El deporte está moviendo a los suscriptores de los servicios de streaming. ¿El problema? No se quedan

Durante las temporadas de la NFL 2023 y 2024, los servicios de streaming han experimentado un notable aumento en inscripciones diarias. Paramount+ reportó un promedio de 117,000 inscripciones diarias, lo que representa un incremento del 41% en comparación con la temporada baja. Por su parte, Peacock también vio un aumento, con un promedio de 76,000 inscripciones diarias, un 25% más que en períodos anteriores.

Todo te sale de verdad de deporte

A pesar de este crecimiento inicial, los datos de Antenna revelan que hay desafíos de retención. Los consumidores que cancelaron Peacock después de los eventos en vivo de WWE fueron 40 veces más propensos a ver WWE Raw en Netflix. Esta tendencia sugiere que, aunque las plataformas están atrayendo nuevos usuarios, mantener el interés de estos puede ser complicado.

En un contexto más amplio, los nuevos servicios como ESPN Unlimited, que debutó en agosto, lograron captar 1.7 millones de inscripciones, mientras que Fox One, lanzado en el mismo mes, alcanzó 2.3 millones. Juntas, estas plataformas sumaron un total combinado de 4 millones de suscripciones para finales de octubre. Sin embargo, los servicios de MVPD virtuales, como Hulu + Live TV y Fubo, experimentaron una disminución del 12% en sus inscripciones en comparación con el año anterior, aunque aún alcanzaron 4.7 millones de usuarios.

Por otro lado, NFL+ y NFL Sunday Ticket registraron 3 millones y 2.1 millones de suscripciones en septiembre, con aumentos significativos del 37% y 22% respectivamente. A nivel más amplio, las suscripciones a servicios de streaming dedicados a deportes crecieron un 18% en comparación con el año anterior.

La tendencia sugiere que el interés por los deportes en streaming está en aumento, aunque las plataformas deben abordar de manera efectiva la retención de sus usuarios para capitalizar este crecimiento. Sin embargo, la competencia se intensifica y la necesidad de mantener la calidad del contenido es fundamental.

Un Youtuber machista que fingía dormir durante los partidos de baloncesto femeninos es expulsado de la NBA

La idea del chistazo era el siguiente: ir a partidos de baloncesto femeninos y hacer como que se quedaba dormido ocupando tres asientos

En España supimos acabar pronto con el todo vale de los Youtubers a la hora de gastar bromitas a diestro y siniestro: el famoso “Cara anchoa” que acabó en el sopapo viral a un tal MrGranBomba (que, por cierto, se ha reinventado, le podéis encontrar en TikTok como Sergio Soler) bajó del carro a un montón de supuestos creadores de contenido que no querían acabar con la mejilla caliente. Sin embargo, en Estados Unidos la cosa parece ser sistemática… y, por suerte, no siempre acaba bien para los bromistas en cuestión.

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Machoncesto

Es el caso de JiDion, un YouTuber que tenía preparada la broma menos graciosa que podáis imaginar con la única intención de, bueno, mostrar su machismo en público. La idea del chistazo era el siguiente: ir a partidos de baloncesto femeninos y hacer como que se quedaba dormido ocupando tres asientos, tratando así de humillar tanto a las jugadoras como a sus fans. Si te parece gracioso, francamente, háztelo mirar. No lo es.

De hecho, fue a un partido de las Minessota Lynx donde hizo como que dormía y, cuando le llegó la pelota tras un rebote, en lugar de devolverla deportivamente intentó tirar a canasta, fallando miserablemente. Recordemos que todo esto lo sabemos porque él mismo ha subido los vídeos en un ataque de ego sin igual. Pero, por si la comedia de primer nivel no fuera suficiente, poco después intentó redoblar sus esfuerzos en ser la persona menos divertida sobre la faz de la Tierra.

El jueves pasado, JiDion fue a un partido de Los Angeles Sparks en pijama (¡más comedia!) y, cuando el departamento de seguridad le dio una advertencia, mintió diciendo que tenía una condición médica que le obligaba a quedarse dormido. Se supone que esto era otro chiste, por cierto. No penséis que el muchacho es un adolescente: tiene ya una edad como para andar haciendo estas tonterías.

Y se dio cuenta poco después: cuando, finalmente, seguridad le echó a la calle, le informó de que su presencia “no estaba permitida en el local”. Y no solo en los partidos de la WNBA, sino en “todos los eventos relacionados con la NBA. Es cierto que el organismo no se ha pronunciado, pero sus fans (que los tiene, porque por supuesto que los tiene) ya se han levantado contra la WNBA, llenando sus posts de Instagram de spam y de frases que no publicaré aquí por pura decencia.

Nadie lo encapsuló mejor que el tuitero @israelizreal: “Este hombre ha dejado que su odio por las mujeres le eche de todos los eventos de la NBA. Increíble. Realmente, una generación de perdedores“. Pues eso. Lo mejor que uno puede hacer es intentar no ser patético a cambio de rascar cuatro likes.

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La imposible historia del frisbee que acabó con uno de sus creadores incinerado… y convertido en disco volador

Pero, por lo que sea, tú en verano no juegas a Pluto Platter, juegas a un frisbee, ¿no? Pues se lo debes a los universitarios de Yale

Todo empezó con una pareja de 19 años jugando a lanzarse una tapa en las playas de Los Angeles y acabó siendo un fenómeno mundial. Era 1939 y Walter Frederick Morrison se acababa de casar con Lucille Eleanor Nay: eran la prototípica pareja joven americana que reía, jugaba y disfrutaba de inventarse juegos como el de tirarse el molde de una tarta, cogerlo y volver a tirarlo. Cuando un señor les ofreció 25 centavos para poder jugar él, vieron que había algo. “Algo” traducido como “Dinerito“, claro.

