Los críticos creen que ‘Mortal Kombat II’ es la mejor de la saga. Su productor intenta que creamos lo contrario para lucrarse

Después de que los críticos odiaran Super Mario Galaxy y Michael llevando la contraria por completo a un público entregado, se ha puesto de moda mirar por encima el oficio de crítico y decir un sonoro “Qué sabrán estos”, como si una mala nota dijera, en el fondo, algo positivo de tu película. Y, por supuesto, incluso obras que no han tenido malos resultados han querido subirse a la tendencia de quejarse como perros apaleados cruzando los dedos y esperando que el público soberano vaya al cine a descubrirlo por sí mismo.

Finish them!

Es el caso de Mortal Kombat II, que se ha estrenado en Rotten Tomatoes con una puntuación notablemente mejor que la de la película original: si aquella alcanzó un 55% de aprobados, esta secuela se sitúa en un decente 69%. Mejor de lo esperado, de hecho, sobre todo teniendo en cuenta que este año no hay piedad para los blockbusters tontuelos. Sin embargo, su productor, Todd Garner, ha decidido jugar la carta de hacerse la víctima.

“Algunas de estas críticas están haciendo que me descojone. Está claro que no han jugado al juego y no tienen ni idea de lo que los fans quieren o NINGUNA de las reglas o el canon de Mortal Kombat. Un crítico estaba enfadado porque un tío “tenía un ojo láser”. ¿Por qué demonios permitimos que gente que no tiene amor por el género critique estas películas?, ha dicho en X ante el apoyo de algunos fans… y otros tantos diciéndole que hay más opiniones positivas que negativas.

Garner se vio obligado a responder que solo se refería a un par de citas específicas que había leído, pero ya era más que suficiente para expandir la narrativa de “Nosotros contra ellos”. Una narrativa ridícula, claro: al fin y al cabo, no se puede mandar a un crítico específico de cada género a ver solo las películas que le gustan. De eso se trata el oficio: de ver lo que te gusta y lo que no, lo que entiendes y lo que no tanto, como la única manera de tener una identidad propia. Vamos, que tampoco hace falta llorar porque a alguien no le guste tu película, Garner.