La terrible película de ‘Dungeons & Dragons’ que fue creada por un fan del juego… y odiada por el resto de roleros del mundo

Tuvieron que pasar casi 50 años para que Dungeons & Dragons, el juego de rol más famoso de todos los tiempos, tuviera una adaptación a la altura: Honor entre ladrones era divertida, aventurera, juguetona y única, sin dejar de lado la fantasía medieval con magias y espadas gigantes a los que los jugadores estamos acostumbrados. Sin embargo, hasta llegar aquí ha habido un universo de malas adaptaciones, versiones mal entendidas, dibujos animados míticos (pero fallidos) y gente que se considera fan, pero que definitivamente no entiende el juego. Una de estas personas fue Courtney Solomon, un rolero de la vieja escuela que quiso hacer la película definitiva. No salió bien.

Un mundo infernal

A inicios de los 2000, Dungeons & Dragons estaba prácticamente olvidado, más allá de los grupos que se seguían juntando para tirar dados durante horas. Tan solo quince años antes, la serie de dibujos de mediados de los 80 ayudó a que todos los niños quisieran probar (y, de rebote, aprender matemáticas), pero el miedo a lo desconocido provocado por el Satanic Panic enterró todas sus posibilidades de convertirse en algo mainstream, conformándose con ser una pieza ineludible para todos los aficionados a la cultura pop que había transformado para siempre la manera de contar historias. Ojalá todo el mundo pudiera decir algo remotamente parecido.

Pero entonces llegó Courtney Solomon, un chaval de 21 años que montó su propia empresa en 1992, Sweetpea Entertainment, para comprar los derechos de la franquicia y hacer su proyecto soñado: una aventura a la altura de las que él montaba con sus amigos. Solomon creía tener experiencia, al fin y al cabo: su madre era coordinadora de producción en series de televisión, lo que aparentemente le daba credibilidad, así que solo le quedó viajar por todo el mundo buscando financiación para su obra maestra. Teniendo en cuenta que en la empresa madre llevaban una década recibiendo suspiros y negativas de todo tipo de productoras cinematográficas, le desearon buena suerte, le vendieron los derechos (tras un largo pitch) y siguieron su camino.

Solomon no se iba a conformar con menos que una película de 100 millones de dólares dirigida por Francis Ford Coppola, James Cameron o Renny Harlin, que en un momento u otro estuvieron atados al proyecto. El guion original tenía como protagonista a un pícaro y aparecerían hasta 14 monstruos en una batalla final repleta de efectos especiales. De hecho, en 1995 incluso habían conseguido un director final, Stan Winston, especialista en efectos especiales de películas como Parque Jurásico, Aliens, Depredador o Eduardo Manostijeras. Palabras mayores. Entonces, si todo estaba atado y bien atado… ¿Se puede saber qué demonios pasó?

Lo de siempre en Hollywood: varias películas de fantasía se estrellaron en taquilla al mismo tiempo y las productoras dejaron de confiar en Dungeons & Dragons, retirando su dinero de la producción poco a poco. La película se convirtió durante un tiempo en una serie de televisión, y después en una película directa a vídeo que, lejos de los 100 millones de dólares que quería Solomon, consiguió 3,5 millones de presupuesto. Y gracias. El propio Solomon, a la vista de su fracaso, se puso a sí mismo como director y rodó una escena de prueba en Los Angeles tan potente que consiguió subir el interés de los inversores de nuevo hasta los 35 millones. ¡Con esto se podría haber hecho algo más que digno! Spoiler: lanzó el dado y le salió pifia.

El resultado fue una película mala de solemnidad, que apenas tiene puntos en común con el juego original. Los fans acabaron enfadados con Solomon, Wizards of the Coast no supo dónde meterse y en taquilla apenas consiguió 33 millones entre la furia de los críticos de cine. Para sorpresa de todos, fue suficiente para montar otras dos películas directas a vídeo, en 2005 y 2012, sin Solomon a la vista (solo como productor). El director acabaría convirtiéndose en un nombre del cine cutre de Hollywood gracias a sus labores de producción en películas como The Strangers. Eh, nadie como él sabía sacar mucho de muy poco. ¡Solo le faltó conseguir que fuera interesante!

Como ahora sabemos todos, gracias al auge de Twitch y de programas como Critical Role, Dungeons & Dragons volvió a la cultura popular en el lugar de honor que le correspondía desde el principio. Y nunca más nadie volvió a hablar de este engendro. Final feliz para todos.