Google se ha anotado hoy una victoria judicial de peso en Alemania. Un tribunal de Berlín ha dictaminado que los resúmenes automáticos que aparecen en su buscador deben entenderse como un “nuevo formato de resultado de búsqueda”, no como contenido propio sobre el que Google tenga un control directo.
Ese criterio reduce, al menos de momento, la responsabilidad de Google por lo que esos bloques enseñan a los usuarios. Para el tribunal, la compañía no ejerce una “influencia decisiva” sobre el contenido concreto de cada resumen. Y esa conclusión choca de lleno con otro fallo reciente del Tribunal Regional de Múnich.
El caso de Berlín partía de una demanda presentada por una empresa de perfumes. Su queja era que sus marcas aparecían en esos resúmenes junto a productos de imitación más baratos, con enlaces que llevaban a páginas de competidores. La empresa sostenía que ahí había una vulneración de marca y también competencia desleal. El tribunal, aun así, rechazó sus reclamaciones.
El núcleo del razonamiento judicial está en otro sitio: esos cuadros no tienen por qué leerse como afirmaciones propias de Google, sino como una agregación de información tomada de fuentes externas.
Según el tribunal, un usuario medio puede percibir que el buscador está reuniendo y condensando contenido de terceros. Si eso es así, cuesta más defender que cada frase deba atribuirse de forma directa a Google.
Y ahí está el punto delicado, porque si se considera que Google se limita a reorganizar información ajena dentro de un formato nuevo, su posición se parece más a la de un intermediario que a la de un editor tradicional.
Aun así, el panorama jurídico alemán dista mucho de estar resuelto. En otro procedimiento, el Tribunal Regional de Múnich sostuvo que Google sí puede responder de forma directa por afirmaciones falsas incluidas en esos mismos resúmenes.
En aquel caso, dos editoriales quedaron vinculadas por error con estafas, y el tribunal muniqués entendió que el texto mostrado por Google era “contenido propio” porque generaba afirmaciones “independientes, nuevas y sustanciales”, y no una reproducción neutral de enlaces o extractos.
Además, el Tribunal Regional de Múnich no aceptó el argumento de Google de que los usuarios pueden comprobar por su cuenta la información acudiendo a las fuentes enlazadas. A juicio del tribunal, admitir esa defensa abriría una “laguna de protección” para personas y empresas perjudicadas por afirmaciones falsas. Google está revisando esa sentencia y todo apunta a que la recurrirá.
La pregunta de fondo sigue ahí: cuando un buscador genera un resumen con lenguaje propio, ¿estamos ante un resultado de búsqueda más sofisticado o ante una pieza de contenido equiparable a la de un editor?
La respuesta no afecta solo a Google en Alemania. En Europa crece el escrutinio sobre los nuevos productos de búsqueda de la compañía: por un lado, una denuncia antimonopolio del European Publishers Council por el uso de contenido de medios; por otro, otro litigio por derechos de autor, ya en el terreno del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, por la reutilización de material periodístico.
Por ahora, no está claro cuándo llegará una resolución firme que unifique criterio en Alemania.