Los canales infantiles de YouTube también juegan con la IA, como no podía ser de otra forma

Si tienes hijos, es probable que conozcas Ryan’s World, uno de los canales más famosos de YouTube que ha dado pie a todo tipo de spin-offs, incluyendo, por supuesto, una película que no fue a ver nadie. Desde hace un tiempo, Ryan’s World está dentro de Pocket.watch, conocido por otras franquicias infantiles como Love, Diana. Y ahora, por supuesto, está intensificando su inversión en el ámbito de la inteligencia artificial. La compañía ha diseñado una herramienta propia llamada Channelyzer AI, la cual promete mejorar sus operaciones dentro del sector mediático. Este nuevo desarrollo se alinea con la tendencia creciente entre las empresas de entretenimiento para adoptar tecnologías avanzadas que optimicen su rendimiento y, al mismo tiempo, ofrezcan nuevas vías de ingresos.

rIAn’s World

Además, Pocket.watch ha establecido una colaboración con Troveo, una plataforma previamente reconocida por su contenido de capacitación en IA ético. Esta asociación no solo refuerza la credibilidad de Pocket.watch en un campo tan delicado como el de la inteligencia artificial, sino que también apunta a un compromiso con el desarrollo responsable de dicha tecnología. La compañía sostiene que estas iniciativas estratégicas están diseñadas para “desbloquear nuevas oportunidades de monetización”.

El lanzamiento de Channelyzer AI se presenta como un paso audaz hacia la evolución digital de Pocket.watch, permitiéndoles analizar y maximizar el rendimiento de sus productos en plataformas mediáticas. Con el auge de la IA en la industria del entretenimiento, el éxito de esta herramienta podría ser un factor determinante en la capacidad de la empresa para mantenerse competitiva en un mercado en constante cambio.

En un contexto donde las nuevas tecnologías juegan un papel crucial, las acciones de Pocket.watch podrían inspirar a otras compañías en el sector del entretenimiento infantil a seguir una ruta similar. Si bien la compañía parece estar bien posicionada para aprovechar estas oportunidades, el éxito de Channelyzer AI y su colaboración con Troveo aún deben ser evaluados en el tiempo. Las expectativas son altas, pero el camino hacia la monetización efectiva en este nuevo ámbito no siempre es predecible.

Una influencer cae por un puente mientras se hacía un selfie. Y no es la primera…

La influencer cruzó la barrera, fue a sacarse una foto… y cayó desde una altura de 50 metros, un accidente que varias personas vieron.

Una de las cosas más divertidas del mundo es ver a los influencers en cuanto dejan de grabar sus planos de vacaciones o comiendo y se apaga la cámara, porque de pronto ves cómo también se apaga su expresión, su vida, su supuesta alegría. Pero claro, de cara al teléfono hay que ser el más feliz, el más divertido, el más loco, el mejor. Y así pasa lo que pasa, que si uno se tiene que caer de puente, pues se cae. Así es la vida que hemos elegido.

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Puente de mayo

En este caso ha sido Inessa Polenko, que tenía casi 10.000 seguidores en Instagram y acostumbraba a sacarse selfies continuamente. De hecho, fue lo último que hizo en un pequeño pueblo de Georgia (Estados Unidos) llamado Gragy. Polenko, de 39 años, estaba buscando lugares donde poderse hacer nuevas fotos y vídeos para sus redes sociales cuando decidió pasar por una zona peligrosa vallada para que nadie cometiera el error de cruzar.

La influencer cruzó la barrera, fue a sacarse una foto… y cayó desde una altura de 50 metros, un accidente que varias personas vieron en la distancia. Al llegar al lugar de los hechos, y por mucho que intentaran reanimarla, fue imposible evitar su muerte. Normalmente esto serviría como cuento cautelar para evitar futuras muertes, pero aunque parezca extraño crea un efecto llamada. No es la primera influencer que muere por intentar tomarse un selfie donde no debe… ni, probablemente, será la última.

