Hoy, La casa de papel, la serie española que Netflix convirtió en su primer gran fenómeno mundial en un idioma que no era el inglés, sigue siendo un caso muy útil para medir hasta dónde podía llegar una producción internacional, incluso antes de que títulos como El juego del calamar o Lupin terminaran de confirmar que ese alcance global era real.
Fue uno de esos hitos que cambian la conversación sobre lo que podía triunfar en streaming. Y su recorrido sigue importando, sobre todo porque La casa de papel no nació como una saga diseñada para alargarse durante años.
La serie se estrenó primero en Antena 3, en España, en 2017. Su emisión original en la cadena se desarrolló entre mayo y noviembre de ese año, con 15 episodios más largos. Después Netflix compró la producción, la remontó en 22 capítulos más cortos y la lanzó internacionalmente en español. Esa decisión fue clave para la explosión global que vino después.
A partir de ese relanzamiento, La casa de papel se convirtió en un fenómeno que casi nadie había visto venir. En su momento, según comunicó Netflix, llegó a ser la serie de habla no inglesa más vista de la plataforma. Y, según el palmarés de los Emmy Internacionales, en 2018 ganó el Emmy Internacional a mejor serie dramática, algo que también sirvió para dar peso a la apuesta de Netflix por contenidos locales con ambición mundial.
Y ahí está una de las partes más llamativas de toda su trayectoria: según han explicado sus responsables en distintas ocasiones, la ficción nunca se pensó para tener una segunda temporada.
Lo que parecía una historia cerrada acabó creciendo hasta completar cinco temporadas y mantenerse vigente durante casi una década, algo que Netflix no ha logrado repetir con la misma frecuencia en otras franquicias originales.
No fue un crecimiento casual. Los atracos ideados por el Profesor, la voz de Tokio como narradora y ese uso constante de saltos temporales, flashbacks, cambios de punto de vista y giros estratégicos le daban a La casa de papel una sensación de movimiento continuo. Siempre daba la impresión de que el control podía cambiar de manos en cualquier momento.
Netflix, además, no se quedó solo en explotar la popularidad de La casa de papel. También amplió la marca con proyectos como Money Heist: Korea – Joint Economic Area y Berlín, y logró mantenerla viva mucho después del final de la serie original.
El contraste con Army of the Dead salta a la vista: la película de Zack Snyder sumó 75 millones de hogares y 186,54 millones de horas vistas en sus primeros 28 días, según datos de Netflix, mientras que Army of Thieves registró 49,64 millones de horas y llegó al número 1 en más de 90 países, también según datos de Netflix. Aun así, en agosto de 2024 trascendió que los planes para una secuela y una serie animada habían quedado aparcados.
Ahí es donde La casa de papel de verdad marca la diferencia: mientras otros universos con buena pinta se frenaron pese a sus buenos datos iniciales, la serie española sí consiguió convertir impulso, prestigio crítico y conversación cultural en una franquicia estable, reconocible y de alcance realmente global.