Sony ya le ha puesto fecha a su próxima cita digital: la compañía emitirá un nuevo PlayStation State of Play este jueves 3 de septiembre.
La presentación tendrá dos bloques. Primero irá un programa general y, justo después, una edición centrada en Japón y Asia. Llega, además, en un momento delicado para la marca, entre la presión habitual de los grandes anuncios y una nueva oleada de críticas dentro de la comunidad por su distanciamiento progresivo del formato físico, una discusión que ya amenaza con colarse en toda la conversación del evento.
La propia Sony ha confirmado que la retransmisión empezará con un State of Play de enfoque general. Ahí deberían verse actualizaciones de PlayStation Studios y de socios externos, así que todo apunta a un formato bastante reconocible: avances de juegos que ya estaban sobre la mesa, con alguna sorpresa suelta para animar el ritmo.
Lo más llamativo del cierre, si se cumplen las previsiones, sería un vistazo más amplio a Final Fantasy VII Revelation, que mismo ahora apunta a ser el gran gancho de la noche. Tras ese bloque principal, Sony enlazará sin pausa con State of Play Japan, un segmento pensado para detenerse más en próximos títulos desarrollados en Japón y en otros mercados de Asia.
Que hayan optado por este planteamiento doble no es un detalle menor. Le sirve a PlayStation para mantener un gran escaparate global con sus franquicias más visibles y, al mismo tiempo, dejar más aire a producciones japonesas y asiáticas que muchas veces quedan apretadas dentro de presentaciones internacionales más cortas.
Y aquí conviene no mezclar formatos. State of Play no juega en la misma liga que un PlayStation Showcase: suele ser una cita más contenida, más pegada a actualizaciones, anuncios de tamaño medio y bloques temáticos, no tanto a una cadena de bombazos first party. Aun así, ese formato más pequeño casi nunca enfría el ánimo y cada nueva edición vuelve a disparar la expectación.
En redes ya circulan especulaciones sobre la posible aparición de sagas importantes y de estudios internos. Esta vez el ruido previo ha crecido por filtraciones que ya señalaban septiembre como ventana para el evento y por comentarios alrededor de posibles novedades de títulos como Intergalactic: The Heretic Prophet.
Además, está muy reciente el antecedente de agosto: PlayStation ya organizó entonces una presentación centrada en Phantom Blade Zero, que funcionó como una especie de prólogo y dejó todavía más instalada la sensación de que septiembre traería algo de mayor alcance.
Pero los anuncios no son lo único que Sony tiene encima de la mesa. La compañía llega a esta cita con una parte de su base de usuarios muy crítica por lo que muchos interpretan como una aceleración clara hacia un ecosistema cada vez más dependiente de lo digital. Las dudas pasan por la propiedad real de los juegos, la preservación, la reventa y la pérdida de alternativas para quienes siguen prefiriendo comprar en disco.
Ese malestar se ha visto con especial fuerza en mercados angloparlantes, donde han proliferado análisis, protestas y llamadas al boicot, o directamente a llenar los chats de los eventos con mensajes de rechazo. En cambio, en regiones como Alemania, Brasil, Corea del Sur o partes de Asia la cobertura ha sido menos intensa, o al menos menos volcada en esa narrativa. Así que Sony aterriza en este State of Play con una buena ocasión para volver a entusiasmar a su público, pero también con una comunidad bastante más suspicaz de lo normal.