De hecho, en varios países ya han creado zonas en las que se prohíbe sacar selfies para evitar despeñamientos y muertes innecesarias. Está bien tener el feed más chulo de todo Instagram, pero, por favor, probablemente no hace falta que te partas la crisma para ello.

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Una influencer saca su propia marca de galletas… y comete el peor error de su vida

No parecía tan raro que anunciara sus propias galletas. El problema es todo lo que ha ocurrido después: un agujero negro a la vergüenza ajena.

Es habitual, a estas alturas, que los influencers nos intenten colar todo tipo de productos basados en su vida, desde hamburguesas hasta líneas de ropa, colonia o incluso series de televisión. Es el caso de Pokimane, que tiene 9,3 millones de seguidores en Twitch, 4,2 en Twitter, 6 en Instagram y 6,6 en YouTube. Vamos, lo que viene siendo una economía más poderosa que algunos países. Por eso no parecía tan raro que anunciara sus propias galletas. El problema es todo lo que ha ocurrido después: un agujero negro a la vergüenza ajena.

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Stop being poor

Pokimane afirmó que llevaba dos años trabajando en su empresa, Myna Snacks, dedicada a mantener la buena salud de sus clientes. De hecho, su primer producto fue Midnight Mini Cookies, una galleta hecha con harina de coco sin gluten ni ingredientes modificados genéticamente y con vitamina D en su interior. ¿El problema? Bueno, entre muchos otros, que cuestan 28 dólares… Y hay un producto de marca blanca sorprendentemente similar (casi habría quien diría que es un plagio) por muchísimo menos.

El producto de Myna cuesta un 300% más que el aparentemente plagiado (y fabricado por la misma empresa, Creation Foods), Toatzy Midnight Mini Cookies, del que incluso su nombre es sorprendentemente similar… y que dejó de venderse hace muy poco, como preparando el terreno para la llegada de otras galletas absolutamente iguales sin que la gente pudiera comparar.

Pero el público, claro, empezó a decírselo a Pokimane, que optó, en directo, en Twitch, por tomar la peor decisión posible: llamar “pobre” a su público. Obviamente, después se ha retractado y ha dicho en varias entrevistas que su objetivo no es ganar dinero, sino traer el bien al mundo. A 28 dólares la caja de galletas.

“Cuando la gente dice ‘Dios mío, 28 dólares por galletas’… Son cuatro bolsas, o sea, 7 dólares por bolsa. Lo sé, las matemáticas son difíciles cuando eres un idiota“, continuaba ante las miradas atónitas de sus espectadores, sobre todo teniendo en cuenta que hasta ahora había destacado como una chica amable y simpática. La típica broma donde llamas pobre e idiota a tu base de fans. El futuro de las galletas y de su línea de comida saludable aún es un misterio, pero la cosa no pinta bien para su aventura empresarial. Vamos, que se va a dar una buena galleta.

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150.000 euros y un dolor inexplicable para la operación de estética más tonta de un influencer

Seis centímetros. Eso es lo que ha aumentado Cossio tras la operación de estiramiento de piernas.

Vivimos en la época de los retoques estéticos. Una nariz más pequeña, unas orejas más grandes, un poco de bótox para quitar las arrugas. Lo que quieras. Sin embargo, es lícito preguntarse hasta dónde es “demasiado lejos”… y mira por dónde, el que ha llegado al límite es Yeferson Cossio, un influencer que se ha gastado un dineral sufriendo terribles dolores para aumentar su estatura de manera imperceptible.

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No daba la talla

Ha pasado en Colombia, donde Yeferson cuenta con casi once millones de seguidores en Instagram. El muchacho es conocido por tener el cuerpo lleno de tatuajes y por intentar crear un show allá por donde pasa. El último ha sido hacerse una cirugía de piernas. Pero no para arreglar un dolor o para prevenir algún tipo de problema, sino por motivos puramente estéticos.

