El 30 de marzo de 1981, en la puerta del Hotel Hilton, John Hinckley Jr, que acababa de llegar en un autobús de la empresa Greyhound, estaba esperando a Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos, con un revólver en la mano. Disparó seis veces, le hirió (y a miembros de su gabinete) y fue declarado no culpable por demencia en un juicio posterior. Y es que el único motivo para matar a Reagan era… llamar la atención de Jodie Foster.
Jodie, te quiero, Jodie, te adoro
“Aunque hemos hablado por teléfono un par de veces nunca he tenido la valentía de acercarme y presentarme… La razón por la que sigo con este intento de asesinato es porque no puedo esperar más a impresionarte“, escribió el atacante a Foster momentos antes de intentar asesinar a Reagan. Por lo que sea, la actriz no correspondió su amor. Ahora, con él libre, ha vuelto a dirigirse a ella, pero en otro tono, por suerte. Sin pistolas por el medio.
“Simplemente deseo que esté bien, ¿sabes? No veo sus películas, pero deseo que esté bien, y sé que lo está haciendo bien. Y eso es todo lo que puedo decir: deseo que esté bien y espero que tenga una buena vida“. Mejor esto que liarse a tiros con cualquiera, la verdad. Tampoco se puede decir que Foster últimamente esté en la cresta de la ola más allá de True Detective, pero sí, le va estupendamente.

Respecto al motivo del intento de asesinato, Hinckley, ahora un hombre libre, se ha sincerado: “Quería tener una unión con Jodie Foster y vivir el resto de mi vida con ella y todas esas cosas que, por supuesto, eran alucinaciones. Pero las creía en aquel entonces, así que la mejor consecuencia habría sido una unión con Jodie Foster”. Desde luego, impresionada se quedó. Otra cosa es que quisiera algo más tras semejante dislate.