Apple publica hoy los datos clínicos del Apple Watch Series 12: así valida su nueva función de salud

Apple ha hecho públicos hoy los detalles técnicos de la nueva función de salud del Apple Watch Series 12, la apuesta más fuerte del reloj en este terreno hasta ahora. En la documentación que ha difundido la compañía, la función se describe como sistema de cribado o de alerta temprana, no como una herramienta de diagnóstico por sí sola. Apple también explica cómo entrenó el algoritmo y de qué forma comparó el rendimiento del reloj con pruebas clínicas de referencia.

No es un movimiento habitual en Apple.

La compañía suele centrarse mucho en el resultado final y bastante menos en enseñar el proceso. Aquí ha hecho justo eso: ha dejado ver, al menos a través de esa documentación, cómo entrenó el algoritmo, qué señales tuvo en cuenta y de qué manera puso a prueba el Apple Watch Series 12 frente a métodos clínicos de referencia.

Según esos documentos, la función no está planteada como una herramienta de diagnóstico independiente, sino como un sistema de cribado o de aviso temprano. El matiz importa, y mucho. El Apple Watch Series 12 puede detectar patrones compatibles con un problema de salud, pero no sustituye a un médico ni a una prueba clínica concreta.

Apple cuenta también que la validación se apoyó en un estudio con una muestra amplia y diversa de participantes, con la idea de medir cómo se comporta el sistema en condiciones de uso reales. El documento añade que el modelo se contrastó con métodos clínicos de referencia, un punto básico cuando una tecnológica quiere sostener una afirmación sobre salud con peso comercial y regulatorio.

Para el usuario, la parte más importante no es solo si el reloj acierta, sino cómo acierta: en qué escenarios rinde mejor, dónde puede equivocarse y qué clase de aviso va a mostrar. Apple insiste en que la función está pensada para identificar señales consistentes a lo largo del tiempo, no para reaccionar ante una única lectura aislada.

Publicar estos datos responde a dos objetivos. El primero: dar más credibilidad a una función que, con bastante probabilidad, será uno de los grandes argumentos de venta del Apple Watch Series 12. El segundo: adelantarse a críticas bastante habituales cada vez que una gran tecnológica entra en terreno médico, como la opacidad, el exceso de marketing o la falta de contexto clínico.

En los últimos años, Apple ha ido convirtiendo el Apple Watch en una plataforma de salud cada vez más seria, con funciones ligadas al corazón, el sueño, la movilidad y la seguridad personal. Y cuanto más ambiciosas se vuelven esas capacidades, más presión hay para demostrar que detrás hay ciencia, además de una buena interfaz.

Para el consumidor, la novedad más relevante es otra: Apple da la impresión de querer vender confianza, no solo funciones. Compartir datos clínicos no garantiza que la herramienta sea perfecta, pero sí ofrece una base bastante más sólida para entender qué puede esperar el usuario del dispositivo.

De paso, esto sube el listón para el resto del sector de los wearables. Si Apple acaba normalizando la publicación de estudios y métricas de validación, competidores como Samsung, Google o Garmin podrían verse empujados a hacer lo mismo. A día de hoy no está claro si ese nivel de transparencia terminará convirtiéndose en la norma del sector.

Trezor confirma ya una brecha en su proveedor de correo: phishing contra sus usuarios

Trezor, la compañía que fabrica monederos hardware para criptomonedas, ha admitido hace poco una brecha de seguridad en un proveedor externo de correo electrónico. De ahí ha salido una campaña de phishing dirigida a usuarios de la marca.

La propia empresa ha explicado que ya hay ciberdelincuentes enviando mensajes que se hacen pasar por Trezor con un objetivo muy claro: intentar sacar información sensible de sus clientes.

Trezor sostiene que el incidente no tocó directamente sus monederos ni dejó expuestas las frases de recuperación o los fondos. Pero con tener acceso a direcciones de correo y otros datos de contacto ya alcanza para montar fraudes bastante creíbles.

