Apple y los AirPods Pro con cámaras: no hay anuncio ni filtración sólida

A día de hoy, Apple no ha anunciado unos AirPods Pro con cámaras, y tampoco ha salido una filtración seria que apunte a un lanzamiento cercano. Con macOS Tahoe pasa algo parecido: en la información pública que puede comprobarse no hay rastro sólido de una versión con ese nombre.

En los últimos días han circulado publicaciones que repiten rumores sobre esos supuestos AirPods Pro con cámaras y sobre una versión llamada macOS Tahoe. Como pasa siempre con este tipo de historias, conviene leerlas con bastante cautela.

Sobre macOS Tahoe, además, no hay nada verificable en abierto que sostenga esa referencia. Ese nombre no coincide con ningún lanzamiento anunciado por Apple ni con una hoja de ruta creíble conocida públicamente, así que el titular original da la impresión de apoyarse en una lectura equivocada.

Lo importante aquí es distinguir entre rumor y prueba. A día de hoy no hay reportes fiables que indiquen que Apple esté a punto de presentar unos auriculares con cámaras integradas pensados para consumo masivo.

Si se apura mucho, lo que sí existe es documentación de propiedad intelectual y bastante especulación alrededor de posibles líneas de producto. Y eso cuenta, claro, porque las patentes suelen dar pie a titulares muy llamativos. Pero una patente no es un anuncio.

Las grandes tecnológicas registran ideas todo el tiempo, y muchas de esas ideas no llegan nunca a las tiendas.

Apple, eso sí, ha mostrado interés técnico en este terreno. Varias patentes publicadas en 2023 describen dispositivos que se colocan en la oreja o se llevan en la cabeza y que podrían capturar fotos o vídeo.

También hay otras solicitudes de patente de Apple sobre auriculares con cámaras y sistemas capaces de identificar personas o incluso medir la temperatura corporal. En concreto, este tipo de documentos deja ver que la compañía ha estudiado en serio cómo meter sensores visuales en formatos pequeños como unos auriculares. Lo que no dan es una fecha, un nombre comercial o una confirmación de que ese proyecto vaya a convertirse en un producto real.

La idea, por supuesto, no es nueva. Meta ya vende las Meta Ray-Ban Smart Glasses, que permiten grabar desde una perspectiva en primera persona.

Las versiones más recientes incluyen, según las especificaciones de Meta, una cámara ultra gran angular de 12 megapíxeles y funciones de emisión en directo en Facebook e Instagram. En esta categoría, la privacidad suele apoyarse en señales visuales, así que los dispositivos con cámara integrada normalmente usan luces LED visibles para indicar que están grabando o haciendo una foto.

En el caso de Meta, las generaciones más nuevas han reforzado ese aviso con una luz más visible y parpadeante.

Aun así, ese sistema no convence a todo el mundo. Expertos y críticos llevan años señalando en análisis y reseñas que estos indicadores pueden ser demasiado discretos o quedar tapados.

Además, la evolución de estos wearables apunta a funciones capaces de reconocer objetos, traducir textos, buscar información en la web y dar contexto sobre lo que ve el usuario. Esa es la dirección en la que ya están empujando empresas como Meta o Brilliant Labs. Y mientras tanto siguen abiertas varias preguntas: cómo se protegen los datos del propietario, qué riesgo de vigilancia aparece si el dispositivo se ve comprometido y qué efecto puede tener todo esto, a largo plazo, sobre la vida social y los espacios públicos.

Pixel 11 ya estrena vibraciones sincronizadas: reconoce llamadas por tacto

Google ha estrenado hoy en el Pixel 11 una nueva función dentro de Pixel Sounds: la vibración ahora puede ir sincronizada con el tono de llamada. Eso deja atrás el zumbido genérico de siempre y hace que, en los tonos compatibles, el patrón háptico acompañe la melodía.

La novedad, además, se puede personalizar por contacto, así que en muchos casos será posible saber quién llama sin mirar la pantalla. Tiene sentido, sobre todo en una gama que lleva años destacando justo por eso, por lo bien que suelen responder los motores hápticos de los Pixel.

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La función está integrada en Pixel Sounds y, al menos por ahora, no sirve con cualquier tono ni con archivos añadidos por el usuario. Solo funciona con una selección concreta de tonos de esa colección. Cuando se activa, la vibración sigue el ritmo del tono compatible y la alerta se siente más expresiva, menos uniforme, más fácil de distinguir.

