Apple podría estar tanteando un Apple Watch con pantalla redonda, la vuelta de la cerámica y algún que otro cambio más en su línea de wearables, al menos si se da credibilidad a los últimos informes del sector. Y, como pasa siempre con este tipo de adelantos, conviene leerlo todo con bastante cautela.
Si esos rumores van bien encaminados, la compañía estaría estudiando el rediseño más profundo del Apple Watch desde que apareció por primera vez. Sería dejar atrás una línea que, con retoques pequeños aquí y allá, ha seguido fiel al formato rectangular durante casi diez años.
La idea que más llama la atención es esa: un Apple Watch con pantalla redonda. Si la filtración acierta, y por ahora no hay pruebas que permitan afirmarlo, el cambio sería importante para uno de los productos más fáciles de reconocer de Apple. También obligaría a revisar una buena parte de watchOS y de las interfaces de las aplicaciones pensadas para el panel actual.
Porque no sería un simple lavado de cara. Hasta ahora, el formato rectangular ha tenido una ventaja muy clara: permite enseñar más información de un vistazo, ya hables de complicaciones, notificaciones o métricas de entrenamiento. Pasar a un diseño circular implicaría replantear la forma en que se muestran todos esos elementos sin cargarse por el camino la legibilidad o la utilidad.
A eso se suma otra posibilidad. Apple también estaría valorando recuperar la cerámica como material premium para la caja, según las mismas informaciones, una opción que ya estuvo presente en el catálogo y que desapareció en 2020.
La vuelta de la cerámica encajaría bastante bien como alternativa más exclusiva dentro de la gama, sobre todo si Apple quiere marcar mejor las distancias entre los modelos estándar, el Apple Watch Ultra y las ediciones de lujo. Pero la conversación no acaba en el reloj.
Otro proyecto sobre la mesa, siempre según esos rumores, sería un dispositivo de fitness sin pantalla, pensado para quienes ponen por delante el seguimiento de salud y recuperación y no necesitan estar mirando una interfaz a cada momento. Eso acercaría a Apple a propuestas como Oura o Whoop, más centradas en wearables discretos, datos biométricos y modelos de suscripción.
La oportunidad de mercado ayuda a entender por qué habría interés en algo así. Las previsiones citadas en esos informes apuntan a que los envíos mundiales de wearables podrían llegar a 693,2 millones de unidades en 2030, mientras que el mercado de los smartwatches superaría los 200.000 millones en ese mismo horizonte.
Y todo esto aparece en un momento curioso. Según esas mismas fuentes, las ventas del Apple Watch habrían crecido un 21% en el primer trimestre de 2026, aunque la división de wearables, hogar y accesorios avanza a un ritmo más contenido que otras áreas del negocio.
También hay que mirar a lo próximo. Los Apple Watch Series 12 y Apple Watch Ultra 4, previstos para septiembre de 2026 según esos informes, apuntan más a una puesta al día interna, con foco en rendimiento y mejoras iterativas, que a una ruptura de diseño. Mientras tanto, Apple sigue bregando con la presión regulatoria en Europa después de retirar en la Unión Europea la sincronización automática de Wi‑Fi entre iPhone y Apple Watch por las exigencias de la Ley de Mercados Digitales. Aun así, esas mismas informaciones apuntan a que la compañía no tendría que rediseñar el reloj para introducir baterías reemplazables por el usuario en esta categoría.