Seis centímetros. Eso es lo que ha aumentado Cossio tras la operación de estiramiento de piernas. Y no es que el chico sea bajito, ni mucho menos: ha pasado de medir 1’77 metros a plantarse en 1’83. 150.000 euros del ala para un procedimiento doloroso y repleto de problemas post-operatorios que ha narrado desde el minuto uno hasta el último, añadiendo que no es que se la haya pegado con el coche o que un narco le haya partido las piernas, sino que, simplemente, le apetecía.

Y no hay nada más peligroso que alguien acostumbrado a la fama con demasiado dinero entre manos. De momento ya le han dicho que dentro de cuatro meses, cuando acabe el post-operatorio, podrá volver a tener vida normal (probablemente). No son pocos los que han opinado que es simple clickbait y que él está perfectamente, pero, hasta la confirmación del posible trolleo, cabe la duda.

Por existir, la operación existe. Se puede hacer. Cuesta un dineral, te advierten en todos los sitios que no es segura y que incluso puedes acabar peor que antes, pero no hay ninguna ley que te impida probar a alargarte los huesos. En fin. La vida del influencer es lo que tiene.

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El futuro es horrible: una cantante hecha por IA acaba de firmar un contrato discográfico

¿Cuál es el truco? Que esta modelo no envejece, crece, se queja ni exige derechos laborales porque… está hecha por una inteligencia artificial.

En 2018, a los 19 años, Noonoouri apareció por primera vez en redes sociales. Poco después estaba desfilando para Christian Dior, Valentino o incluso la línea de cuidado y belleza de Kim Kardashian. En 2023, a los 19 años, Noonoouri está a punto de grabar su primer disco. ¿Cuál es el truco? Que esta modelo no envejece, crece, se queja ni exige derechos laborales porque… está hecha por una inteligencia artificial.

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No no, Noonoouri

El padre de la influencer en cuestión es Joerg Zuber, un artista CGI de Munich que utilizó la voz de una cantante real para crear la de Noonoouri, pasándola antes por distintos filtros para hacerla reconocible. Los límites éticos se bambolean alegremente ante vosotros ahora mismo, pero, por lo visto, no han sido suficientes para que Warner no haya firmado un contrato discográfico con ella.

Siendo honestos, tampoco es que las cifras sean espectaculares. O sea, no es Hatsune Miku precisamente: tiene 400.000 seguidores en Instagram y su primera canción, ‘Dominoes’, ha sido vista por 73.000 personas. El tema es tan veraniego y entretenido como absolutamente desprovisto de alma, como un recordatorio de lo que, en el fondo, es la IA en sí misma. Pero ojo, porque hay truco.

Aunque obviamente se ha utilizado inteligencia artificial para crear la música y los quehaceres de Noonoouri, su creador sabe que no está bien visto, así que se ha apresurado a hacer otro vídeo dejando claro que su personaje es CGI. “Cada vez que puedas verme o, como ahora, oírme, hay humanos de fondo”, explica la propia modelo practicando el bello oficio de excusatio non petita, accusatio manifesta.

Zuber dice que han sido dos años de trabajo en su proyecto musical y que es solo el principio: Alle Farben ha compuesto su primera canción y se llevará parte de los royalties por los derechos de autor, que se dividirán entre los autores, el padre de la criatura y la discográfica. ¿Será el nuevo éxito virtual o quedará en el olvido de esas cosas que pudieron petarlo y se quedaron en la nada?

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Un Youtuber machista que fingía dormir durante los partidos de baloncesto femeninos es expulsado de la NBA

La idea del chistazo era el siguiente: ir a partidos de baloncesto femeninos y hacer como que se quedaba dormido ocupando tres asientos

En España supimos acabar pronto con el todo vale de los Youtubers a la hora de gastar bromitas a diestro y siniestro: el famoso “Cara anchoa” que acabó en el sopapo viral a un tal MrGranBomba (que, por cierto, se ha reinventado, le podéis encontrar en TikTok como Sergio Soler) bajó del carro a un montón de supuestos creadores de contenido que no querían acabar con la mejilla caliente. Sin embargo, en Estados Unidos la cosa parece ser sistemática… y, por suerte, no siempre acaba bien para los bromistas en cuestión.

