Cómo ver los ciclos de carga de la batería de nuestro Mac y qué significan

La batería de nuestro Mac es un componente clave a la hora de trabajar y disfrutar de nuestro dispositivo sin depender de una toma de corriente. Al ser un elemento consumible, con el tiempo y el uso, la batería experimentan un cierto desgaste. Un desgaste que no es arbitrario, sino que está directamente relacionado con los ciclos de carga. Saber cuántos ciclos de carga lleva nuestra batería y qué significa este número es de vital importancia a la hora de tomar decisiones para mantener el buen rendimiento de nuestro Mac y garantizar su durabilidad. Hablemos de todo ello.

Apple Support Descargar

¿Qué es un ciclo de carga y por qué importa?

Un ciclo de carga es una medida del uso de la batería. Cada vez que usamos el 100% de la capacidad de la batería, sumamos un ciclo, pero esto no necesariamente ocurre en una sola carga. Por ejemplo, si usamos el 50% de la batería hoy y la recargamos, y mañana hacemos lo mismo, solo se habrá completado un ciclo.

Todas las baterías del mercado tienen un número limitado de ciclos de carga antes de que su rendimiento comience a degradarse de forma notable. Apple diseña las baterías de sus MacBook para garantizar que conserven hasta el 80% de su capacidad original al alcanzar el límite máximo de ciclos. Una vez alcanzado este punto, la batería sigue funcionando, pero podríamos notar que necesita recargarse con mayor frecuencia o que no rinde como lo hacía antes.

Cómo ver los ciclos de carga de la batería de nuestro Mac

Saber cuántos ciclos tiene la batería de nuestro Mac es muy simple. La información está disponible en el sistema y podemos consultarla siguiendo estos simples pasos:

  1. Mantenemos pulsada la tecla Opción y hacemos clic en el menú Apple ().
  2. Elegimos Información del sistema en el menú.
  3. En la barra lateral izquierda, seleccionamos Alimentación dentro de la sección Hardware.
  4. En el apartado de Información de la batería, veremos el número de ciclos junto con otros detalles como el estado general de la batería.

Con esta información, podemos evaluar si la batería de nuestro Mac está en buen estado o si sería recomendable sustituirla. Por ejemplo, si nuestro modelo de Mac tiene un límite de 1000 ciclos —lo habitual, aunque podemos consultar la lista exacta en la página de Apple— y estamos cerca de alcanzarlo, es posible que queramos llevar a cabo una sustitución.

¿Qué hacer cuando alcanzamos el máximo de ciclos?

Es importante tener claro que alcanzar el máximo de ciclos no significa que nuestra batería deje de funcionar, pero sí es una señal de que su rendimiento ya no será el mismo. Si el número de ciclos es alto y notamos que la batería no dura lo suficiente para nuestras necesidades diarias, puede ser momento de considerar un reemplazo.

Por supuesto, se recomienda encarecidamente utilizar únicamente baterías originales y realizar el cambio a través de un proveedor autorizado. Tengamos en cuenta, además, que si nuestro Mac está cubierto por AppleCare o alguna garantía extendida, el reemplazo podría no tener coste adicional, dependiendo del caso.

Por último, recordar que el cuidado de nuestra batería influye directamente en su longevidad. Evitar exponer el dispositivo a temperaturas extremas, utilizar adaptadores de corriente certificados y activar la carga optimizada en modelos compatibles son puede ayudarnos enormemente a alargar la vida útil de nuestra batería.

Apple Support Descargar

Conocer los ciclos de carga de la batería de nuestro Mac nos permite saber en qué estado está y, con ello, tomar las decisiones oportunas para cuidar de nuestro ordenador. Igual que podemos comprobar la batería de nuestro Magic Keyboard y mientras esperamos a usar la piel como batería para los anillos o relojes inteligentes, un Mac con una batería bien cuidada es un dispositivo que, a pesar de los años, sigue plenamente funcional y fiable.

Esa contraseña tan segura que creíamos tener podría estar haciendo más mal que bien

Nos hemos acostumbrado a pensar que nuestras contraseñas deben ser complejas, llenas de símbolos, mayúsculas, números y caracteres especiales para ser seguras. Sin embargo, podríamos estar muy equivocados al centrarnos tanto en la complejidad. Según las directrices publicadas por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) de los Estados Unidos, algunos de los consejos que hemos seguido durante años podrían estar haciéndonos más vulnerables en lugar de protegernos mejor.

Apple TV+ SUSCRÍBETE

El NIST, responsable de establecer las normas de seguridad para los sistemas de información del gobierno, ha revisado sus recomendaciones, dejando claro que una contraseña larga y fácil de recordar puede ser mucho más efectiva que una compleja y difícil de memorizar. Un cambio que, como usuarios, nos lleva a repensar por completo cómo gestionamos la seguridad de nuestras cuentas.

