La editorial Shogakukan se encuentra en medio de un escándalo tras revelarse que ha seguido contratando a autores condenados por delitos relacionados con la pornografía infantil. Este problemático enfoque ha suscitado críticas tanto de la comunidad de lectores como de otros mangakas. Un caso destacado es el de Kazuaki Kurita, condenado en 2020 por posesión de pornografía infantil y asalto a una menor. Kurita, quien ocultó su verdadera identidad bajo el pseudónimo Hajime Ichiro, fue descubierto tras el lanzamiento de su obra Jojin Kamen. Aunque la editorial se disculpó y admitió que no debería haber sido contratado, su respuesta ha sido vista como insuficiente por muchos.
One Punch, eso nos gustaría darle
Además, ha emergido la figura de Tatsuya Matsuki, autor de Act-Age, quien fue condenado por acercarse inapropiadamente a menores. Tras su condena, Matsuki comenzó a publicar bajo el pseudónimo Itsuki Yatsunami en Shogakukan, generando un gran revuelo. La editorial, en su defensa, argumentó que solo un pequeño grupo de editores conocía su pasado y que consideraron su rehabilitación como un factor para volver a darle trabajo.

La respuesta del público ha sido contundente. Varios autores han decidido suspender sus series como protesta y han solicitado que se retiren sus obras de la aplicación Manga ONE. Autores como Ryuhei Tamura, Eno Sumi y Rumiko Takahashi han mostrado su desaprobación, lo que indica un posible cambio en la industria. Sin embargo, mientras algunos autores están retirando sus obras, otros, como Nobuhiro Watsuki, siguen recibiendo trato amistoso por parte de su editorial, lo que genera críticas sobre la falta de un enfoque coherente para abordar estos problemas de conducta en el ámbito del manga.