Por qué Netflix está apostando por el anime: el secreto real tras su éxito

Nadie ha nacido aprendido. Y Netflix menos aún, desde luego. Por eso, su aprendizaje en torno a lo que quiere ver su público siempre ha ido variando, intentando llegar a ellos no solo con series y películas originales, sino también con realities, talk shows, programas de cocina y hasta videojuegos. Si quieres competir al cien por cien contra la televisión tradicional, más vale que te parezcas a ella.

Y, claro, ¿qué tiene la televisión lineal? Dibujos animados. Más concretamente, anime: muchos crecimos con Dragon Ball Z, Ranma 1/2, Inu Yasha, Neon Genesis Evangelion, One Piece, Bleach o Full Metal Alchemist. Al principio doblado, después en japonés, para no tener que esperar a que alguna cadena decidiese hacer el favor de emitirlo. Netflix ha tomado buena nota: sabe que sus fans quieren anime, tanto original como licenciado, y, viendo el éxito de Crunchyroll, ha decidido anudarse el hachimaki y gritar “Banzai!” a un público otaku al que esta marabunta de animación japonesa le ha pillado desprevenido.

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Arittake no yume wo kakiatsume

Después de licenciar varias series de anime y de ver sus resultados, el algoritmo de Netflix predijo que el público, efectivamente, quería más animación japonesa, pero pasada por el filtro de la Gran N. ¿Y cuál es ese filtro? Americanizarlas ligeramente, pero seguir doblándolas en japonés para mantener la ilusión de que es original, creado por nipones para nipones, y nosotros somos los privilegiados que tienen una ventanita para mirar lo que allí se hace.

El primer intento fue tímido, con la fabulosa adaptación de Castlevania, con estilo anime pero creado íntegramente por americanos, que fue aplaudido pero dejó claro que los espectadores, en realidad, lo que estaban buscando era algo más real. O aparentemente real, por lo menos. Y lo entendieron: en 2018 Devilman Crybaby supuso un pequeño gran fenómeno internacional y Aggretsuko, prácticamente su opuesto creativo, hizo lo propio. Entre medias, Netflix estrenó otros cuatro animes más, tratando de aprender a dar con la tecla exacta.

De hecho, empezaron a jugar excesivamente con el anime en CGI y no fueron pocos los que empezaron a reírse de cosas como Los caballeros del zodiaco o Ghost in the shell: SAC_2045, que no entendían en absoluto qué es lo que había hecho famosas a sus sagas y trataban de reinventar la rueda. Llegó el momento de volverse a sentar y volver a pensar en lo que quería el público: ¿Anime original? ¿Licencias? ¿Continuaciones de series? ¿Remakes actualizados? La solución era mucho más sencilla: todo a la vez.

En la ranma de un árbol me posé

Y es lo que tenemos ahora: un maremágnum de anime imposible de abarcar para que todo el mundo tenga algo donde elegir. Anime surcoreano creado en inglés (Sangre de Zeus), remakes de las series de nuestra infancia (Ranma 1/2), licencias de éxito (Spy X Family, One Piece), adaptaciones de otras franquicias (Terminator Zero, La conserje Pokémon) y, además, éxitos como Sakamoto Days, DanDaDan o animaciones a medio camino entre oriente y occidente (Samurai de ojos azules). Pero, ¿por qué esta manía de apostar por el género?

Tiene truco: en Japón se pueden estrenar 300 ó 400 series de anime al año, muchas de ellas de nicho, de las que gracias a Crunchyroll, Netflix y otras plataformas que también están apostando por él, como Prime Video, pueden llegarnos un centenar. Pero el éxito es muy relativo: en Estados Unidos, el público se centra en cinco o seis series conocidísimas, y dejan el resto para los más otakus. Demon Slayer, One Piece, Ataque a los Titanes, Spy X Family y Kaiju no. 8, mientras que los japoneses lidian con cientos de intereses y series, entre el isekai, el shonen, el shojo y, por supuesto, las decenas de spokons que aparecen todos los años.

Obviamente, Netflix sabe que tiene que intentar crear este tipo de sensaciones, compitiendo con Crunchyroll. No es un decir: los suscriptores de Netflix ven una media de 62 minutos diarios. Los de Crunchyroll, 85. Obviamente, y aunque se pinten como una alternativa, para la Gran N son una competición, y con cada vez más gente aficionada al anime en occidente, han querido atacar y ganar en su propio campo. Es más, tratando de crear uno nuevo, la fusión entre dos tipos de animación en un momento en el que ambos están creciendo (en plataformas, ojo, no en televisión tradicional).

¿Por qué Netflix apuesta por el anime? Porque da dinero. ¿Por qué no apuestan otros streamers? Porque han llegado tarde. Y al final, todo se reduce a eso: entiende qué quiere tu público y dáselo antes que nadie, equívocate por el camino y no pares, si puedes, hasta triunfar. No sé mucho de creación de empresas, pero esta parece la clave de todo, ¿no? Piénsatelo dos veces antes de volver a despreciar un buen opening.

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Author: Randy Meeks

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