Científicos de Harvard están buscando en el fondo del océano… una nave espacial

Estamos muy oceanográficos últimamente, desde que el Titán reventase en el fondo del mar hace una semana. Ahora hemos descubierto que…

El cazador de ovnis de la Universidad de Harvard cree que él y su equipo pueden haber recuperado diminutos fragmentos de un visitante interestelar en el fondo del Océano Pacífico, pero todavía hay muchos motivos para el escepticismo. Todos somos el Titán.

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Según informa la BBC, el incansable astrónomo de Harvard Avi Loeb ha encontrado lo que cree que podrían ser fragmentos de un meteoro alienígena utilizando su “gancho interestelar”, un artilugio con forma de tentáculo inventado por él que raspa el fondo del océano para recoger posibles muestras de rocas interestelares.

Loeb se ha hecho un nombre en su búsqueda de artefactos que podrían pertenecer a una civilización extraterrestre. Aunque quizás sea más famoso por sus teorías en torno al objeto interestelar ‘Oumuamua que pasó volando junto a la Tierra en octubre de 2017, la última anomalía en cuestión apodada IM1 cayó en el Océano Pacífico en 2014.

Un meteoro que llegó de fuera de nuestro Sistema Solar

Loeb cree firmemente que procedía de fuera de nuestro Sistema Solar debido a la increíble velocidad a la que se estrelló en nuestros mares, cuya ubicación confirmó posteriormente el Departamento de Defensa.

Y eso no es todo. Loeb sostiene que el meteorito podría representar la tecnología de una civilización alienígena, una teoría inverosímil que no dejará indiferentes a sus colegas.

Pero, ¿encontraron realmente él y su equipo pruebas de los orígenes interestelares del objeto o se limitaron a rebuscar entre los restos del fondo del océano?

A principios de este mes, Loeb y su equipo zarparon a bordo de una nave bautizada fortuitamente como Silver Star para dar un paseo con su anzuelo interestelar. Y el 21 de junio parecieron dar en el clavo al encontrar pequeños fragmentos esféricos llamados “esférulas”, compuestos por una extraña mezcla de hierro, magnesio y titanio.

Aunque Loeb parece estar seguro de que los diminutos fragmentos, de apenas un tercio de milímetro de tamaño, proceden del IM1, otros científicos se muestran escépticos y señalan que las esférulas también pueden ser creadas por procesos terrestres.

“Marc Fries, conservador de polvo cósmico de la NASA, explicó a la BBC que las esférulas metálicas diminutas son muy comunes en la Tierra. “Proceden de los tubos de escape de los automóviles, los frenos de los vehículos, las soldaduras, los volcanes y probablemente de algunas fuentes más que no hemos identificado”.

Y eso por no hablar de que podrían haber sido trozos de los cientos de otros meteoritos que nos llueven cada año.

Pero eso no ha perturbado a Loeb, que desde entonces ha insistido en su blog en que la composición “anómala” de las esférulas las convierte en un buen candidato para tener orígenes interestelares, aunque señala que es necesario seguir investigando para averiguar qué las hace tan especiales.

¿Y quién sabe? Todavía existe una minúscula posibilidad de que hayan llegado aquí desde un sistema estelar completamente distinto.

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Hay vida más allá de la Tierra: los científicos descubren otro planeta en el que podríamos vivir… a 90 años-luz

¿Y si te decimos de cambiarte no ya de barrio o de piso, sino de planeta? Pues dentro de no tanto puede ser posible. Que alguien vaya afinando el BlaBlaCar galáctico.

Las mudanzas son lo peor: coge cajas, mueve muebles, embala, desembala, tira, conserva… Si estás deseando no volver a hacer una jamás, estás en nuestro equipo. Pero claro, hoy te vamos a hablar de una mudanza muy diferente: ¿Y si te decimos de cambiarte no ya de barrio o de piso, sino de planeta? Pues dentro de no tanto puede ser posible. Que alguien vaya afinando el BlaBlaCar galáctico. No, Elon Musk, tú no, por favor.

