El 20 de abril fue un día bien completo para Elon Musk. Por un lado, acabó cumpliendo su aviso de eliminar las marcas de verificación heredadas en Twitter (los verificados de antes de que tomara el mando de la compañía). Por otro lado, su flamante cohete Starship, con el que pretende que los seres humanos viajemos a la Luna y Marte, explotó minutos después de despegar, consiguiendo así el Récord Guiness al espectáculo de pirotecnia más caro de la historia (es broma… de momento).
Sin embargo, según recoge Reuters, tanto el propio Musk como muchos expertos en ingeniería aeroespacial prefieren abrazar el concepto de “fracaso exitoso”. Sí, seguramente en algún momento te hayan dicho algo así como que “si te caes debes levantarte” o que “fallar es bueno porque te hace mejorar”. Pues Musk y su compañía SpaceX van a tope con este dogma. Y lo más curioso de todo es que puede que hasta tengan razón (en este contexto).
Si bien Starship acabó hecho pedazos en su prueba, hay que reconocer que Musk fue el primero que dudaba del éxito rotundo de la prueba del cohete, que tuvo que ser aplazada esta semana tras detectar un problema técnico poco antes de la ignición. Y es que, a diferencia de la NASA, SpaceX tiene otra estrategia a la hora de desarrollar y perfeccionar sus naves espaciales.

¿Qué hace la NASA? Investigar mucho, durante largos plazos de tiempo. Invertir millones de dólares en el personal más cualificado de la Tierra para crear vehículos espaciales y, tras mucho (mucho) tiempo de desarrollo y perfeccionamiento de sus prototipos, finalmente probarlos, con altas garantías de éxito.
Musk y SpaceX van por otro camino. Sí, destruir el “cohete más grande y potente del mundo” no es nada barato, y reconstruirlo desde cero tampoco, pero, según los cálculos de la compañía y de expertos en la materia, este modus operandi de acortar los tiempos de desarrollo de las naves y probarlos una y otra vez (con sus respectivos fallos), sería más rentable para la compañía, que recabaría datos de gran valor con cada fracaso.
“Aunque ese cohete cuesta mucho dinero, lo que realmente cuesta mucho dinero son los sueldos de la gente“, declaró Garrett Reisman, profesor de ingeniería astronáutica de la Universidad del Sur de California, exastronauta de la NASA y también asesor principal de SpaceX.

Reisman afirma que precisamente “esta aceptación del fracaso cuando las consecuencias del fracaso son bajas” es un sello distintivo de SpaceX respecto a las compañías aeroespaciales tradicionales. Al no haber personas a bordo de la nave y llevarse a cabo el despegue en una zona rodeada de agua, tan solo hubo que lamentar la pérdida del cohete, que está desarrollado para que (cuando todo vaya bien) pueda ser reutilizado tras cada misión.
Al César lo que es del César: el fracaso de ayer de Musk pudo ser más beneficioso que perjudicial para él y su compañía. Tras la gran explosión de este 20 de abril, la compañía cuenta con información muy útil que aumentaría las garantías de éxito de las futuras pruebas de Starship. ¿Veremos más explosiones?
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