A muchos nos salvó la pandemia en su momento más crudo, y lleva ya 25 años siendo una saga crucial en la historia de los videojuegos (cuquis y no cuquis). Hablo, claro, de Animal Crossing, que no solo es una de las mejores sagas de Nintendo, sino que además ha dado lugar a algunos de los personajes más queridos de la industria, los memes más graciosos y, por supuesto, la cuquez más increíble. Poco esperaban, eso sí, que en 2020 se convirtiese también, de golpe y porrazo, en un símbolo político que estuvo a punto de desestabilizar al gobierno de China. Sí, tal y como suena.
¡Hace mucho que no venías al pueblo! ¡Toma una pancarta!
Cuesta imaginar, entre los cabreos de Rese T. Ado, la búsqueda de fósiles para el museo y la constante plantación de manzanas y peras, que alguien pudiera ofenderse por culpa de Animal Crossing. Desde su nacimiento en Dobutso no Mori el 14 de abril de 2001 exclusivamente en Japón, la saga siempre ha estado ahí, con cinco juegos principales y un puñado de spin-offs más o menos acertados. De hecho, ha sobrevivido prácticamente sin polémicas de ningún tipo más allá de los micropagos en su versión de móvil o algunos estereotipos racistas y de apropiación cultural.
Al menos, eso pensábamos hasta que, durante la pandemia de COVID-19, China prohibió la venta de Animal Crossing: New Horizons para Switch debido a que se estaba utilizando como vehículo para protestar en Hong Kong. Todo iba bien hasta el momento en el que Nintendo permitió que los habitantes viajaran a otras islas: mientras que en el resto del mundo lo usamos para vender nabos al mejor precio, en Hong Kong lo utilizaron como una manera de luchar por sus derechos y organizarse, creando carteles donde se podía leer “Free Hong Kong, revolution now” o pósters despectivos hacia Xi Jinping y las autoridades del país. Después de la revolución ya nos pasaremos por la tienda de las Hermanas Manitas si eso.
¿Qué pasó? Bueno, durante un tiempo… Nada. Es cierto que no se pudo seguir vendiendo Animal Crossing como tal, pero en páginas como TaoBao se le cambió el nombre y a nadie del gobierno pareció preocuparle. Si querías el juego de Nintendo, simplemente tenías que buscarlo como “Hombre coge ramas” y comprarlo con total normalidad. No es la primera vez que pasaba algo parecido, claro, y los chinos estaban preparados: por ejemplo, GTA V, que fue prohibido por el gobierno, se vendió con el nombre de “3 Tíos 1 Perro”. Al final, el gobierno chino sí que vetó el nombre alternativo y ordenó cerrar los servidores para evitar una revuelta online, así que cada uno se quedó solo en su isla plantando tulipanes.
Nintendo no se quedó de brazos cruzados, claro está. Si estás pensando “¡Claro! ¡Lucharon por la libertad de expresión!” es que no conoces a Nintendo: el 19 de noviembre de 2020 impusieron una guía de comportamiento que prohibía explícitamente utilizarlo para actividades políticas. El juego volvió a la venta y en Hong Kong encontraron otras maneras de sublevarse contra el sistema (una vez pasado el COVID, efectivamente, lo hicieron en persona).

No es la única vez que en Hong Kong han utilizado los videojuegos para protestar: en diciembre de 2019, los jugadores utilizaron una VPN para acceder a los servidores chinos de GTA Online, personalizaron sus avatares y se dispusieron a hacer terrorismo virtual: vandalizaron estaciones de tren, tiraron el petróleo y causaron todo tipo de daños en el servidor chino, hasta que los jugadores del país reaccionaron re-personalizando sus personajes como policías y luchando contra ellos. ¡Para que luego digan que los videojuegos no son política!