Vale, ¿queréis que os cuente cuál es mi problema con la nueva Scooby-Doo: Origins? No, en serio. Al fin y al cabo, la franquicia lleva en pie desde 1969 y es difícil hacer algo novedoso, pero no se puede contar cómo se conocieron Shaggy, Daphne, Velma, Fred y Scooby como adolescentes… ¡Cuando ya se contó lo mismo a finales de los 80, pero con ellos como niños, en una serie titulada Un cachorro llamado Scooby-Doo! ¡Un poco de coherencia, por favor!
¡Scooby-dooby-doo!
Esta nueva versión de Scooby-Doo, que viene a sustituir a las cinco películas de acción real que se hicieron entre 2002 y 2018 (las tres últimas directas a televisión o DVD), tendrá lugar en el último día de un campamento donde un asesinato sobrenatural ha tenido lugar.
Eh, ¿por qué no? La última vez que oímos hablar de la Scooby-pandilla fue en la serie Velma, de HBO, y aquello, al fin y al cabo, no le gustó absolutamente a nadie. ¡Merecen una segunda oportunidad!
De momento, además de la primera imagen del reparto, hemos podido echar un vistazo al perrete protagonista, y no sé si resolverá misterios, pero quiero achucharle todo lo que pueda.
Eso sí, hay una mala noticia: en lugar de ser un simple perro, como en las versiones de dibujos animados, aquí hablará con la voz de Frank Welker, porque no podemos tener nada bonito.

Si hay público para una nueva versión de Scooby-Doo o no, me temo que eso es algo que ni Netflix sabe. Pero bueno, por probar, ¿qué se pierde más allá del tiempo, el dinero y la legitimidad de una franquicia clásica?