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De platillos volantes a frisbees

De hecho, la pareja empezó un negocio llamado “Moldes de tarta voladores” con la idea de que si costaban cinco centavos en la tienda y podían revenderlo por cinco veces más, solo tendrían beneficios. Y no les fue mal hasta que estalló la II Guerra Mundial: Walter se montó en un avión, acabó siendo preso durante 48 días y, al volver a casa, continuó con el negocio. Bueno, más o menos.

En la guerra, Walter había aprendido algo sobre la aerodinámica, lo suficiente como para no seguir con moldes de tarta: fabricó un prototipo llamado Whirlo-Way, que después se llamaría Platillo Volante (Flying Saucer). Fue un fracaso absoluto, pero eso no hizo que abandonara la idea del disco volador. De ideas fijas, el hombre. En 1955, junto a su pareja, fabricaron el Pluto Platter, que vendieron vestidos con trajes de astronauta y destacando su vertiente espacial. Era lo que tocaba a mediados de los 50, al fin y al cabo: cohetes, naves y astronautas.

Pero, por lo que sea, tú en verano no juegas a Pluto Platter, juegas a un frisbee, ¿no? Pues se lo debes a los universitarios de Yale, que, a falta de frisbees, se estaban tirando -ojo al dato- moldes de tarta de la marca Frisbie Pie (que, por cierto, a duras penas pero sigue aún en pie desde 1871). Veinte años después de que una pareja de jóvenes enamorados se tiraran moldes de tarta en una playa de Los Angeles, esos mismos moldes hicieron nacer el frisbee. Se convirtió en tal éxito que incluso hubo canciones, musicales y ligas profesionales dedicadas al mismo.

Ed Headrick fue la persona encargada de montar todo lo relacionado con el deporte del frisbee, que disparó las ventas hasta ahora. Para tanto fue la cosa, que cuando Headrick murió, fue incinerado y convertido en unos cuantos frisbees conmemorativos que le dieron a familia y allegados. El típico que en verano no te apetece tirar para que lo coja tu perro, por si acaso.

Al final, Walter y Lu se separaron dos veces y se casaron otras dos, tuvieron dos hijos e inventaron más cosas pero sin tanto éxito. Si es que las mejores invenciones siempre nacen del amor. ¡Aunque sea un disco de plástico que vuela!

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El fracaso del escudo del Atlético de Madrid es toda una lección de márketing

Han pasado siete años, y lo que está ocurriendo quizá no sea apasionante desde el punto de vista futbolístico, pero desde luego que lo está siendo desde el del marketing.

En estos momentos, España está dividida entre dos elecciones cruciales que marcarán el curso de los próximos años: de un lado, las generales del 23-J. De otro, la votación del escudo del Atlético de Madrid, que ha preguntado a las bases si quieren quedarse con el nuevo, adoptado en diciembre de 2016, o el de toda la vida. Han pasado siete años, y lo que está ocurriendo quizá no sea apasionante desde el punto de vista futbolístico, pero desde luego que lo está siendo desde el del marketing.

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New Atleti

El 23 de abril de 1985, y ante la subida en ventas de Pepsi, Coca-Cola decide dejar a un lado su refresco clásico y lanzar por todo lo alto New Coke. Era un sabor más potente, más rico, que había funcionado bien en los tests. El sustituto perfecto para el refresco de toda la vida, que ya se había quedado anticuado. Nunca más volvería a salir el sabor antiguo… Si no fuera porque la reacción del público fue tan negativa que la bajada en ventas les obligó, solo dos meses y medio después, a anunciar que el sabor de siempre volvería como “Coca-Cola Classic”. En 2002, New Coke, convertido en el nombre a Coke II, desapareció para siempre.

Algo parecido está pasando con el escudo del Atlético de Madrid. Los expertos en branding aseguran que el nuevo escudo se entiende mejor, es más dinámico y moderno, es más bonito al ojo en general. Pero a los fans les da absolutamente igual. Hay una ley básica del márketing que ha implosionado, esa que dice que toda novedad es mal recibida de primeras y al final acaba quedándose en el imaginario popular (acordaos del recibimiento a Don Limpio como sustituto de Mister Proper, por ejemplo).

Y es que el Atlético de Madrid había llegado al punto al que toda marca quiere llegar alguna vez en su vida: los aficionados personificaban el escudo, le daban una familiaridad que, de por sí, no tiene. Hay quien en Twitter ya está diciendo que le da igual si el otro es más bonito: ¿O es que acaso te gustaría más el nuevo novio de tu madre si fuera más guapo que tu padre? El escudo entendido como padre, como familia, como identificación absoluta. No importa si el nuevo viene con billetes de 100 euros para todos debajo del brazo o si los cambios son mínimos: los forofos quieren lo de siempre.

Desde el punto de vista exclusivamente de la marca, la violencia con la que los aficionados se están tomando una elección que al equipo directivo, en el fondo, importa un pimiento, es toda una lección de márketing. ¿Qué pasa cuando decepcionas a tus fans más enfervorecidos y les cambias todo aquello en lo que creen? Si Netflix variara mañana a un logotipo verde, o si Carrefour abandonara su “C” para poner una flor en su lugar (¿Carreflor? Ahí lo dejo) causarían menos controversia. No es ya que el fútbol se sienta más o menos, no es un jugador, no es un gol, no es un estadio: es un escudo. Es la marca pura y dura por lo que los fans están luchando, una iconografía que es más que eso: es todo lo que sienten, de manera irracional, por un club. Y es que, ¿qué hay más irracional que el deporte, al fin y al cabo?

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