El mito de las contraseñas imposibles

Durante años hemos creído que la clave de una buena contraseña estaba en su complejidad. Nos hemos dedicado a crear combinaciones que mezclan símbolos, números y letras mayúsculas y minúsculas, pensando que estas eran las únicas capaces de resistir los ataques. Sin embargo, este enfoque tiene un gran inconveniente: las contraseñas complejas son demasiado difíciles de recordar.

Cuando tratamos de memorizar combinaciones ininteligibles como “4D$ghT#2!”, a menudo terminamos escribiéndolas en lugares donde no deberían estar —en un post-it pegado al ordenador o en una aplicación poco segura, por ejemplo—. Esto crea un punto débil que los atacantes pueden explotar con relativa facilidad. Según las investigaciones del NIST, los riesgos asociados con este tipo de contraseñas suelen superar los beneficios que aportan.

Además, el análisis de bases de datos filtradas con millones de contraseñas ha demostrado que los atacantes suelen recurrir a herramientas que prueban combinaciones comunes, independientemente de lo complejas que sean. Por tanto, una contraseña difícil de recordar no garantiza necesariamente que sea más segura.

Más longitud, menos complejidad

Frente a este panorama, las nuevas recomendaciones del NIST abogan por un cambio de estrategia: priorizar la longitud sobre la complejidad. Una contraseña formada por varias palabras largas y significativas —como “caballoblancocaminandoporelvalle”— es más fácil de recordar y también mucho más difícil de descifrar mediante ataques de fuerza bruta.

Este tipo de contraseñas nos permite mantener la seguridad sin caer en el error de almacenarlas en lugares inseguros. No tenemos que recurrir a notas ni aplicaciones que puedan ser vulneradas. Por otro lado, la longitud aporta una resistencia extra a los ataques automáticos, que necesitan más tiempo para probar todas las posibles combinaciones de caracteres.

En esta línea, el NIST también ha señalado que el uso de las estrictas reglas de combinación de caracteres que aplican algunos sitios web no tiene un impacto en la seguridad real de las contraseñas. Por ello, la recomendación actual es permitir a los usuarios una mayor libertad para que podamos crear contraseñas que podamos recordar, siempre que estas sean lo suficientemente largas.

Más allá de la contraseña: la importancia de la variedad

A pesar de estos cambios en las recomendaciones, hay una que sigue igual: no reutilizar la misma contraseña en múltiples servicios. Incluso una contraseña larga puede convertirse en un riesgo si se utiliza en varias cuentas. En caso de que una de estas plataformas sea blanco de un ataque, todas las demás cuentas quedarían expuestas.

Para evitar esto, es importante utilizar gestores de contraseñas que nos permitan generar claves únicas para cada servicio. Aunque a primera vista pueda parecer contradictorio con la idea de recordar fácilmente nuestras contraseñas, estas herramientas nos liberan de la necesidad de memorizarlas todas y nos ayudan a mantenerlas organizadas. Al tiempo, usar contraseñas largas pero que podamos memorizar nos permite —por lo menos con las cuentas más importantes— acceder a ellas sin necesidad de un gestor que podemos no tener disponible en un momento dado.

Apple TV+ SUSCRÍBETE

Por último en el informe del NIST está que la autenticación en dos pasos sigue siendo un pilar esencial en nuestra seguridad. Un sistema que, igual que las Passkeys, añade una capa adicional de protección, haciendo que incluso si alguien obtiene una contraseña, no pueda acceder a la cuentas sin el segundo factor de verificación.

Las recomendaciones revisadas del NIST nos invitan a reflexionar sobre cómo hemos gestionado nuestra seguridad hasta ahora. Utilizar contraseñas más largas y fáciles de recordar mejorará nuestra protección, simplificará la organización y nos permitirá decir adiós a auténticos galimatías de letras, números y símbolos que no necesariamente mejoran nuestra seguridad. Centrémonos, además de en no repetir ninguna contraseña, en que sea larga. Cuanto más mejor.

¡Estos grupos de música no existen! De ardillas a la IA, esta es la historia de las “virtual bands”

Durante años, el mundo de la música era algo muy sencillo: cogías una canción, la versionabas a tu manera con tus amigos, sacabas un disco y, con suerte, lograbas convertirte en un fenómeno social. Hoy en día, sin embargo, las cosas han cambiado, las tendencias no son las mismas y, por no necesitar, ni siquiera necesitas tener gente que toque contigo o, de hecho, que sea real en absoluto. El fenómeno de las virtual bands parece estar en auge, pero en realidad lleva con nosotros desde finales de los 50. Ojo al camino que llevamos desde entonces, porque es espectacular.

