Si te gusta la astronomía, estás de enhorabuena. Este fin de semana va a cruzar nuestro firmamento uno de los cometas más chulos y más fáciles de ver a simple vista.
En estos momentos, la bola de hielo, polvo y roca se desplaza por el espacio en la constelación de Leo. Aproximadamente una hora y media antes del amanecer, debería ser visible en dirección noreste en el cielo.
El astrónomo aficionado Hideo Nishimura descubrió el cometa el 11 de agosto de este año, captando el objeto celeste con una larga exposición en una cámara digital estándar.
Lo que sabemos del cometa Nishimura
Se calcula que Nishimura pueda tener una órbita de unos 300 años, aunque no se puede saber con certeza, ya que las trayectorias y el comportamiento de los cometas son muy difíciles de calcular.
Lo que sí se sabe es que su aproximación máxima a la Tierra será el 14 de septiembre y el 17 alcanzará su punto más cercano al Sol, el perihelio: “Estará a 32 millones de kilómetros de nuestra estrella”, explican.
La bola de nieve sucia con cabeza verde y cola blanca fue bautizada oficialmente como C/2023 P1, “Nishimura” para abreviar, por el Centro de Planetas Menores.
Y para los que no lo sepan, con tantos estudios astronómicos profesionales escaneando constantemente el cielo en busca de objetos cercanos a la Tierra, un descubrimiento amateur como éste no es habitual.
Verlo con prismáticos es posible
Los astrónomos han descrito Nishimura como “cercano” por la posibilidad de verlo con prismáticos o incluso a simple vista, dependiendo del tiempo, la contaminación lumínica y cuánto brille en los próximos días.
Pero el espacio es un lugar grande para todos, por ello seguirá estando a unos 79 millones de kilómetros y no supondrá una amenaza para la Tierra. Es decir, no pasa nada, no se acaba el mundo.
Hace cientos de años, los cometas se consideraban de mal agüero. La leyenda cuenta que el Papa Calixto III excomulgó al cometa Halley en 1456 por considerarlo un “instrumento del diablo”, aunque un sacerdote católico lo desmintió como mito en un artículo publicado en 1908 en Popular Astronomy.
Hoy en día, los científicos conocen estos objetos helados como antiguas reliquias del sistema solar primitivo, restos de la época en que los planetas alrededor de la Tierra estaban en formación.
Los astrónomos suelen considerarlos cápsulas del tiempo de 4.500 millones de años de antigüedad. Con datos limitados, los expertos han estimado que este cometa en particular completa una órbita cada 434 años.