En el día a día, eso se traduce en algo bastante simple: dos llamadas pueden sentirse distintas incluso antes de que llegues a oír el teléfono. Sobre el papel parece un cambio menor. Luego piensas en quienes llevan el móvil en silencio o con el volumen bajo, y ya no lo parece tanto.

Google, en cualquier caso, no está inventando nada desde cero. Los patrones de vibración personalizados existen desde hace años en otros móviles, y el Apple iPhone es uno de los ejemplos más conocidos desde iOS 5.

Lo que cambia aquí es el acabado, y también la manera en que Google saca partido al hardware de los Pixel para que todo se note más fino. Junto a esa sincronización entre tono y vibración, el Pixel 11 deja asignar patrones concretos a contactos individuales desde los ajustes de Sonido y vibración, con opciones como Heartbeat, Gears y Rattlesnake.

Y ahí está la parte interesante. Una vibración puede quedar reservada para un familiar, otra para un compañero de trabajo y otra para una llamada menos urgente. A mucha gente esto le sonará a curiosidad o a pequeño detalle simpático, pero tiene una utilidad bastante clara.

Puede ser especialmente valioso para usuarios sordos o con problemas de audición, y también para quienes dependen del modo silencioso o se mueven a menudo en entornos ruidosos. Distinguir llamadas sin tener que oír el tono añade una capa de accesibilidad que va bastante más allá del simple adorno estético.

También refuerza una idea que lleva tiempo ganando peso: los hápticos importan cada vez más en la experiencia móvil. No por casualidad, porque el mercado de esta tecnología apunta a crecer de 5.760 millones en 2026 a 22.760 millones en 2033.

Por ahora, estas nuevas opciones de vibración aparecen señaladas como exclusivas de la serie Pixel 11. No se sabe si Google acabará llevándolas a modelos Pixel anteriores mediante alguna futura actualización de software, aunque varios de esos dispositivos ya tienen un hardware háptico más que competente.

El automóvil ya mira más allá del software: el coche como plataforma

La industria del automóvil ya da por hecho el llamado vehículo definido por software como la base de su hoja de ruta, y empieza a moverse hacia una etapa más ambiciosa: replantear el coche entero como una plataforma digital con ruedas.

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El paso hacia el vehículo definido por software no solo altera la arquitectura eléctrica o la manera de actualizar funciones. También cambia el papel del concesionario y hasta el modelo de negocio, de modo que el automóvil pasa a generar nuevas funciones y nuevas vías de ingreso mucho después de haber salido de fábrica.

Durante años, hablar de coche definido por software remitía sobre todo a actualizaciones remotas, pantallas más sofisticadas y funciones que podían activarse después de la compra. Ahora el planteamiento del sector va bastante más lejos. La meta es construir vehículos con ordenadores centrales más potentes, menos unidades de control repartidas por todo el sistema y una base común desde la que ofrecer servicios y mejorar de forma constante el rendimiento y la seguridad.

Llevado al terreno real, este rediseño acerca el coche a la lógica de otros dispositivos conectados. El hardware queda listo desde el primer día para funciones que llegarán más adelante, ya sea una mejora en la asistencia a la conducción, una gestión energética más eficiente o nuevas opciones de infoentretenimiento.

Así, el vehículo deja de ser un producto cerrado y pasa a entenderse como un sistema vivo. Más en concreto, los fabricantes buscan recortar la maraña de decenas de centralitas dedicadas a tareas muy específicas y cambiarla por plataformas informáticas centralizadas y arquitecturas zonales, con una doble promesa: menos complejidad en la producción y un desarrollo de funciones mucho más ágil.

Para el usuario, esta evolución debería notarse en coches que envejecen mejor. En vez de quedar atados al software del día en que se compraron, podrán recibir mejoras de rendimiento, nuevas interfaces o correcciones de seguridad durante años. Y, además, una misma base técnica podrá reutilizarse en varios modelos para acelerar lanzamientos y recortar costes.

