China ya está bajando la caza de talento tecnológico hasta la adolescencia. El motivo es bastante simple: de aquí a 2030 podría faltarle alrededor de 5 millones de especialistas, según cálculos de McKinsey.
La escasez aprieta tanto que las grandes compañías han empezado a mirar mucho antes de la universidad.
McKinsey estima que el país puede encontrarse con ese agujero de 5 millones de profesionales especializados antes de que termine la década, en un mercado donde ya hay más vacantes que candidatos realmente cualificados.
Por eso la reacción del sector se ha endurecido. Las empresas están abriendo nuevas vías de captación para localizar a los perfiles con más proyección cuando aún son adolescentes.
Tencent, ByteDance y Geely ya han llevado esa idea a programas concretos.
Tencent, por ejemplo, ha lanzado campamentos dirigidos a estudiantes de entre 13 y 18 años.
La idea es detectar interés y capacidad técnica a una edad muy temprana.
Zhang Yiming, fundador de ByteDance, también cofundó un programa de investigación que elige cada año a 30 estudiantes para incorporarlos como becarios a tiempo completo.
Geely se ha movido en la misma dirección.
La compañía incorpora a alumnos justo después del instituto, los forma en software avanzado y tecnología aplicada al vehículo eléctrico, y les garantiza un sueldo equivalente al de un graduado cuando terminan el programa.
Detrás de todo esto hay una presión muy concreta del mercado laboral. En los cinco primeros meses del año, casi 4 de cada 10 ofertas de empleo dirigidas a recién graduados en China estaban relacionadas con modelos avanzados, automatización y otras herramientas inteligentes.
Esa prisa también está cambiando el tipo de perfil que buscan las empresas.
MiniMax, una de las firmas emergentes del sector, dice que ya no trata el título universitario como una condición rígida y que pone por delante rasgos como la curiosidad, el talento en bruto y el potencial creativo.
No es un giro exclusivo de China. En la industria tecnológica global crecen las voces que discuten hasta qué punto el diploma debería seguir siendo el filtro principal para los puestos más punteros.
Y la apuesta empresarial no va sola.
Pekín ha activado un plan nacional de educación tecnológica para introducir estas materias desde primaria hasta la universidad. En la capital, además, todos los alumnos de primaria y secundaria tendrán que recibir al menos 8 horas de formación al año a partir de septiembre de 2025.
Aun así, el problema no pasa solo por formar gente, sino por conseguir que se quede. En 2024, el 38 % de los investigadores de élite en este campo había cursado la universidad en China, pero solo el 11 % seguía trabajando allí.
El debate ya está servido.
Quienes defienden esta estrategia creen que detectar el talento antes permite cultivar perfiles excepcionales justo en una etapa decisiva del desarrollo. Los críticos, en cambio, ven un riesgo claro: demasiada presión, hiperespecialización prematura y una carrera por rendir que empieza antes de tiempo.
En las redes sociales chinas ya circulan bromas y críticas sobre empresas que parecen competir por fichar a estudiantes cada vez más jóvenes.
La demanda sigue disparada. Los expertos, en cambio, siguen siendo pocos. Y todavía no está claro si esta carrera bastará para rebajar el déficit que se espera para 2030.