El confinamiento por Covid-19 fue un periodo crítico para la industria del cine, donde la creatividad se puso a prueba y las producciones tuvieron que adaptarse a las restricciones sanitarias. En este contexto, la película protagonizada por Ice Cube, una versión contemporánea del clásico La Guerra de los Mundos de H.G. Wells, se ha convertido en un fenómeno controvertido, pero no por las razones que sus creadores esperaban.
Una película que salió mal por el COVID
Filmada en solo 15 días durante el confinamiento, la película fue producida sin la presencia del director Rich Lee ni de otros actores, lo que, según Cube, tuvo un impacto negativo en su calidad. En una reciente entrevista, el actor reveló que grabó sus escenas de manera remota, enfrentando la narración de una invasión alienígena desde la pantalla de su computadora, utilizando plataformas digitales como Zoom y WhatsApp. Esta decisión creativa ha sido objeto de críticas por la falta de dinamismo y por parecer más un anuncio de Amazon que una verdadera producción cinematográfica.
A pesar de sus críticas devastadoras, que incluyen una calificación del 0% en Rotten Tomatoes y reseñas que la catalogan como una de las peores películas de la historia, el filme ha encontrado un inesperado nicho en el fenómeno del “hate-watch”. La audiencia ha comenzado a disfrutar de lo malo, comentando y compartiendo escenas absurdas en redes sociales. La peculiaridad de su estilo y su enfoque atípico han atraído a los espectadores que buscan entretenimiento a través del fracaso.
Medios como Variety han calificado el filme como “largamente comercial” y otras publicaciones lo consideran “progresivamente ridículo”. No obstante, el interés que ha generado en internet sugiere que, a pesar de las críticas, esta obra ha logrado hacerse un espacio en la cultura pop moderna, convirtiéndose en un fenómeno de discusión colectiva sobre las producciones cinematográficas durante tiempos de crisis.