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Tierra-2

Desde el ‘Viaje a la luna’ de Méliès hasta hoy, encontrar un sitio en el que quedarnos a vivir como raza humana ha sido un sueño. A esperas de que dentro de no tanto se convierta en una triste, triste obligación debido al cambio climático, los científicos han encontrado ahora un planeta que se parece en tamaño a la Tierra y, lo que es mejor, puede tener atmósfera. Su nombre, eso sí, necesita mano de un equipo de márketing: LP 791-18d. Por proponer, propongo “Tierrón”, que es bastante más llamativo. Así, cuanto nos tocara marchar en el cohete, podríamos decir “¡Al Tierrón!”.

El exoplaneta en cuestión está a 90 años luz de la Tierra (un paseo a comprar el pan y vuelta, vaya) y se sabe que una de sus caras siempre mira a la estrella de la constelación de Crater, lo que hace que no vaya a ser buena idea hacer turismo por allí por mucho bronceado que quieras lucir. En esa zona no podría haber agua de ninguna de las maneras, pero los científicos sospechan que en la otra la actividad volcánica podría crear una atmósfera y, por tanto, agua. Un “lado oscuro” que da esperanzas. Toma giro, ‘Star Wars’.

Es más, el mismo grupo de científicos ha afirmado que el descubrimiento de LP 791-18d es un primer paso para encontrar vida fuera del sistema solar. Este hallazgo ha sido posible gracias al telescopio James Webb, que fue lanzado hace año y medio al espacio con la idea de que, tarde o temprano, nos de información incluso de la creación de las primeras galaxias. El cosmos es grande, innato y, ¿quién sabe? Quizá esté poblado de mapaches con pistolas, aunque de momento nos quede esperar para conocer cómo “los ingredientes de la vida pueden existir en otros mundos aparte del nuestro”, como han dicho los científicos.

¿Hay vida en Venus? La sorprendente respuesta es… “Quizá”

Según el último informe de un grupo de astrónomos, es posible que al tener miedo de los marcianos estuviéramos mirando al lado incorrecto del sistema solar.

No llaméis a Iker Jiménez: de momento no ha aparecido ningún venusiano por la Tierra saludando y pidiendo ver a nuestro líder. Pero, según el último informe de un grupo de astrónomos, es posible que al tener miedo de los marcianos estuviéramos mirando al lado incorrecto del sistema solar. ¿Hay vida en Venus? La respuesta es más “quizá” que un “no” rotundo.

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Venus del brazus

‘Nature Astronomy’, una revista especializada en ciencia que se lleva publicando desde enero de 2017, ha publicado un estudio que indica que en las nubes del planeta se ha encontrado una extraña molécula llamada fosfina. Se trata de un gas muy inflamable que debe estar helado para mantenerse así: a temperatura ambiente explota… Y libera olor a ajo y pescado podrido. Si los venusianos existen, lo primero que les tenemos que enseñar es la colonia.

No está claro, pero la fosfina podría ser un indicador de vida. Sí, también se ha encontrado en Júpiter y Saturno, pero en este caso la diferencia está en que no se sitúa en la atmósfera del planeta, sino que está formado por materia orgánica en descomposición. O lo que es lo mismo, por enterarnos, que su composición está hecha de fósforo e hidrógeno.

No es menos cierto que la fosfina encontrada no está a tamaños que puedan suponer un cambio en el tablero: en diciembre de 2022, la NASA no encontró la molécula en la atmósfera de Venus: como mucho, habría 0,8 partes de fosfina por cada mil millones de todo lo demás (eh, hay gente que tiene aún menos posibilidades de ligar). Sin embargo, en Hawái y Chile han sido más optimistas al respecto, aunque necesitan más tiempo para investigar.

Si esperabas que la respuesta a este artículo fuera “Sí, sin duda, y mañana vendrán a desayunar a tu casa, así que no te olvides de comprar cruasanes” entendemos la decepción, pero no deja de ser un avance científico increíble… que, a larguísimo plazo, lo puede cambiar todo. De momento, seguid haciendo planes para mañana: no parece que los venusianos vengan a invadirnos dentro de poco.

Un agujero negro apunta directamente a la Tierra: “No está claro cómo va a afectar a nuestra galaxia”

El agujero negro se encuentra a 657 millones de años luz y si quisiéramos ir hasta allí en una nave tardaríamos 19000 años.