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Machoncesto

Es el caso de JiDion, un YouTuber que tenía preparada la broma menos graciosa que podáis imaginar con la única intención de, bueno, mostrar su machismo en público. La idea del chistazo era el siguiente: ir a partidos de baloncesto femeninos y hacer como que se quedaba dormido ocupando tres asientos, tratando así de humillar tanto a las jugadoras como a sus fans. Si te parece gracioso, francamente, háztelo mirar. No lo es.

De hecho, fue a un partido de las Minessota Lynx donde hizo como que dormía y, cuando le llegó la pelota tras un rebote, en lugar de devolverla deportivamente intentó tirar a canasta, fallando miserablemente. Recordemos que todo esto lo sabemos porque él mismo ha subido los vídeos en un ataque de ego sin igual. Pero, por si la comedia de primer nivel no fuera suficiente, poco después intentó redoblar sus esfuerzos en ser la persona menos divertida sobre la faz de la Tierra.

El jueves pasado, JiDion fue a un partido de Los Angeles Sparks en pijama (¡más comedia!) y, cuando el departamento de seguridad le dio una advertencia, mintió diciendo que tenía una condición médica que le obligaba a quedarse dormido. Se supone que esto era otro chiste, por cierto. No penséis que el muchacho es un adolescente: tiene ya una edad como para andar haciendo estas tonterías.

Y se dio cuenta poco después: cuando, finalmente, seguridad le echó a la calle, le informó de que su presencia “no estaba permitida en el local”. Y no solo en los partidos de la WNBA, sino en “todos los eventos relacionados con la NBA. Es cierto que el organismo no se ha pronunciado, pero sus fans (que los tiene, porque por supuesto que los tiene) ya se han levantado contra la WNBA, llenando sus posts de Instagram de spam y de frases que no publicaré aquí por pura decencia.

Nadie lo encapsuló mejor que el tuitero @israelizreal: “Este hombre ha dejado que su odio por las mujeres le eche de todos los eventos de la NBA. Increíble. Realmente, una generación de perdedores“. Pues eso. Lo mejor que uno puede hacer es intentar no ser patético a cambio de rascar cuatro likes.

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“NO necesitas este producto”: ¿Qué demonios es el de-influencing en TikTok?

De los influencers pasamos a los microinfluencers. Y de ahí, al siguiente paso lógico: los de-influencers. O sea, la gente que te dice por qué no necesitas un producto. Ojo.

Durante años, las marcas han estado pendientes de los influencers, esas personas que, supuestamente, son capaces de conseguir que la gente consuma un producto simplemente hablando de él. Y al principio era algo bonito, casi natural, hasta que empezó a haber parné por el medio. Desde entonces, cada recomendación se mira con lupa. De los influencers pasamos a los microinfluencers. Y de ahí, al siguiente paso lógico: los de-influencers. O sea, la gente que te dice por qué no necesitas un producto. Ojo.

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Pa k kieres eso jaja salu2

Imagina que, como marca, has gastado miles de euros en una campaña para que Dulceida y Verdeliss digan en su Instagram o en su TikTok lo mucho que les gusta tu bolso. Su discurso puede sonar más o menos realista (desde que la etiqueta #ad es obligatoria, menos), pero lo que todo el mundo va a interpretar como sinceridad brutal es el discurso de un anti-influencer diciendo todos los motivos por los que deberías guardarte el dinero. Y no es tan fácil recuperarse de un golpe de realidad como ese.

Normalmente, los anti-influencers comentan en trends virales, campañas de esas que hacen todos los famosos y productos que se hacen famosos de la noche a la mañana. Y no creáis que esto es una moda que sale de la noche a la mañana: los vídeos bajo la etiqueta #deinfluencing ya acumulan 727 millones de visualizaciones en TikTok, o lo que es lo mismo, 727 millones de ventas que pueden haberse perdido.

