La inteligencia artificial se ha convertido muy rápidamente en una herramienta a la que recurrimos tanto para trabajar, como para buscar en internet o para hablar de cuestiones personales. Una encuesta de DuckDuckGo, realizada a casi 2000 personas, esboza una situación bastante delicada a este respecto: cada vez confiamos a la IA asuntos más personales, mucho más de lo que quizá imaginamos.
Uno de cada tres usuarios le cuenta sus secretos a la IA
Según el estudio de DuckDuckGo, el 32% de quienes usamos chatbots ha contado a una IA algo que, hasta hace unos años, estaba reservado para amigos, familiares o profesionales médicos. Entre los más entusiastas de la IA, la cifra alcanza el 56%, mientras que entre los padres llega al 43%. La IA se está convirtiendo en nuestro confidente digital y eso tiene sus riesgos.
La cuestión está, de hecho, en lo que ocurre después. Solo el 47% de los encuestados tenía claro que la mayoría de chatbots utilizan las conversaciones para entrenar sus modelos y tan solo el 25% sabía que un chat puede acabar requerido legalmente. De ahí la importancia de proteger nuestros datos privados en ChatGPT y de revisar sus ajustes de privacidad, pues el 58% de los participantes declara sentirse incómodo con que sus conversaciones se usen para entrenamiento.
DuckDuckGo plantea una idea interesante: el dato más interesante para una tecnológica puede estar en nuestra próxima pregunta. Vimos algo parecido al hablar de cómo Google puede usar nuestra información para entrenar su IA y de cómo salir de esta dinámica cuanto antes es la mejor idea. Cada conversación merece el mismo cuidado si no más, que la anterior. Nuestros datos deberían poder seguir siendo nuestros.