría a Anthropic margen para sostener una idea muy concreta: que el salto de ingresos visto en la primera mitad del año no fue un pico aislado.
Las expectativas, siempre según medios especializados, son enormes. Varios inversores sitúan la valoración potencial de Anthropic cerca de los 2 billones, con una captación que podría alcanzar los 100.000 millones en la oferta. Si eso acaba confirmándose, no solo quedaría muy por encima de la valoración privada de 965.000 millones que esos mismos medios atribuían a Anthropic en mayo de 2026. También la colocaría entre las mayores salidas a bolsa de la historia.
Ese interés se entiende mejor al mirar los números que recogen esos informes financieros. La facturación habría pasado de unos 4.700 millones en el primer trimestre de 2026 a más de 11.500 millones en el segundo. Al mismo tiempo, el gasto en infraestructura de computación también se habría disparado, de 3.400 millones a 5.600 millones.
Aun con ese nivel de gasto, esos mismos informes sostienen que Anthropic logró en el segundo trimestre su primer resultado operativo ajustado positivo. La propia dirección, eso sí, habría avisado de que esa rentabilidad no está asegurada para el conjunto del año.
También habría seguido acelerándose la adopción empresarial, si se atiende a esas cifras. Al cierre del segundo trimestre, unas 6.000 compañías habrían gastado más de 100.000 dólares en herramientas de Anthropic durante los últimos 12 meses, frente a las alrededor de 1.500 que había a finales de 2025. Más de 1.000 clientes superaron el millón de dólares en gasto y más de 100 pasaron de los 10 millones.
Luego está el calendario, que también podría estar marcado por el riesgo. Pese a contar con entre 120.000 y 130.000 millones en caja a comienzos de agosto de 2026, siempre según esos informes, Anthropic seguiría dependiendo de financiación externa masiva para entrenar nuevos modelos y ampliar centros de datos. A eso se suma un acuerdo de infraestructura con SpaceX que costaría en torno a 1.250 millones al mes hasta mayo de 2029.
Y no acaba ahí. En junio de 2026, el Gobierno de EE. UU. ordenó suspender el acceso desde el extranjero a los modelos más avanzados de Anthropic. En septiembre apareció además un informe de amenazas que describía usos indebidos de Claude, el asistente de IA de la compañía, en operaciones cibernéticas, campañas de influencia e investigación de armas. Todo eso se cruza con una competencia feroz con OpenAI y otros desarrolladores, en un entorno de tipos más altos y costes de computación que siguen siendo muy elevados. OpenAI, de hecho, ya ha retrasado su propia salida a bolsa hasta 2027, algo que podría dejar a Anthropic con cierta ventaja como primer gran nombre del sector en poner a prueba el apetito del mercado bursátil. La duda de fondo, sin embargo, sigue siendo la misma: si los inversores están dispuestos a comprar un negocio que crece a toda velocidad, arrastra un gasto estructural enorme y carga cada vez con más obligaciones en seguridad, transparencia y supervisión.