Si hay una frase que no queréis leer en una noticia sobre un agujero negro enorme que apunta hacia la Tierra es “No está claro cómo va a afectar a nuestra galaxia”. Y sin embargo, en estas estamos. De momento no hay que prepararse para el fin del mundo, ni mucho menos: el agujero negro se encuentra a 657 millones de años luz y si quisiéramos ir hasta allí en una nave tardaríamos 19000 años. Tenemos mejores cosas que hacer mientras tanto.

El centro del universo

PBC J2333.9-2343. No es el nombre del nuevo hijo de Elon Musk, sino el de este agujero negro hipergrande que se encuentra en el centro de una galaxia lejana y que ahora ha virado su rumbo para dirigirse hacia la Tierra. De momento, los científicos de la Royal Astronomical Society están haciendo pruebas para comprobar qué está ocurriendo.

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Aprende Astronomía empezando por reconocer los elementos de la bóveda celeste

Concretamente, el fenómeno espacial ha rotado 90 grados y se ha convertido en un “blazar”, que no es una tienda en la que encuentras todo tipo de cosas sino el punto de una galaxia que apunta directamente hacia la Tierra. Los blazars son objetos con una energía muy alta y uno de los fenómenos más poderosos del universo. Seguro que os da muchísima tranquilidad saber que ahora hay uno, a 657 millones de años luz, mirándonos a la cara.

Aunque aún no saben qué ha propiciado el cambio de dirección, los científicos creen que se chocó con otra galaxia. En este caso, PBC J2333.9-2343 es una galaxia que se sale de la norma de lo que normalmente conocemos como tal, abriendo la posibilidad a nuevos descubrimientos científicos. Estaremos atentos para ver cómo evoluciona y mirando al cielo de reojo por si acaso. No vaya a ser que un agujero negro venga de la nada.

¿Estamos más cerca de colonizar otros planetas? La herramienta que nos va a ayudar a buscar vida

La herramienta en cuestión es una técnica de búsqueda de agua en el espacio que utiliza el tamaño de un exoplaneta para estimar cuánto líquido hay bajo su superficie.

El agua es vida. No solo es un eslogan pegadizo: es, además, una realidad. Ninguno de los planetas que estamos explorando en el espacio exterior puede albergar vida de ningún tipo, porque no tienen agua con la que sobrevivir. Pero eso puede cambiar gracias a una nueva herramienta creada por astrónomos de la Universidad de Cambridge con la que serán capaces de dar uno de los pasos más grandes hacia la colonización de otros planetas.

Un paso más cerca de Planet Express

La herramienta en cuestión es una técnica de búsqueda de agua en el espacio que utiliza el tamaño de un exoplaneta para estimar cuánto líquido hay bajo su superficie. No nos referimos a ríos, mares y cascadas, sino a una cierta cantidad de agua encerrada en rocas y minerales a kilómetros de la superficie. No es tan llamativo, pero puede ser el inicio de la creación de vida (o la supervivencia humana).

Si podemos saber cuántos de estos minerales hay dentro de un planeta, es posible sacar el agua de su interior, llevarla de nuevo a la superficie y poder rellenar, por ejemplo, océanos que en su día desaparecieron por el calor intenso o la radiación. “Este modelo nos da un límite sobre cuánta agua puede llevar un planeta en su interior, basándose en esos materiales y su habilidad para tener agua en su superficie”, comentan los científicos. ¿Podremos bañarnos algún día en los océanos de Saturno? No nos adelantemos.

De momento, los cientifícos utilizarán esta nueva rama de la búsqueda de planetas para encontrar aquellos con mayor posibilidad de tener vida alienígena y estudiarlos más detenidamente tras hacer un triaje. Eso sí, no penséis que porque un planeta sea enorme tendrá mucha agua en su interior: de hecho, los científicos apuntan más bien a planetas similares en masa a la Tierra. Por ejemplo, Venus. Se sospecha que antes de ser el planeta más cálido del sistema solar con unos 475 grados de nada, tuvo agua en su superficie.

Si ese es el caso, podríamos ayudar a enfriar el planeta gracias a esta herramienta. ¿Quién sabe? Quizá en las próximas décadas podamos irnos de resort vacacional a una calita venusiana…