Guillermo del Toro volvió a encender hoy uno de esos debates que nunca terminan dentro del cine fantástico al decir, en una sesión reciente de preguntas y respuestas, que Alien, la película de Ridley Scott, es “la mejor adaptación” que se ha hecho de la obra de H.P. Lovecraft.
Guillermo del Toro coloca a Alien como la mejor adaptación de Lovecraft
Durante esa charla, el director habló de la película de Ridley Scott como una adaptación libre de At the Mountains of Madness, la novela corta de H.P. Lovecraft que en español se conoce como En las montañas de la locura.
Del Toro también metió a The Thing, de John Carpenter, entre las grandes muestras del horror lovecraftiano en pantalla. No es una lectura nueva, desde hace años la sostienen críticos, fans y gente que lleva tiempo estudiando el género.
Y, pensándolo bien, la idea tampoco suena tan rara. Alien no adapta de manera oficial ningún relato de H.P. Lovecraft, pero sí respira varios de sus temas más reconocibles: la pequeñez de la humanidad frente a un universo que no se inmuta, el miedo a fuerzas no humanas que escapan por completo a la comprensión, y esa sensación tan lovecraftiana de que el conocimiento prohibido siempre se cobra algo a cambio, y casi nunca poco.
Todo eso está ahí desde el momento en que la tripulación del Nostromo llega a LV-426 y se topa con una nave abandonada junto a ese piloto fosilizado tan misterioso. La imagen encaja de lleno con el esquema clásico de H.P. Lovecraft: exploradores que encuentran restos de civilizaciones antiquísimas y acaban cara a cara con verdades demasiado grandes para la mente humana.
Buena parte de esa lectura también pasa por el Xenomorfo. La criatura no es únicamente letal. Hay algo en ella biológicamente antinatural, incómodo, difícil de meter en cualquier lógica humana. Su ciclo vital, su diseño, su comportamiento, todo provoca esa mezcla de fascinación y rechazo que está en el corazón del horror cósmico.
La propia película lo deja claro con Ash, el androide de la nave, cuando habla de la “pureza” del monstruo y lo contempla no solo como una amenaza, sino como una forma de vida superior, casi sublime en su brutalidad. Ese tipo de asombro ante lo incomprensible suena a Lovecraft por los cuatro costados.
También está el trabajo de H.R. Giger, que fue decisivo para darle a Alien la identidad visual que tiene. El artista suizo admiraba a H.P. Lovecraft y llegó a titular uno de sus libros más conocidos Necronomicon, igual que el grimorio ficticio del escritor. Su estética biomecánica terminó dándole a la película una textura orgánica y alienígena que encaja de forma casi perfecta con toda esa tradición.
Otro punto clave es Weyland-Yutani, la corporación dispuesta a sacrificar vidas humanas con tal de capturar y explotar una entidad que ni siquiera comprende del todo. Esa clase de ambición ciega recuerda mucho a los personajes de Lovecraft que creen que pueden controlar fuerzas antiguas y acaban destruidos por ellas. Por eso hay quien coloca no solo a Alien, también a Prometheus, entre las aproximaciones más logradas al universo de H.P. Lovecraft en el cine.
Prometheus, la precuela de Alien, lleva todo eso a una escala mayor, con creadores ancestrales, inteligencia artificial, conocimiento prohibido y una visión todavía más cruel de la irrelevancia humana.
De hecho, Guillermo del Toro pasó años intentando sacar adelante una adaptación para mayores de 18 de En las montañas de la locura, pero el proyecto nunca terminó de arrancar. El propio director llegó a admitir que Prometheus se movía por un territorio temático y narrativo tan cercano que eso ayudó a dejar su película en pausa.
Visto de esa manera, lo que dijo sobre Alien suena más a conclusión natural que a simple provocación. Lo que no se sabe, por ahora, es si Guillermo del Toro volverá algún día a intentar esa adaptación.