Todo el mundo está hablando de la IA. Unos creen que presenta un nuevo mundo en el que podremos descansar y dejar que los ordenadores lo hagan todo por nosotros (porque, por lo visto, aún no se han enterado de cómo funciona el mundo real), y otros opinan que es el fin de los tiempos. En todo caso, y como decía Mafalda, esto no es el acabose, sino el continuose del empezose de la sociedad. Ahora nos sorprendemos con que una máquina sea capaz de hacer vídeos de Han Solo bailando una polka, pero en 1996 la batalla contra la IA era otra: delante de un tablero de ajedrez.
Este amor es azul como el mar, azul
En 1985, un grupo de estudiantes comandados por Feng-hsiung Hsu, comenzó a desarrollar, en la Universidad Carnegie Melon, un ordenador pensado exclusivamente para jugar al ajedrez llamado ChipTest, que después cambió su nombre (cuando IBM compró el proyecto) a Deep Thought, y finalmente a Deep Blue gracias a un concurso en el que sus fans tenían que poner nombre a la invención. Y aunque todo el mundo interesado en ello sabe de su batalla contra Garry Kasparov a mediados de los 90, lo cierto es que en 1989 hubo otra igualmente cruenta, que no acabó bien para la máquina.
Deep Thought perdió las dos partidas contra el campeón, y en IBM no pudieron aguantar la frustración: Joel Benjamin, un Gran Maestro, ayudó a rediseñarla, convencidos de que podría acabar con Kasparov. Y así fue: el 10 de febrero de 1996, Deep Blue se convirtió en el primer ordenador capaz de ganar a un Gran Maestro de ajedrez. Sin embargo, el día siguiente perdió. La humanidad no estaba del todo perdida. Tanto, que la IA no volvió a ganar (sí a empatar, dos veces) y Kasparov se alzó como gran vencedor de la contienda por 4 a 2. La raza humana había demostrado que un ordenador no podía con un cerebro.
Hasta 1997, el año después, cuando introdujeron mejoras y aprendieron de sus errores. Según se dice, en aquellas partidas que se disputaron entre el 3 y el 11 de mayo, Kasparov no jugó bien, pero la máquina no entendía el significado de “jugar bien” o “estar cansada”: tras 6 partidas, Deep Blue ganó por 3,5 a 2,5. En total, el ordenador ganó dos y el ajedrecista tan solo una. Suficiente para proclamar una nueva era para la IA, que poco después ya no encontró rival: no hay ser humano capaz de vencer a una IA especializada en ajedrez a día de hoy, y la última victoria registrada en una partida oficial contra un Gran Maestro fue, de hecho, en 2005. Ups.
Sin embargo, en estos tiempos donde parece que se puede escribir un prompt y tienes cualquier cosa al alcance de la mano, es el mejor momento para reivindicar el cerebro, saber dónde puede ir cada alfil, qué movimientos puede hacer el caballo, cuál es el objetivo del peón. Lo que viene siendo, vaya, una partida de ajedrez clásica, utilizando la cabeza en lugar de las LLM. Kasparov, por cierto, sigue vivo a sus 63 años y en la actualidad lleva una comunidad de ajedrez online (a base de suscripción, claro) titulada Kasparov Chess, donde puedes encontrar desde artículos hasta entrevistas y podcasts. ¿Quién le iba a decir a Kasparov que años antes de demostrar que los robots podían vencernos iba a acabar utilizando la IA para sacarse unos rublos extra?