Antes de que la palabra “influencer” existiera, Perez Hilton ya estaba en Internet. Era 2005, y su blog comentaba todo tipo de cotilleos de famosos a los que llegaba gracias a las fotos que le pasaban sus seguidores. Su cara se volvió mundialmente conocida cuando tenía menos de 30 años, y poco a poco se fue haciendo más amigo de los famosos de los que hablaba, causando desconfianza en sus seguidores, hasta que las nuevas tecnologías hicieron que poco a poco fuera perdiendo su influencia… hasta ahora, que ha llegado a su punto más bajo.
Me lo dijo Pérez
Ayer, Perez Hilton, convertido ahora en una de esas celebrities de medio pelo en las que se fijaba en sus inicios, hizo un stream en directo ayer en TikTok que hizo sonar todas las alarmas en sus fans. En él aparecía ensangrentado y cortándose con un cuchillo. La policía acabó yendo a su casa familiar, donde afirmaron que llevaba toda la noche metido en su habitación. Por suerte la cosa no fue a más, y le llevaron al hospital, donde está recuperándose.
Claramente ido y balbuceando cosas como “Que te jodan, TikTok” y bravatas contra el algoritmo, Hilton ha recuperado, aunque sea de manera momentánea, la fama perdida. De hecho, ha acabado pidiendo perdón por lo sucedido, en lo que muchos han querido ver como una oportunidad de llamar la atención y otros como una oportunidad para acercarse al cristianismo (él ya es creyente, y de hecho parte de su merchandising pasa por sus creencias), porque, al final, cada cual va a lo suyo en Internet.
Actualmente, Hilton seguía viviendo de su fama con apariciones en programas televisivos, su podcast y su Patreon, sumando casi un millón de seguidores en Instagram. Cómo le va a afectar esta caída a los infiernos es algo que, me temo, aún no podemos siquiera preveer. Una cosa está clara: la historia está aún lejos de terminar.