En X-Men #38, el nuevo cómic de Marvel, Magneto recibe una de las palizas más duras de toda su historia: lo capturan, lo humillan y lo convierten en una pieza esencial del plan de 3K. Y, esta vez, la herida más grave no se mide ni en golpes ni en destrucción.
El número hace algo más que dejar al personaje reducido, expuesto y sin defensa. También lo coloca justo a las puertas de DNX, el cruce entre los X-Men y los Cuatro Fantásticos, donde su cuerpo, su pasado e incluso su ADN pasan a formar parte de una amenaza mucho mayor.
La historia de X-Men #38 arranca con el Chairman, que aquí queda revelado como la versión original y abiertamente villana de Hank McCoy, el personaje que todos conocen como Bestia, y además el líder de 3K.
El Chairman intenta sumar a Magneto a su causa, pero la situación se tuerce en cuanto este se niega. A partir de ahí, todo escala muy rápido: le coloca un collar inhibidor de poderes y empieza a sacarle por la fuerza muestras biológicas del cuerpo.
¿Para qué? Para desatar un X-Virus mutagénico usando el ADN de Magneto, una pieza central dentro del plan de 3K en este cruce entre los X-Men y los Cuatro Fantásticos.
Así que Magneto deja de ser solo un prisionero. Se convierte en uno de los recursos más valiosos de todo el tablero.
Pero lo más devastador del número ocurre por dentro.
Mientras sigue incapacitado, X-Men #38 lo mete de lleno en uno de los momentos más oscuros de sus 63 años de historia editorial. Magneto se pregunta quién es sin sus poderes, si todavía importa para los demás y, en el fondo, si de verdad quiere seguir viviendo.
Ahí aparece Charles Xavier, o al menos una versión telepática o proyectada de Charles Xavier, para intervenir dentro de su mente.
La secuencia tiene un aire clarísimo a ¡Qué bello es vivir!, porque Charles Xavier le enseña cómo habría sido el mundo de los X-Men si Magneto nunca hubiera existido. La intención no es borrarle todos sus pecados ni dejarlo limpio de culpa. Lo que busca es hacerle ver que su vida sí ha importado, incluso con todas sus contradicciones.
Al final, el arco empuja una idea bastante clara: el valor de Magneto no depende solo de su dominio del magnetismo ni de que otros lo llamen héroe o villano.
El Chairman también lo escoge por lo que simboliza. Magneto es alguien que resiste, que aguanta y que sigue avanzando incluso cuando parece hecho pedazos. Por ahí va uno de los temas más interesantes del cómic, que conecta con la salud mental, la autoestima y esa idea de que una persona vale más que la utilidad inmediata que pueda ofrecer.
En lo físico, la historia también le pasa una factura seria. Después de quedar destrozado, la versión actual de Hank McCoy en los X-Men lleva a Magneto ante Reed Richards para pedir ayuda.
Reed Richards se muestra reticente al principio, pero, tras la discusión y la intervención de Sue Storm, termina aceptando tratarlo y ayudar en su recuperación. Todavía no está claro hasta dónde llegará este punto de inflexión más allá de DNX, aunque X-Men #38 ya empieza a verse, al menos en la conversación entre lectores y analistas del medio, como una entrega clave de cara a Magneto: End of Days, la serie anunciada para 2027.