Tomb Raider (2018), con Alicia Vikander al frente y Roar Uthaug en la dirección, volvió a ganar tracción en streaming el 19 de octubre de 2026 hasta meterse entre lo más visto de Netflix. El repunte coincidió con la llegada del reboot de Street Fighter al número 1 mundial, con 51,1 millones, y eso reavivó la idea de una nueva “batalla” entre franquicias de videojuegos. Viéndolo de cerca, suena más a relato mediático que a una competencia real entre ambas.
La cinta ya se había asomado al Top 10 global de Netflix a finales de 2025, pero lo llamativo es que no se cayó después de aquel primer empujón.
El 19 de octubre de 2026 figuraba como la octava película más vista del mundo dentro de la plataforma, según los datos que recogen distintos seguimientos de la clasificación.
Y hay otro detalle que ayuda a explicar ese regreso: depende, sobre todo, del público internacional. La película ni siquiera está disponible en Netflix en Estados Unidos, así que su rendimiento sale de otros mercados, donde Lara Croft sigue conservando un tirón muy reconocible.
Para una película que, cuando se estrenó, quedó algo escondida entre otros blockbusters, el movimiento tiene bastante de reivindicación tardía.
Frente a las películas encabezadas por Angelina Jolie, Tomb Raider (2018) opta por reiniciar por completo al personaje y mira de forma muy clara al videojuego Tomb Raider de 2013.
Aquí Lara Croft todavía no es la aventurera plenamente formada que el público reconoce al instante. Es una joven terca, empeñada en averiguar qué pasó con su padre, y esa búsqueda acaba llevándola hasta Mathias Vogel, el villano al que interpreta Walton Goggins.
Ese planteamiento de historia de origen juega mucho a su favor, porque se toma el tiempo de enseñar cómo Lara va convirtiéndose en la heroína que conocemos. Ahí entran las persecuciones en bicicleta, los combates cuerpo a cuerpo, la huida por la cascada, que sigue funcionando, y también esos momentos con arco y flecha que enlazan de manera directa con la etapa moderna de los juegos.
Alicia Vikander, además, carga con buena parte de la película.
Su trabajo le da solidez física al personaje y también una capa emocional que diferencia a esta versión. Por eso funciona tanto en las escenas que comparte con Daniel Wu como en el choque con Walton Goggins, y también en algo más difícil: hacer que la violencia tenga un efecto real sobre Lara, en vez de pasarle por encima como si nada.
Ni Street Fighter ni Tomb Raider salieron del todo airosas ante la crítica cuando se estrenaron.
En los dos casos la recepción fue mixta, aunque el público estuvo un poco más abierto a ellas: Street Fighter sacó una nota B- en CinemaScore, mientras Tomb Raider se quedó con una B, también según CinemaScore.
Este interés renovado llega, además, en un momento bastante oportuno para la franquicia. La secuela directa de la película de 2018 terminó cancelada, pero Amazon sigue empujando un universo audiovisual de Tomb Raider. Ahí entra una serie escrita y producida por Phoebe Waller-Bridge, con Sophie Turner como nueva Lara Croft, cuya producción arrancó en enero de 2026.
Todavía no se sabe cuándo se estrenará en la plataforma.