Los chatbots como ChatGPT, de Open AI, pueden escribir poesía, resumir libros y responder preguntas, a menudo con fluidez humana. Lo curioso es que, si bien son modelos complejos y avanzados, pueden hacer cálculos matemáticos basándose en lo que han aprendido, pero los resultados pueden variar y ser erróneos. ¿Cómo? Vamos a verlo.
Los chatbots están afinados para determinar probabilidades, no para hacer cálculos basados en reglas. Probabilidad no es exactitud, y el lenguaje es más flexible e indulgente que las matemáticas.
“Los chatbots de inteligencia artificial tienen dificultades con las matemáticas porque nunca fueron diseñados para ello”, afirma Kristian Hammond, profesor de informática e investigador de inteligencia artificial en la Universidad Northwestern en una entrevista para el New York Times.
Como dice el periódico americano, parece que los informáticos más listos del mundo han creado una inteligencia artificial que tiene más de poeta que de matemático.
La IA es poeta y cómica, pero no sabe sumar y dividir con exactitud
A primera vista, esto supone una ruptura con el pasado de la informática. Desde que aparecieron los primeros ordenadores en la década de 1940, una buena definición resumida de la informática ha sido “matemáticas con esteroides”.
Los ordenadores han sido máquinas de calcular incansables, rápidas y precisas. Durante mucho tiempo, los ordenadores han sido realmente buenos haciendo números, superando con creces el rendimiento humano.
Tradicionalmente, los ordenadores se programaban para seguir reglas paso a paso y recuperar información en bases de datos estructuradas. Eran potentes pero frágiles. Por eso, los esfuerzos anteriores en el campo de la inteligencia artificial se estrellaron contra un muro.
Sin embargo, hace más de una década, un planteamiento diferente se abrió paso y empezó a producir avances sorprendentes. La tecnología subyacente, denominada red neuronal, se basa en el cerebro humano.
Este tipo de inteligencia artificial no se programa con reglas rígidas, sino que aprende analizando grandes cantidades de datos. Genera el lenguaje basándose en toda la información que ha absorbido, prediciendo qué palabra o frase es más probable que venga a continuación, como hacen los humanos.
En ocasiones, los chatbots de inteligencia artificial han tropezado con sencillos problemas aritméticos y matemáticos de palabras que requieren múltiples pasos para llegar a una solución, algo recientemente documentado por algunos revisores de tecnología.
Según OpenAI, su nueva versión de ChatGPT alcanzó una precisión de casi el 64% en una base de datos pública de miles de problemas que requerían percepción visual y razonamiento matemático. Esta cifra es superior al 58% de la versión anterior.
Parece una lección de vida para sus alumnos, que vale la pena recordar mucho después de que hayan olvidado el teorema de Pitágoras: no creas todo lo que te dice un programa de inteligencia artificial. No confíes demasiado en él.