También cambia el momento en que termina la venta, porque la entrega inicial y el concesionario dejan de ser la última parada. La conectividad, la navegación avanzada, la carga, el entretenimiento, el mantenimiento predictivo o los paquetes temporales de funciones pueden convertirse en ingresos recurrentes. No todas esas fórmulas convencen igual, claro, porque muchos consumidores rechazan las suscripciones para elementos que consideran parte natural del coche. Por eso la industria empieza a girar hacia servicios con un valor claro y activaciones puntuales.

El problema más serio sigue siendo la fiabilidad , la ciberseguridad y la rapidez. Cuanto más depende el coche del software, más presión hay para evitar fallos, proteger los datos y asegurar actualizaciones seguras, salvo que se quiera asumir un riesgo bastante más grave que en un móvil.

Las marcas tradicionales, además, tienen que aprender a trabajar con ritmos más cercanos a los de la electrónica de consumo sin ceder ni en calidad ni en cumplimiento normativo. Y, como pasa en cualquier transición industrial de este tamaño, nadie sabe con certeza cuándo terminará de asentarse este modelo en el mercado. La tensión entre velocidad, calidad y regulación sigue siendo difícil de anticipar.

Samsung prepara One UI 9.5 para el satélite: se filtra un nuevo centro de conectividad

One UI 9.5, la próxima capa de Samsung para Android, podría traer un centro de conectividad por satélite. Eso es lo que sugiere una nueva filtración apoyada en capturas de una compilación interna del sistema. Si acaba confirmándose, estaríamos ante un cambio claro: el SOS por satélite y varias herramientas de conexión pasarían a tener mucha más visibilidad dentro de One UI 9.5. Por ahora, eso sí, toca mirar la información con prudencia.

Samsung no ha dicho nada oficialmente, pero la filtración encaja bastante bien con lo que se está viendo en el sector. La conectividad por satélite empieza a salir de la categoría de función experimental para convertirse en algo más integrado en el uso cotidiano, sobre todo cuando hablamos de emergencias. De todas las imágenes filtradas, lo que más llama la atención es la mención directa a ese centro de conectividad por satélite.

Por lo que dejan ver las capturas, Samsung podría apoyarse en el marco nativo de SOS por satélite de Google para llevar esta función a One UI 9.5. La idea sería que el usuario pudiera intentar enlazar con un satélite cuando no haya cobertura móvil ni Wi‑Fi. Y, si esto se materializa, no hablaríamos de un simple ajuste escondido en algún submenú. Ese centro reuniría mensajes de emergencia, un modo de demostración para practicar antes de tener que usarlo en una situación real y una guía de alineación pensada para ayudar a orientar el teléfono y mantener una conexión estable con el satélite.

Esa guía de alineación pinta como una parte central del sistema. Tiene sentido: una de las mayores pegas de este tipo de herramientas es que, cuando llega el momento de usarlas, la persona al otro lado suele estar nerviosa o directamente en una situación límite. Samsung, al menos sobre el papel, estaría intentando rebajar justo esa fricción. La filtración también menciona otro cambio, bastante distinto pero interesante: un nuevo modo USB llamado “solo depuración”. En la práctica, “solo depuración” permitiría usar Android Debug Bridge (ADB) sin tener que activar a la vez otras funciones USB, como la transferencia de archivos.

Para desarrolladores y usuarios avanzados, ese modo puede ser bastante útil. “Solo depuración” haría más directo el acceso a las herramientas de depuración y, al mismo tiempo, daría un poco más de control y seguridad ya que evitaría dejar expuestas funciones USB que no hacen falta cuando lo único que se busca es trabajar con ADB.

La posible llegada de este centro deja entrever también una relación más estrecha entre Samsung y Google en este terreno. En vez de montar un sistema totalmente separado, Samsung parecería más interesada en tomar piezas del marco nativo de Android para satélites y adaptarlas a la experiencia propia de One UI.

La función, además, encaja con una línea de trabajo que Samsung ya viene siguiendo. La compañía ha ampliado su soporte por satélite mediante acuerdos con operadoras y socios en Norteamérica, Europa y Japón. A eso se suman referencias detectadas en ciertas aplicaciones que ya estarían preparadas para conectividad por satélite.

Y el mercado aprieta.

Según Counterpoint Research, Apple concentró el 71,6 % de los smartphones con conectividad por satélite distribuidos el año pasado. Samsung se quedó en el 15,9 %.

