Nintendo lo dejó dicho en una entrevista con Famitsu publicada en septiembre de 2023: The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom no va a tener DLC. En la práctica, esa decisión baja la persiana de la era “Wilds” de la franquicia, la etapa que definieron The Legend of Zelda: Breath of the Wild y su secuela.
Después de años con The Legend of Zelda: Breath of the Wild y The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom ocupando casi todo el espacio, cualquier pequeño extra que quedara en el aire, como el contenido asociado a nuevos amiibo, se convierte para muchos fans en la última excusa para volver a esta versión de Hyrule antes de que la saga dé el siguiente paso y se vaya hacia algo totalmente nuevo.
La confirmación llegó en esa charla con Famitsu, y llamó todavía más la atención porque The Legend of Zelda: Breath of the Wild sí tuvo dos packs importantes de contenido descargable, entre ellos The Champions’ Ballad, que amplió la historia y sumó nuevos desafíos.
Esta vez, en cambio, Nintendo ha preferido cortar cualquier expectativa de expansión.
Eiji Aonuma, productor de la saga The Legend of Zelda, contó en Famitsu que el equipo sintió que ya había llevado al límite sus ideas para esa encarnación de Hyrule y que habían “hecho todo lo posible para hacer de ese mundo algo divertido”. Por eso, Nintendo ha optado por poner los recursos en el próximo gran Zelda, en lugar de seguir ampliando Tears of the Kingdom.
Cuando se habla de la era “Wilds”, se está hablando del dúo formado por The Legend of Zelda: Breath of the Wild y The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom: dos juegos definidos por su mundo abierto, la exploración libre, los sistemas emergentes y una Hyrule con ese tono melancólico y postapocalíptico tan marcado.
Fue un corte radical con la estructura más guiada de entregas anteriores. Y el impacto fue enorme.
Según las cifras de ventas que ha compartido Nintendo, The Legend of Zelda: Breath of the Wild superó los 29 millones de copias vendidas, mientras que The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom llegó a 18,5 millones de unidades en sus dos primeros meses. A eso se suma otra cosa: los dos acabaron influyendo en el diseño de juegos de mundo abierto en buena parte de la industria.
Parte de la confusión reciente entre los jugadores viene del anuncio del amiibo de la Construcción de Mineru, que durante unos días disparó el hype.
Pero el amiibo de la Construcción de Mineru, aunque desbloquea contenido dentro del juego, no es una expansión narrativa ni una continuación real de Tears of the Kingdom. Como mucho, se queda en un complemento pequeño, no en ese gran regreso a Hyrule que algunos llegaron a imaginar.
Y por ahí van también las pistas que han dejado Nintendo y Hidemaro Fujibayashi, director de The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom. Sus declaraciones apuntan a una experiencia nueva, no a seguir alargando la fórmula ni a exprimir más el mapa del juego actual.
Como suele pasar con Nintendo, nadie sabe cuándo llegará el próximo gran Zelda.
Lo que sí parece bastante claro es esto: la era “Wilds” no desaparece de un día para otro, pero está prácticamente cerrada. Y en una saga que acostumbra a reinventarse justo en sus momentos más importantes, ese cierre también suena a inicio. A algo completamente distinto.