Pocos meses después de cerrar un acuerdo de 1.500 millones con autores de libros por acusaciones parecidas sobre cómo entrenó sus sistemas, Anthropic, la empresa de inteligencia artificial detrás de Claude, vuelve a estar en los tribunales. Esta vez la han demandado Sony Music, Warner Music y varias editoriales musicales ante un tribunal federal del norte de California por una presunta infracción masiva de derechos de autor. La denuncia afirma que Anthropic usó decenas de miles de composiciones musicales protegidas sin licencia para entrenar a Claude y, además, señala de forma personal al consejero delegado de la compañía, Dario Amodei, y a su cofundador, Benjamin Mann.
Los demandantes presentan el asunto como “uno de los robos de propiedad intelectual en curso más grandes y descarados de la historia” y sostienen en la demanda que Anthropic montó una operación a gran escala de descargas, extracción automatizada y obtención ilícita de obras protegidas. Siempre según ese escrito, la empresa habría reunido grandes bibliotecas de libros electrónicos que incluían letras y partituras procedentes de fuentes pirata como Library Genesis, más conocida como LibGen, y Pirate Library Mirror.
Los sellos y las editoriales también aseguran que Anthropic extrajo letras de sitios autorizados, pero saltándose sus condiciones de uso. Y ese punto pesa mucho en el caso. Lo que está en discusión no es solo qué hizo Claude con ese material después, sino de qué manera se armó el conjunto de datos desde el minuto uno. Para la industria musical, de hecho, importa tanto el origen de los contenidos como lo que el sistema termina produciendo.
El riesgo económico es enorme.
Los demandantes piden indemnizaciones legales de hasta 150.000 dólares por cada obra presuntamente infringida. Eso significa que, si el tribunal les da la razón respecto de un número amplio de composiciones, la factura podría dispararse hasta los miles de millones. La denuncia añade otro elemento: que el uso de esas obras permite a Claude generar letras idénticas o casi idénticas a canciones conocidas, algo que podría competir con el mercado legal de licencias de composiciones musicales y, con el tiempo, rebajar su valor.
Entre los ejemplos que aparecen en la demanda están “Ain’t No Mountain High Enough”, “All I Want for Christmas Is You” y “Eye of the Tiger”. Es decir, los demandantes no hablan solo de copia durante el entrenamiento. También dicen que hay un perjuicio comercial directo si Claude es capaz de reproducir obras protegidas, o de acercarse demasiado a ellas.
Anthropic no comparte esas acusaciones y piensa defenderse “enérgicamente” ante los tribunales, según ha dicho un representante de la empresa. En otros litigios relacionados, la defensa de Dario Amodei también ha mantenido que no hay pruebas de que él copiara personalmente las obras.
Este nuevo caso llega apenas unos meses después de que Anthropic pactara ese acuerdo de 1.500 millones con autores de libros por denuncias similares ligadas al entrenamiento de sus sistemas. Las editoriales musicales citan ese episodio como una señal de que podría haber un patrón de conducta deliberada más amplio.
Y no se trata solo de Anthropic. La demanda se suma a una cadena cada vez mayor de pleitos por el uso de material protegido para entrenar modelos generativos: otras compañías del sector musical ya han puesto en marcha acciones parecidas, y varios analistas creen que este proceso puede acabar siendo una prueba importante sobre la procedencia de los datos, los límites legales del entrenamiento y las licencias que podrían exigirse en adelante.
Para las tecnológicas, el aviso empieza a sonar bastante directo: la discusión ya no pasa solo por la innovación, sino por cuánto va a costar demostrar que el contenido usado para construir estos productos se consiguió de forma legal. Por ahora no se sabe cuándo llegará una primera resolución judicial.