Sony ha anunciado hoy que dejará de fabricar discos físicos para las consolas PlayStation a partir de enero de 2028. Así lo comunicó la propia compañía. A partir de esa fecha, sus nuevos lanzamientos se volcarán en la distribución solo digital, una decisión que vuelve a poner sobre la mesa una discusión que nunca llegó a cerrarse: qué significa realmente “poseer” una compra digital.
La respuesta ha sido inmediata. En redes sociales, miles de jugadores han cargado contra la medida, y algunos ya piden cambios legales que protejan al consumidor en un mercado donde “comprar” muchas veces no equivale a tener algo en propiedad.
Para PlayStation, el cambio tiene peso histórico. Para los usuarios, toca una vieja herida.
La industria lleva años empujando hacia lo digital, eso no sorprende a nadie. Lo que cambia ahora es que desaparece una de las pocas certezas materiales que todavía quedaban para el jugador: guardar un juego, prestarlo, revenderlo o cambiarlo sin quedar atado a servidores, licencias o modificaciones en las condiciones de uso.
Ahí está el nudo del asunto para buena parte de la comunidad.
Un juego digital puede descargarse hoy y funcionar sin problema, pero el acceso sigue dependiendo de la cuenta del usuario, de la PlayStation Store de Sony y de unos acuerdos de licencia que controla la propia empresa. Por eso, el argumento que más se repite estos días no tiene mucho que ver con la comodidad. Tiene que ver con la propiedad.
La inquietud ha crecido todavía más por otro anuncio reciente de Sony, esta vez sobre contenido digital.
La compañía informó de que unas 500 películas y series “compradas” por usuarios desaparecerían de sus bibliotecas una vez expirado un acuerdo de licencias con Studio Canal. Para muchos, ese caso confirma justo lo que temían: el botón de “Comprar ahora” no asegura una propiedad permanente, sino un acceso que puede retirarse.
Y el debate le llega a Sony en un momento especialmente delicado.
En California, la empresa se enfrenta a una demanda colectiva que sostiene que términos de la PlayStation Store como “Buy Now” pueden inducir a error, ya que el usuario no obtiene una propiedad plena del contenido, sino una licencia revocable. En Reino Unido, por su parte, Sony también afronta otra gran acción colectiva, valorada en 2.700 millones, donde se la acusa de haber aprovechado su posición dentro de la plataforma para inflar el precio de juegos digitales y contenidos adicionales.
Muchos también leen esta polémica como otro episodio dentro de una racha reciente.
No hace tanto, Sony tuvo que recular con la exigencia de vincular una cuenta de PSN para poder jugar a Helldivers 2, después de una oleada de críticas y review bombing. Ahora el malestar vuelve, y vuelve más hondo, porque afecta de lleno al valor real de cada compra. Va más allá del golpe para las tiendas físicas o para los coleccionistas. Lo que reaparece es una discusión más amplia sobre la protección del consumidor en las tiendas digitales, un terreno en el que la ley sigue corriendo por detrás de los modelos de negocio.