Ahora, a posteriori, es muy fácil ver por qué triunfó Metal Gear Solid: es un gran juego de espionaje, con un gameplay fantástico y una historia capaz de expandirse a lo largo de varios géneros, ideas, personajes y años sin erosionarse lo más mínimo. Pero en 1987 nadie en Konami tenía demasiado claro que ese tal Hideo Kojima pudiera sacar adelante Metal Gear. Y, sobre todo, no sabían si alguien aparte de él lo entendería. Hasta que se obró el milagro.
¿Snake? ¡Snaaake!
Hideo Kojima acababa de llegar a Konami, y obviamente a nadie le importaba lo más mínimo lo que tuviera que decir porque solo importaba la voz de los más experimentados. Y por aquel entonces, los ejecutivos se empeñaron en hacer “un juego de guerra”. Entonces, el desarrollador amigo de todos, tras el fracaso de varios desarrolladores expertos, planteó un “juego de escape”. Al final le permitieron empezar a hacerlo, pero con un aviso: “No hay juegos como estos”.
Según cuenta el propio Kojima, los desarrolladores se preguntaban “¿Qué tengo que hacer aquí, tengo que empezar a pegar a gente?” en cada pantalla, y era tan frustrante que incluso se planteó dejar la empresa. Por suerte, un empleado de los de toda la vida hizo una reunión para mostrar su visión, y poco a poco se ganó su respeto.
¿Y qué fue lo que les hizo cambiar de opinión del todo? Bueno… “Todos se preguntaban ‘¿Un juego de escaparse puede ser divertido?’. Pero cuando tuvimos una prueba jugable, y vieron la exclamación que sale cuando el enemigo es sorprendido, les vendió el concepto. Cambiaron su cantinela a ‘¡Esto va a funcionar!'”.
Para que luego digan que los detalles no son importantes: ese “!” definió toda una saga, y no habríamos tenido jamás a Solid Snake (y por tanto, tampoco juegos como Death Stranding) si a Kojima se le hubiera ocurrido que es una tontería. Vamos, que no te rindas: lo que tú crees que otros pueden ver como una chorrada, puede ser aquello que cambie el mundo para siempre.