Y en el mundo cripto ese riesgo se dispara, porque un solo error puede acabar en pérdidas que luego no hay forma de recuperar.

El alcance real, además, puede no quedarse solo en Trezor. Este tipo de proveedores suele trabajar para varias empresas del sector, así que una filtración vinculada a comunicaciones o marketing puede terminar convertida en un problema serio para la custodia de activos digitales.

La compañía repite que sus sistemas principales no han sido vulnerados y que sus dispositivos siguen siendo seguros si se usan como deben. El problema, otra vez, está en la ingeniería social: hacer que sea el propio usuario quien entregue la información que protege su cartera.

Los correos falsos suelen jugar con la urgencia. Hablan de supuestos problemas de seguridad, piden “verificar” la cartera o empujan al usuario a actualizar el software a través de un enlace.

Casi siempre buscan lo mismo: la frase semilla, credenciales de acceso o que la víctima descargue software malicioso.

En un monedero hardware, la frase de recuperación es la llave maestra. Si alguien la comparte en una web falsa o la envía por correo, deja la puerta abierta a que vacíen la cartera sin opción de deshacer la operación.

La recomendación más inmediata es desconfiar de cualquier mensaje de ese estilo, mirar bien quién lo envía y entrar solo a canales oficiales escritos a mano en el navegador.

También conviene activar todas las capas de protección disponibles, mantener al día el software oficial y comprobar si ese aviso aparece en los canales públicos de Trezor. Mientras tanto, la empresa ya ha lanzado una alerta pública para recordar algo básico: nunca pedirá la semilla de recuperación por email, mensaje o teléfono.

Huawei afronta ya su juicio en EE. UU.: la fiscalía la describe como “empresa criminal”

Huawei se enfrenta desde este martes en Estados Unidos a uno de los juicios más delicados de su historia. El proceso, en un tribunal federal de Brooklyn, es penal y arranca con una acusación durísima: la fiscalía la presentó como una “empresa criminal”. En la apertura, los fiscales sostuvieron que el grupo chino se apoyó durante años en el engaño y en la apropiación de tecnología ajena para hacer crecer su negocio.

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La compañía, una de las mayores fabricantes del mundo de equipos de telecomunicaciones y teléfonos inteligentes, rechaza de plano esas acusaciones. Su versión es otra: que este caso tiene mucho más que ver con la tensión geopolítica y comercial entre Washington y Pekín que con conductas delictivas reales.

En la acusación aparecen reunidas varias de las sospechas que Estados Unidos lleva años lanzando sobre la empresa. Los fiscales afirman, en concreto, que Huawei engañó a bancos sobre su relación con operaciones comerciales en Irán para esquivar las sanciones estadounidenses. También sostienen que participó en una estrategia continuada para hacerse con secretos comerciales de compañías rivales.

Según la fiscalía, la empresa incluso habría recompensado a empleados que consiguieran recopilar información confidencial de otras compañías. Con ese argumento, el Gobierno de EE. UU. buscó retratar a Huawei en esta primera sesión como una organización que convirtió el fraude y la ocultación en una forma de hacer negocios, y no como una suma de episodios aislados.

Huawei se ha declarado no culpable y ha negado una y otra vez haber robado tecnología o haber engañado a entidades financieras. La defensa va a centrar buena parte de su estrategia en cuestionar la solidez de las pruebas y en presentar el proceso como un caso atravesado por la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China.

El juicio llega, además, en un momento distinto para la empresa. Ya no ocupa la posición dominante que tuvo en el mercado mundial de smartphones, pero sigue siendo una pieza clave en infraestructura de redes, servicios para empresas y chips diseñados para distintos usos. Por eso, este proceso no solo pone bajo la lupa la conducta pasada de Huawei. También vuelve a abrir la discusión sobre seguridad nacional, cadenas de suministro y competencia tecnológica.

