Amazon ha confirmado hoy que devolverá a algunos clientes parte del dinero que recuperó tras la anulación de varios aranceles de importación aprobados durante la administración de Donald Trump.
Según ha explicado la propia compañía, recibió unos 600 millones de dólares en reembolsos después de que una sentencia del Tribunal Supremo de EE. UU. dejara sin efecto esos gravámenes, que se habían aplicado bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, la conocida IEEPA.
Ahora bien, eso no quiere decir que todo ese dinero vaya a acabar otra vez, de forma directa, en manos de los compradores. Amazon ha dejado claro que solo trasladará una parte de ese reembolso a los clientes, y además únicamente en situaciones muy concretas.
De momento, la empresa no ha detallado qué clientes entran en ese grupo, cuánto cobrará cada uno, cuál será la cifra total que piensa devolver ni cuándo empezarán los pagos. Ahí sigue estando el gran punto sin aclarar del anuncio.
Lo que sí ha avanzado Amazon es que las devoluciones se harán automáticamente cuando pueda demostrar con precisión que un cliente asumió ese arancel en una compra concreta. Dicho de otro modo, si Amazon puede seguir el rastro del sobrecoste hasta un pedido específico, ese comprador no tendrá que presentar ninguna solicitud manual.
La empresa sostiene que buena parte de esos costes no se trasladó de manera directa al consumidor. Su director financiero, Brian Olsavsky, explicó que Amazon redujo su exposición a los aranceles acumulando inventario antes de que entraran en vigor.
Olsavsky también recordó que más del 60% de los productos que se venden en Amazon procede de vendedores externos, que eran quienes debían pagar sus propios aranceles de importación. Y en los casos en que Amazon sí asumió ese coste, la compañía asegura que lo “absorbió en gran medida” en vez de llevarlo al precio final.
El dinero que no se devuelva directamente a los clientes se usará, según Amazon, para “mantener los precios bajos”, una fórmula bastante habitual en la empresa para justificar que ese margen se destine a ajustar precios dentro de la plataforma, en lugar de lanzar reembolsos generalizados.
Los vendedores externos, de hecho, son una pieza importante de todo esto. Muchos subieron precios cuando entraron en juego los aranceles y ahora están reclamando sus propios reembolsos por separado ante el Gobierno de Estados Unidos. Eso hace todavía más difícil calcular quién acabó pagando realmente esos costes.
Y hay otro frente abierto. Amazon se enfrenta a un mayor escrutinio judicial por cómo está gestionando el dinero recuperado. Una demanda colectiva sostiene que la empresa trasladó a los consumidores el coste de unos aranceles que después fueron anulados y que ahora estaría quedándose con el reembolso en vez de devolverlo por completo. A día de hoy, sigue sin saberse cuántos clientes recuperarán finalmente ese dinero ni cuándo empezarán los pagos.