La idea es la misma que había tras BeReal: en un mundo plagado de recomendaciones falsas, “aquí sufriendo”s y posers, mostrar la realidad sirve como antídoto a las propias redes sociales. Se siente auténtico, que es exactamente lo que la Generación Z busca en TikTok. Un de-influencer rompe las expectativas, destruye la necesidad real de tener un producto, machaca sin compasión la viralidad (y, sobre todo, la falsa viralidad): es la voz del pueblo, el que no se deja comprar, la respuesta de una generación a los influencers millennials.

¿Es una muestra de que el presente es mucho más negativo que el pasado o de que la generación Z está harta del postureo? ¿O, simplemente, de cómo un trend puede hacerse popular de la noche a la mañana? Cuando algún día, dentro de décadas, se estudie TikTok, vamos a acabar viendo cómo la anti-influencia marcó toda una época. Y menos mal: era el antídoto que necesitábamos ante la estupidez colectiva.

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La increíble historia de la primera influencer de la historia: Nancy Green

Hubo una pionera a todas estas personas anónimas que acabaron siendo la cara visible de un producto: la proto-influencer, la primera persona que decidió ser una especie de “mascota” de un producto, fue Nancy Green.

Vivimos en un mundo de influencers: la palabra entró en nuestra vida hace unos años y no se ha vuelto a despegar de nosotros. Influencers de moda, de cine, microinfluencers… Ahora mismo, los anuncios hechos con personas que nos parecen reales funcionan, y en las agencias de márketing lo saben perfectamente. Pero esto no es nuevo, ni viene de ahora: ¿No recordáis a los famosos poniendo su cara para anunciar productos de lo más variopinto? Pues empezó antes incluso de la televisión.

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La influencer primigenia

Hubo una pionera a todas estas personas anónimas que acabaron personificando un producto: la proto-influencer, la primera persona que decidió ser una especie de “mascota” de un producto, fue Nancy Green, que a la postre se convertiría en la primera cara que sería, al mismo tiempo, una marca. Ahora nos parece el día a día, pero en 1893 no era tan común. Y ojo, porque la historia está repleta de racismo, giros argumentales y tristeza: para no creérsela.

Nancy Hayes nació en 1834 como esclava en una granja de Kentucky, en una época donde las cosas estaban empezando a cambiar pero aún faltaban cuarenta años para que todo explotase (literalmente). Durante su infancia cultivó tabaco y cuidó del ganado de la familia Walker, que después la utilizó como sirvienta, cocinera y ama de llaves. Se casó, tuvo cuatro hijos, lo normal en la época. Y entonces llegó la Guerra Civil.

Nancy perdió a su marido y a sus hijos durante la guerra. Tan triste como suena: acabó trabajando como niñera y ama de llaves (ya no esclava) de los Walker en Chicago a inicios de 1870 tras vivir en una cabaña triste y sola. Uno de los hijos de la familia se convirtió en juez y, casi sin comerlo ni beberlo, dio un giro a su vida cuando una marca de tortitas y productos para el desayuno que nació en 1889 le preguntó si conocía a alguien para el papel de una tal Tía Jemima.

La tía Jimena

Aunt Jemima se fundó de la pura casualidad: Chris L. Rutt y su amigo Charles G. Underwood compraron un molino de harina en Missouri y, ante un mercado que en aquel momento estaba sobrecargado, vendieron el excedente en pequeñas bolsas para hacer tortitas. Fueron los pioneros, y triunfaron como nadie. Realmente, “Aunt Jemima” fue un nombre que se encontraron a las afueras de un vodevil y del que decidieron apropiarse. Pero les faltaba, claro, una cara. ¿Quién podía ser?

Nancy Green tenía 59 años y se había vuelto a vestir como una esclava con el propósito del márketing. En 1893, en la Exposición Mundial de Chicago, nuestra protagonista cantaba canciones, contaba historias inventadas sobre la igualdad de razas y la alegría de todos durante la esclavitud en el sur y hacía desayunos con el preparado de Aunt Jemima. En la publicidad de la exposición de podía leer “I’se in town, honey!”, que era una manera racista de imitar la manera de hablar de los esclavos.