Junto a estas novedades relacionadas con la conexión, otras filtraciones sobre One UI 9.5 apuntan a un rediseño con efecto cristal, una función nativa de App Lock y App Mirroring para usar apps y notificaciones del móvil en portátiles con Windows. Aun así, por lo que se ve en esta compilación, el foco parece estar muy claramente puesto en el satélite y en pulir herramientas avanzadas de conectividad.

China controla ya el 97% de los envíos de robots humanoides: el sector se dispara un 272%

Los robots humanoides ya han dejado atrás la fase de promesa y han entrado de lleno en una etapa comercial real en la primera mitad de 2026. Los envíos mundiales se dispararon un 272% interanual, al pasar de unas 5.100 unidades en el mismo periodo de 2025 a más de 19.100 en 2026, según datos del sector. Lo más llamativo no es solo la subida, sino de dónde viene: el crecimiento ya no depende tanto de demostraciones o proyectos experimentales, sino de tareas concretas dentro de entornos productivos.

Más del 70% de los envíos de 2026 fue a parar a usos industriales y comerciales. Hace un año, esa proporción rondaba el 50%. Eso empieza a dibujar un cambio claro: estas máquinas ya están encontrando un hueco de verdad en fábricas, almacenes y otros escenarios de trabajo.

China está en el centro de este mercado. El país acaparó más del 97% de los envíos mundiales de robots humanoides en el periodo analizado y concentró el 85% de la demanda global, de acuerdo con las cifras del sector para esos meses.

Ese peso también aparece cuando se mira a los fabricantes. Agibot y Unitree Robotics sumaron juntas el 75% del mercado mundial. Y Agibot terminó convertida en el mayor proveedor del segmento, con 8.400 unidades enviadas y una cuota del 44% durante la primera mitad de 2026, según esos mismos datos sectoriales.

La razón principal de este despegue es bastante directa: hace falta cubrir trabajos repetitivos o físicamente duros en sectores donde falta mano de obra, como la manufactura, la logística y la sanidad.

También han ayudado varias mejoras a la vez: software más afinado, sensores más avanzados, hardware más eficiente y una bajada gradual de costes.

Y las pruebas en condiciones reales ya se están multiplicando. BMW y Mercedes-Benz, junto con desarrolladores como Figure y Apptronik, están ensayando robots humanoides para mover materiales, trasladar componentes, hacer inspecciones y apoyar tareas en líneas de montaje. Ahí está buena parte de su atractivo: pueden trabajar en instalaciones pensadas para personas sin obligar a rehacer por completo la infraestructura.

El crecimiento, además, no se queda solo en el número de unidades. El mercado global de robots humanoides se valoró en 2.400 millones en 2025, podría llegar a 4.200 millones en 2026 y superar los 40.000 millones en 2033 si se cumplen las previsiones actuales del sector.

Aun así, los analistas siguen avisando de lo mismo: la seguridad, la fiabilidad y la rentabilidad todavía tienen que mejorar antes de que haya un despliegue a gran escala.

Y ya empieza a pesar otro factor, el geopolítico. En julio de 2026, Estados Unidos prohibió la importación de nuevos robots humanoides y cuadrúpedos chinos por motivos de seguridad. La dirección general parece bastante clara, pero sigue sin saberse cuándo llegará una adopción de verdad masiva.

Windows 11 relaja hoy las actualizaciones: más control para aplazarlas

Microsoft aflojó hoy en Windows 11 buena parte de la presión que durante años convirtió las actualizaciones de Windows en una rutina especialmente irritante. Ahora deja más espacio para pausarlas y para decidir cuándo instalarlas y reiniciar. Ese margen, claro, también aumenta la posibilidad de ir dejando para más tarde parches críticos.

Windows 11 da más control con las actualizaciones, pero también más margen para aplazarlas

Reinicios que aparecían cuando peor venía, avisos una y otra vez y esa sensación de que el PC mandaba más que su dueño definieron buena parte de la etapa de Windows 10.

La idea de Microsoft ahora va por otro lado: quitar fricción sin renunciar a los parches. Windows 11 permite pausar actualizaciones hasta 35 días, elegir con más precisión cuándo instalar y reiniciar e incluso, en algunos casos, evitar el reinicio durante la configuración inicial del equipo.

En Windows 10, muchos usuarios sentían que las descargas y los reinicios llegaban sí o sí. El planteamiento nuevo les deja bastante más margen para decidir.