Spotify DESCARGAR

Ardillas en las mallas

Todo empezó en 1958, cuando el cantante David Seville modificó su propia voz en la canción Witch Doctor para hacerla sonar “pitufada”: con unos agudos muy altos y una velocidad mayor de la habitual. Fue todo un éxito y así nació el trío que primero le acompañó por los escenarios y después voló por sí solo: Alvin y las ardillas. Aunque puede que te suenen solo de las adaptaciones cinematográficas, lo cierto es que desde finales de aquella década hasta ahora han lanzado más de cincuenta discos, cada vez de una calidad mucho más cuestionable.

Alvin y las Ardillas acabó siendo una serie de televisión, tuvo varios videojuegos, cómics y hasta llegaron a hacer cuatro giras por los Estados Unidos desde 1984 hasta 2015. Y, efectivamente, tienen más Grammys que muchísimos artistas. Viendo el percal, no fueron pocos los que se apuntaron a hacer canciones “ardilladas”, tratando de perseguir un mercado en el que no había tantas personas.

Un ejemplo fueron las Nutty Squirrels, que también tuvieron una serie de televisión (incluso antes que Alvin y las Ardillas) y que sacaron su último disco en 1964, en el que versioneaban, entre otras, A Hard Day’s Night, de The Beatles. Casi nada. El mundo de las mascotas cantantes se quedó en pausa durante unos momentos hasta que alguien pensó “Eh, ¿y si en vez de ardillas son muchos más animales?”.

Del cómic a la realidad

Dicho y hecho. En 1968 nacieron los Banana Splits en una serie de televisión de Hanna-Barbera con su nombre: eran cuatro animales vestidos con trajes hilarantes. Y no, no solo eran dibujos animados: también eran señores vestidos con trajes de felpa tocando canciones. Llegaron, incluso, a sacar varios discos, aunque no fueron nunca lo suficientemente famosos como para irse de gira. Eso sí, hace muy poco tuvieron un reboot como película de terror. Oye, nunca se sabe dónde está el éxito.

Fue en esta época donde las virtual bands tuvieron, por fin, su momento de apogeo, saliendo del medio menos musical posible: los cómics. The Archies (formados en la serie de dibujos que adaptaba los cómics de Archie) trataba de adaptar el éxito de The Monkees a la animación, y lo consiguió. De hecho, su estela es tan grande que incluso en 2023 hubo una película india para Netflix basada en ellos. Junto a ellos, otro grupo basado en un cómic de la misma editorial: Josie and the pussycats.

Este es un caso curioso, porque de la inexistente banda que sonaba en la serie de dibujos se montó una banda real que sacó varios discos, tuvo una película en 2001 e hizo varias giras. De una banda virtual nació una banda real, algo que Marvel trató de replicar con Júbilo (sin éxito). Como las bandas falsas de música se estaban convirtiendo en un negocio que daba beneficios, empezaron a salir decenas de series de televisión cutres con esta idea, desde Jabberjaw (cuyo protagonista era un tiburón) hasta los Cattanooga Cats (cuatro gatos que tocaban guitarra, bajo, batería y voz) o Jem y los hologramas, entre muchísimos otros. Y claro, el mercado se sobresaturó.

Se han engorilado

Cuando la industria se calmó, en 1998 nació quizá la epítome de las virtual bands: Gorillaz, un grupo del que se desconocía su cara real. Sus integrantes eran dibujos animados, sus videoclips puras fantasías que mezclaban el anime con la estética de finales de los 90, su lore estaba más que bien formado… e incluso acabaron haciendo giras en las que la banda real tocaba totalmente a oscuras detrás de una televisión gigante que mostraba los vídeos que les habían hecho famosos. Al menos hasta 2005, donde salieron del armario como banda real… y se pasó un poco de la “Gorillaz-mania”. A día de hoy, aún siguen haciendo conciertos, lanzando discos e incluso estuvieron a punto de rodar una película con Netflix (que se acabó cancelando). Casi nada.

Con la modernidad e Internet, este fenómeno ha ido a más. Hay idols que no existen y llenan estadios (como Hatsune Miku, sin ir más lejos), grupos que existen en la realidad de juegos como League of Legends o incluso cantantes que tan solo suenan gracias a la inteligencia artificial. Y la cosa va a más. Hemos dejado de lado las ardillas cantarinas y los videoclips de anime para centrarnos en figuras cibernéticas que parecen sacadas de una fantasía cyberpunk en la que, en el fondo, nos movemos. ¿Llegará el día en el que nadie necesite coger una guitarra y el trabajo en los tours sea darle a “play” a un vídeo? Con suerte, no lo veremos. Con más suerte aún, volveremos a la época de las personas disfrazadas de animales tocando la guitarra.

Spotify DESCARGAR