Nada más acabar la feria, los propietarios de Aunt Jemima le propusieron un contrato vitalicio para interpretar al personaje. Sin embargo, es más posible que lo que quisieran fuera más los derechos de caricaturizarla que a ella misma. Viajó por todo Estados Unidos durante años hasta que, a los 66, en el 1900, se negó a cruzar el charco para ir a la Expo de París y fue sustituida por otra mujer negra, señal de que ella no les importaba tanto como el personaje en sí mismo.

Historias de esclavitud

Para que os hagáis una idea de cómo era esto: Tía Jemima era presentada como una cocinera leal de la plantación de un coronel en Mississippi, y se inventaban historias sobre su sabor (“La receta es del sur, de antes de la Guerra Civil”), con añoranza por los tiempos de la esclavitud. Otra historia decía que había revivido a un grupo de naúfragos con su comida. Además, se hizo todo tipo de merchandising con su cara, desde muñecos que se podían recortar de la caja hasta ropa para dichos muñecos.

Aunt Jemima pronto tuvo una familia: Tío Rastus (después llamado “Tío Mose”) y cuatro hijos, en cuyo diseño Green no tuvo nada que decir. La influencer, que consiguió poner a la marca en el mapa, seguía trabajando con los Walker como si su cara no estuviese en todos los supermercados hasta que, a los 89 años, falleció en una casa de Chicago junto a sus sobrinos. Por aquel entonces, Aunt Jemima estaba lanzando muñecos de trapo de su personaje con bocas gigantes, sin dientes y con pantalones rotos.

La historia del “esclavo feliz” fue muy común entre las marcas creadas por hombres blancos después de la Guerra Civil, aunque la cosa añadiese aún más dolor al racismo de Estados Unidos: la última actriz en interpretar a Tía Jemima lo hizo en 1964, en Disneyland. ¡Fue incluso amiga de Walt Disney! En 2020, la marca quitó la caricatura racista de sus cajas y en 2021 se anunció que su nuevo nombre sería Pearl Milling Company, el de la empresa original que se fundó en aquel molino de harina. Solo tardaron casi 150 años en darse cuenta de que, por lo que sea, una narrativa basada en la esclavitud solo abría heridas. Qué cosas.

Paula Gonu se comió su propio menisco con boloñesa: ¡Que viva la dieta mediterránea!

Paula Gonu, la influencer de 30 años que ha confesado que, como parte de la gastronomía mediterránea, una vez se comió su menisco. Con una boloñesa, eso sí. ¿Qué somos? ¿Monstruos?

Cada día aparecen en las redes sociales dietas milagro de esas que prometen que te van a rebajar veinte kilos en semana y medio comiendo pan, arroz y bollería. Suena imposible (porque lo es) pero siempre serán más saludables que la dieta que, parece, ha escogido Paula Gonu, la influencer de 30 años que ha confesado que, como parte de la gastronomía mediterránea, una vez se comió su menisco. Con una boloñesa, eso sí. ¿Qué somos? ¿Monstruos?

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Más o menisco

Todo empezó cuando tuvo que ir al médico a hacerse una operación porque tenía el menisco demasiado grande. Como era una intervención más o menos normal estuvo de cháchara con el médico y al final le incitó a llevárselo a casa en un tarrito y con formol. “Es tuyo”, le dijo. No es mentira, claro: unos tienen jarrones chinos, otros cubos de Rubik, Paula Gonu tiene meniscos en formol. Sobre gustos…

Una semana después, Gonu estaba con su pareja del momento y le confesó que se lo quería comer. “Con la coña”, dice, excusándose en que era suyo. Con la coña normalmente te pides una pizza con piña o comes más picante del que debes, pero Gonu se come un sandwich de rodilla. No del Rodilla, no, habéis leído bien.

Esperamos que la salsa boloñesa le saliera estupendamente, porque no siempre apetece zamparse partes de tu cuerpo. “Es mío y estaba limpio, era un trozo. Seguro que os habéis comido cosas peores”, dijo en el podcast Club 113, con todos sus contertulios siendo conscientes de haber comido en Taco Bell alguna vez. Total, que al igual que los protagonistas de ‘¡Viven!’ pero en su versión burguesía madrileña, la influencer ya puede decir que ha innovado como Daviz Muñoz. Él ha comido semen, ella meniscos. Lo que no se le ocurre a uno se le ocurre al otro.

