Hablemos claro: no son pocos los mangakas que acaban gravemente enfermos (si no muertos) por culpa de la exigencia de lanzar veinte páginas a la semana, a las que hay que sumar portadillas, portadas para los tomos, merchandising, revisión del anime y un largo etcétera. Fue el recordado caso de Kentaro Miura, o el de Osamu Tezuka, que incluso en su lecho final seguía dibujando. Entregados, queridos, trabajadores… y al mismo tiempo esclavos de un sistema que les impide tener vida propia y les castiga la enfermedad. Si eres un mangaka de éxito como Eiichiro Oda no pasa nada ni tendrá repercusiones en el futuro, pero si no eres nadie puedes acabar fácilmente desaparecido en el olvido.
El One Piece era estar sano
Después de 27 años dibujando su epopeya, Eiichiro Oda, que ahora tiene 49 años, ha encadenado varias semanas sin nuevo capítulo en la Shonen Jump. Las dos primeras fueron para supervisar la adaptación a imagen real que está haciendo Netflix, y la tercera ha sido, como la propia revista indica, por enfermedad.
La mayoría de sus seguidores ya sabe que Oda ha luchado contra la presión arterial durante años, pero este descanso súbito ha encendido todas las alarmas, ya que el agotamiento puede ser excesivo y estar pasándole factura. La gran mayoría de los lectores han corrido a desearle una pronta recuperación, e indicando que puede tomarse el tiempo que haga falta para culminar su aventura por todo lo alto, si es que se encuentra con fuerzas para hacerlo.

Otros, sin embargo, han mostrado su desagrado, llegando a indicar que no es el momento de descansar ahora que “ha empezado la saga de Elbaf”. Y quizá sea momento de recordar que ni George RR Martin te debe un nuevo libro, ni Ai Yazawa tiene por qué lanzar un nuevo tomo de Nana tanto tiempo después, ni Eiichiro Oda debe arriesgar su vida para contarte lo que es el One Piece. Y si eres un verdadero fan, lo sabes de sobra.