Todos conocemos al menos a un Disney Adult. No, no es esa persona que ve películas de Disney constantemente o cuyo sueño es ir a Disneyworld (otra vez), sino aquellos que no tienen una prenda en su armario sin las orejas de Mickey Mouse y son capaces de dejarse muchísimo dinero en excursiones anuales a parques de atracciones de la empresa. Sí, esos mismos. Disney debería empezar a considerarles como fuente de ingresos al lado del streaming+.
La magia de gastarse un dineral
Para empezar a entender esta historia tenéis que saber lo que es el Club 33, una serie de restaurantes ubicados en los diferentes parques Disney y que cuentan con una decoración exclusiva y platos únicos. Es, por así decirlo, el VIP de Disneyland, y no todos pueden entrar: hay una gigantesca lista de espera y, una vez entras, tienes que abonar 31.500 dólares al año por pareja, además de 50.000 individuales como iniciación. Sí, leed el número otra vez. Es más que tu sueldo.
Sin embargo, hay mucha gente con dinero a espuertas a la que no le importa gastarlo en búsqueda de “magia Disney“. Es el caso de Scott y Diana Anderson, que pagaron religiosamente sus cuotas entre 2012 y mediados de 2017, cuando fueron expulsados porque en el parque vieron a Scott “intoxicado” (vamos, borracho como una cuba) y a Diana diciendo palabrotas en el interior de un local. Y Disney es Disney, incluso en el Club 33.

De hecho, ambos, a sus 60 años, se gastaban alrededor de 125.000 dólares cada año solo en visitas al “lugar más feliz del mundo”. En pasado, porque ahora se están gastando ese dinero en juicios contra Disney, en los que se han gastado ya 400.000 dólares. Han perdido, pero quieren seguir recurriendo para salvaguardar su honor (y que les devuelvan su tarjeta de miembro). Diana ha dicho, de hecho, que está dispuesta a vender un riñón si hace falta.
Ambos han decidido que seguirán apelando hasta que “se haga justicia” (o, en este caso, les den el pase otra vez por pura insistencia). Eso sí, ¿serán capaces, después de todo, de volver a ver a Mickey Mouse y sonreír? ¡Ah, el drama de los Disney Adults!