Con eso, Microsoft intenta corregir un problema de reputación que era real. Según una encuesta de 2021, el 44,02% de los usuarios se declaraba insatisfecho con el proceso de actualización en Windows 10, sobre todo por las interrupciones en mitad del trabajo, los reinicios a destiempo y la pérdida de control sobre el propio equipo.

También ha reunido distintos tipos de parches para recortar el número de reinicios, con un modelo que agrupa varias actualizaciones en una sola intervención mensual.

Eso tiene un coste.

Cuando las actualizaciones ya no se imponen con la misma fuerza, una parte mayor de la responsabilidad pasa al usuario. Y con eso aumentan las opciones de que un PC se pase semanas o incluso meses sin instalar parches críticos.

Para los expertos en ciberseguridad, ese retraso deja abiertas vulnerabilidades conocidas y, por lo mismo, más fáciles de explotar.

El caso del ransomware WannaCry ya mostró hasta dónde puede llegar el daño cuando un fallo corregido a tiempo sigue causando estragos porque miles de equipos no aplicaron el parche que correspondía.

La urgencia también ha crecido porque Microsoft publica cada vez más correcciones de seguridad. Posponer una actualización ya no retrasa solo mejoras menores; también puede dejar el sistema expuesto durante más tiempo frente a amenazas activas.

Hay otra fecha marcada en el calendario. Windows 10 llegará al final de su vida útil el 14 de octubre de 2025, y a partir de entonces los equipos que sigan en esa versión dejarán de recibir actualizaciones de seguridad gratuitas, algo especialmente delicado en empresas y en sectores regulados.

Quienes ponen el foco en la experiencia de uso celebran que Microsoft haya dejado atrás el modelo más agresivo. Administradores de sistemas y especialistas en seguridad, en cambio, avisan de que muchos usuarios siguen priorizando la comodidad por encima de la protección.

Todavía no está claro hasta qué punto este mayor control en Windows 11 hará que más usuarios dejen los parches para mañana.

Google muestra un traductor portátil sin internet: va con Raspberry Pi 5

Google ha enseñado hoy un prototipo de traductor portátil que funciona por completo sin conexión. Va justo al centro de uno de los problemas de este tipo de herramientas: tener que depender de internet para algo tan básico como poder entenderte con alguien en otro idioma.

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Lo han montado ingenieros de Google en una carcasa impresa en 3D y corre sobre una Raspberry Pi 5, ese ordenador monoplaca de precio más o menos asequible que ya es un clásico entre makers, centros educativos y proyectos caseros.

Aquí el hardware va de la mano de Gemma 4, el modelo de IA de Google ajustado para ejecutarse en local. Eso significa que no hace falta mandar ni el audio ni el texto a servidores externos para que haga su trabajo. Google, además, habría subido el proyecto a GitHub, así que desarrolladores y aficionados ya tienen la puerta abierta para replicarlo en casa.

Y ese paso, publicarlo en GitHub, cambia bastante la lectura del proyecto. En vez de apoyarse en una app conectada todo el tiempo a la nube, el sistema procesa la conversación en el propio equipo y saca la traducción desde ahí.

El resultado es un aparato portátil, autónomo y, sobre el papel, muy útil en aviones, zonas rurales, ferias, viajes internacionales o cualquier sitio donde la cobertura falle. Que este traductor funcione sobre una Raspberry Pi también deja algo claro: ya no hace falta, al menos necesariamente, recurrir a hardware especializado y carísimo para tener algo así. Sigue siendo un proyecto experimental, sí, pero el prototipo deja ver que funciones antes reservadas a servicios remotos empiezan a acercarse al terreno del consumo y del bricolaje tecnológico.

Hay dos ventajas inmediatas en este enfoque local. La primera tiene que ver con la privacidad: las conversaciones no salen del dispositivo para procesarse. La segunda es pura fiabilidad. Si no hay red, el traductor sigue ahí, funcionando.

También encaja con un movimiento cada vez más visible en la industria, el de llevar más tareas directamente al dispositivo, ya sea en móviles, coches conectados o aparatos domésticos. La idea es recortar latencia, esquivar cortes de conexión y depender menos de infraestructuras remotas.

