Ryan Reynolds ha logrado capturar la esencia del personaje de cómic Deadpool y llevarla a la gran pantalla de una manera única, diferenciándose de otras producciones dentro del Universo Cinematográfico de Marvel. Su enfoque se destaca no solo por la acción y el humor provocador, sino por un profundo respeto hacia el material de origen y sus seguidores.
Ryan Reynolds no tuvo problema en rascarse el bolsillo
Un caso emblemático de este respeto es la famosa camiseta que Reynolds usó en Deadpool, en la que se presenta la imagen de Bea Arthur, conocida por su interpretación de Dorothy en Las Chicas de Oro. Para poder utilizar esta imagen, el actor pagó 10,000 dólares, monto que fue destinado a los derechos de imagen, los cuales fueron donados a una causa benéfica por la familia de Arthur. Este detalle no es trivial; en los cómics, Deadpool es un fanático incondicional de la serie y, sobre todo, de Arthur, lo cual se ha vuelto parte del canon del personaje.
Además, el homenaje a Arthur se extiende más allá de esta camiseta, pues en las katanas de Deadpool también se pueden encontrar grabados su nombre y apellido, lo que subraya el cuidado y detalle que caracteriza a la saga. Estos elementos, aunque sutiles, añaden una capa de significado que resuena con los aficionados, mostrando que el amor por el personaje se traduce en cada aspecto de la producción.
Cabe destacar que Reynolds también tenía una amistad con Betty White, otra icónica actriz de Las Chicas de Oro. White llegó a calificar Deadpool con una puntuación de “Cuatro Chicas de Oro”, resaltando el impacto y riqueza de la película. Con estos gestos, Deadpool no solo se convierte en un mero espectáculo de acción, sino en un tributo que refleja el cariño hacia su legado y su conexión con la cultura popular.