“La puntita se ve”: Paula Gonu sufre un ataque machista por culpa de un taxista demasiado insistente con sus pechos

Es un poco lo que le ha pasado a Paula Gonu, que entre risas incomodísimas no se podía creer la conversación delirante que le había tocado soportar y que, claro está, ha colgado en TikTok.

Montarse en un taxi requiere de suerte, pericia y unas habilidades conversacionales que no todo el mundo tiene. Dependiendo del día, la conversación puede ir en torno al tráfico de la ciudad, el fútbol, las vivencias de cada cual o, si te sale la peor opción posible en el dado del destino, la política. Y estás perdido. No quieres llevar la contraria a la persona que te está llevando a un sitio, al fin y al cabo. Es un poco lo que le ha pasado a Paula Gonu, que entre risas incomodísimas no se podía creer la conversación delirante que le había tocado soportar y que, claro está, ha colgado en TikTok.

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La puntita nada más

Frente a la educación de algunos, que llevan años en la profesión y saben perfectamente cómo tratar a cualquiera que se suba al coche, se sitúa la grosería de unos pocos que, como te toquen, pueden fastidiarte el día. Cuando Gonu, la influencer catalana de 30 años, se subió a aquel taxi, no imaginaba que el conductor sería de los segundos.

Ni corto ni perezoso, el taxista creyó que el mejor tema de conversación no era el tiempo o el trabajo, sino los pechos. Más concrétamente, los de ella. “No lleva mucho tiempo de moda”, insistía el hombre, tratando de sacar conversación en el sitio más inesperado, “es una nueva moda de no llevar sujetador”. Gonu, normalizando la escena y, suponemos, tratando de calmarse por no llamarle de todo, intentaba concluir con un “No sé, nunca he tenido”. Y como hubo contestación, el conductor se sintió de repente libre de insistir en el tema.

@paulagonu

me reía de nervios, con lo de la puntita vomit0, llevaba un top de algodón normalísimo del zara quiero decirte

♬ sonido original – Paulagonu

“¿Nunca? ¿En serio? Bueno, así vas cómoda, ¿verdad? Dejarla aire, ¿no?”. ¿Sabéis esos momentos en los que el silencio más incómodo y cortante sería más agradable que cualquier cosa que se pudiera decir? Bueno, pues ese era uno de ellos. Y por desgracia, el muchacho lo rellenó con más palabras insistiendo en el tema, por si no hubiera quedado claro: “Pero se ve como si depende como se ve, la puntita se ve”. Ah, sí, este me le he leído: un poema de amor de Gustavo Adolfo Becquer, ¿verdad?

Crazy Taxi

Si con lo de la puntita aún no os habéis llevado las manos a la cabeza (o habéis tenido alguna arcada) esperad, que hay más: “Depende, alguna se pone muy… ropa delgada, se le ve la puntita”. Alguien le tendría que haber recordado al caballero (al que uno se puede imaginar sin mucho problema diciendo aquello de “Yo no soy machista” en la barra de un bar) que lo de FakeTaxi es ficción.

La propia influencer escribió sobre el tema “Me reía de nervios, con lo de la puntita vomito, llevaba un top de algodón normalísimo del Zara, quiero decirte”. El vídeo tiene medio millón de visionados y unos 416 comentarios en los que se entremezclan, como no podía ser de otra manera, comentarios de ánimo y de otras personas que tratan de emular e incluso doblar la grima del taxista. A ver si va a resultar ahora que alguien en la vida real es menos asqueroso que gente oculta bajo un pseudónimo.

La próxima vez que os subáis en un taxi y quien conduzca os enseñe fotos de sus mascotas, hable de lo bien que va el Atleti o presuma de familia, pensad que todo es mejor que tener una conversación sobre sujetadores, pechos y puntitas. Si es que a veces donde no hay mata no hay patata.