En traducción, el interés se entiende solo. Viajeros, profesionales que se mueven de un sitio a otro, personal de atención al público o equipos que trabajan sobre el terreno pueden sacar partido de una opción que no dependa de una SIM, de un punto Wi‑Fi o de tarifas de datos altas.

Que el código esté publicado en GitHub también permite mirar cómo está hecho, adaptarlo, mejorarlo o tomarlo como base para otros dispositivos portátiles con procesamiento local. Eso no convierte automáticamente el traductor portátil de Google en algo listo para cualquiera: todavía hay que comprar componentes, montar el equipo y tener cierta soltura técnica. Y los modelos pequeños que funcionan sin conexión aún pueden quedarse por detrás de los grandes servicios en línea cuando entran en juego tareas complejas, matices de contexto o idiomas con menos recursos. Por ahora no se sabe si Google acabará convirtiendo este prototipo en un producto comercial.

USB del PC: las 7 cosas que nunca debes conectar por seguridad

Expertos en ciberseguridad y organismos públicos llevan tiempo advirtiéndolo: conectar al PC un USB que no sabes de dónde sale sigue siendo una mala idea. Un pendrive, un cable o un cargador de procedencia dudosa puede servir para colar malware, llevarse datos o, en el peor caso, estropear físicamente el equipo. Y el problema va a más. Distintos estudios calculan que, para 2026, el 51 % de los ataques de software malicioso apuntará a dispositivos USB, frente al 9 % que se registraba en 2019. A eso se suma otro dato: el 52 % de las ciberamenazas ya está preparado para propagarse a través de soportes extraíbles como las memorias USB.

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La regla principal es muy fácil de recordar: no conectes dispositivos USB de origen desconocido. Ahí entran los pendrives que alguien se encuentra en la calle o en la oficina, los discos externos que te prestan sin haberlos comprobado antes, cables USB de dudosa procedencia, cargadores baratos sin marca, regalos promocionales con memoria integrada, gadgets USB comprados en mercados poco fiables y también esos dispositivos que parecen inofensivos, pero no lo son.

Porque un ataque por USB puede venir camuflado como algo de lo más corriente. Un cable USB puede llevar electrónica dentro para interceptar datos, y una memoria USB aparentemente vacía puede ejecutar código malicioso en cuanto la conectas. Por eso, desactivar Autorun, escanear cualquier medio extraíble y bloquear los puertos que no se usan sigue estando entre las defensas básicas que más sentido tienen.

Tampoco hay que perder de vista el factor humano. Un estudio citado sobre este tema concluye que el 48 % de las personas enchufaría una memoria USB encontrada en un lugar público. Basta ese gesto, que a simple vista parece inocente, para abrir la puerta a infecciones en cadena dentro de una red doméstica o de empresa.

Los casos recientes no invitan precisamente a relajarse. La consultora de ciberseguridad Mandiant avisó de que, durante 2023, los ataques con memorias USB infectadas se triplicaron.

Entre los casos documentados aparecen campañas vinculadas a China que utilizaron familias de malware como SOGU, SNOWYDRIVE y PlugX contra organismos públicos y sectores como la sanidad y el transporte en Europa, Asia, África, Oceanía y Estados Unidos. Y en sistemas de tecnología operativa la cifra también preocupa: según esos estudios, el 51 % del malware detectado puede propagarse por USB, casi seis veces más que en 2019, y el 82 % tiene capacidad para provocar interrupciones operativas en fábricas, redes de energía o transporte.

El riesgo, además, no se queda en el PC. La Oficina Federal de Investigación de Estados Unidos (FBI), la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) y la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) han alertado sobre el llamado juice jacking, puertos de carga públicos manipulados para robar datos o instalar malware en móviles y otros dispositivos.

Y hay técnicas más recientes. Choice jacking, por ejemplo, podría incluso saltarse avisos de permiso en algunos teléfonos. A eso se añaden los llamados USB killers, que por fuera se parecen a una memoria USB normal, pero envían descargas de alto voltaje capaces de freír componentes y dejar un ordenador inutilizado. La forma más segura de protegerse sigue siendo bastante directa: no usar nunca dispositivos encontrados, formar a los empleados, analizar cualquier unidad externa, tirar de cargadores de pared propios en lugar de puertos públicos y aprovechar funciones como la autenticación USB-C cuando estén disponibles.