Si alguna vez te has interesado en Dungeons & Dragons, aunque solo sea para ver los vídeos de Critical Role o incluso la película de hace tres años, es probable que hayas oído hablar de Ravenloft o de su versión 5E, La Maldición de Strahd, un módulo en el que jugar una auténtica aventura terrorífica dentro del juego de rol que ha sido tan influyente que en Netflix han pensado que es la adaptación perfecta para convertirla en serie de televisión. ¿Tienen razón? Bueno. A medias.
Dragones y vampiros, un mundo infernal
En realidad, depende de manera exclusiva de cómo veas el juego, porque no tiene pinta de que Netflix y Hasbro vayan a hacer con Ravenloft una especie de Abbott y Costello contra los fantasmas, dando un giro de parodia a la saga. Tiene pinta de que será una adaptación terrorífica y seria del módulo, perfecta para los jugadores que nunca se salen de la ambientación pero que no adapta del todo D&D. La película entendió perfectamente la sensación de comer patatas, beber refrescos y tomar las decisiones equivocadas constantemente: ¿Seguro que podremos ver algo así en una serie de vampiros?
Reconozco que, como jugador y master de D&D tengo un defecto enorme: siempre voy a jugar a favor de la risa. Siempre. ¿Quieres intentar seducir al dragón? Adelante, tira los dados. ¿Quieres comerte un ajo y tirarle tu aliento al vampiro? Puedes, sin duda, intentarlo. Quizá por eso me cuesta tanto imaginar en qué se diferenciaría una serie de Ravenloft de cualquier otra serie de vampiros, más allá de la marca. Tiene sentido, porque el terror está de moda. Pero para este viaje, no hacía falta estas alforjas: es una gran campaña sobre la mesa difícil de traspasar bien a serie. Es así.
Por supuesto que van a sacarla. Y por supuesto (qué duda cabe) van a conseguir millones de visionados, porque es imposible que no los consigan mezclando terror con una de las franquicias más potentes de la actualidad. De momento, pese a sus múltiples adaptaciones, solo ha habido una versión buena de D&D. Tienen que hacer pruebas, claro, pero… ¿Por qué se resisten tanto a repetir el tono que funcionó? Ay. Lo que hay que ver.