Durante años, Washington ha presionado a sus aliados para que limiten el uso de equipos de Huawei en redes críticas, sobre todo en 5G, con el argumento de que existen riesgos de seguridad. La compañía siempre ha rechazado esas sospechas y ha insistido en que es una empresa privada, independiente del Gobierno chino.

Aunque el caso gira en torno a cargos penales concretos, el golpe reputacional puede pesar tanto como el desenlace legal. Si hubiera condena, Estados Unidos saldría reforzado en su relato sobre las prácticas corporativas de Huawei y la empresa podría encontrarse con más obstáculos para acceder a mercados, socios financieros y clientes internacionales.

Por su parte, Huawei intentará convencer al jurado de que la fiscalía está enlazando episodios distintos para construir una imagen mucho más grave de lo ocurrido.

La industria tecnológica global seguirá el juicio muy de cerca, tanto por lo que pueda suponer para Huawei como por el mensaje que lanza sobre la pelea por el liderazgo tecnológico. Aún no se sabe cuándo llegará el veredicto.

TikTok, demandada por Pensilvania: funciones «adictivas» y seguridad infantil

El fiscal general de Pensilvania, Dave Sunday, presentó hoy, 11 de agosto de 2026, una demanda civil contra TikTok y su empresa matriz, ByteDance, ante el Tribunal de Primera Instancia del condado de Allegheny. En ella las acusa de vulnerar las leyes estatales de protección al consumidor mediante prácticas que, según la denuncia, terminan perjudicando a los usuarios más jóvenes.

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Según el escrito, TikTok fue diseñada para exprimir al máximo el tiempo de uso entre adolescentes y, al mismo tiempo, habría dado a familias y usuarios una imagen falsa sobre el nivel real de seguridad de la plataforma y sobre la frecuencia con la que aparece contenido para adultos o potencialmente dañino.

La acusación entra en más detalle. Sostiene que la compañía minimizó la presencia de publicaciones con violencia, sexualización, autolesiones y otros temas sensibles, mientras presentaba sus herramientas de protección como más eficaces de lo que serían en la práctica.

Para la fiscalía, esa forma de presentar la plataforma también le sirvió para conseguir clasificaciones por edades de 12+ o 13+ en las tiendas de aplicaciones, al describir ese tipo de contenido como “infrecuente” o “leve”.

El caso pone el foco, sobre todo, en la forma en que TikTok se muestra ante padres y menores. La posición de Pensilvania es que esa imagen de entorno relativamente seguro no encaja con la experiencia real dentro de la app ni con la capacidad efectiva de sus controles para bloquear material problemático.

TikTok negó las acusaciones y tachó la demanda de “engañosa e inexacta”, según declaró un representante de la empresa.

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Ese mismo portavoz añadió que la demanda deja fuera límites de tiempo de uso y configuraciones de privacidad activadas por defecto para usuarios menores de 16 años.

Pensilvania también apunta directamente al diseño de la aplicación.

La demanda menciona el feed infinito de “Para ti”, la reproducción automática y las notificaciones frecuentes como funciones pensadas para empujar a los menores hacia un uso excesivo y compulsivo, activar mecanismos de recompensa ligados a la dopamina y hacer más difícil desconectarse.

Los datos de uso que recoge el escrito van en esa misma dirección: el tiempo diario promedio en TikTok habría subido de 27,4 minutos en 2019 a 55,8 minutos en 2023.

La demanda llega, además, en medio de un escrutinio cada vez mayor sobre el efecto de TikTok en la salud mental de los jóvenes.

Varios estudios han relacionado el uso problemático de la plataforma con niveles más altos de ansiedad y depresión, especialmente entre usuarios menores de 24 años. Una revisión sistemática publicada en 2025 encontró asociaciones significativas, y uno de los trabajos citados apuntó que incluso 20 minutos de uso podían provocar aumentos a corto plazo de esos síntomas.

Aun así, el debate no está completamente cerrado. Sigue sin haber consenso pleno sobre si el uso de redes sociales cruza o no el umbral clínico de una adicción, aunque sí hay bastante acuerdo en que ciertos rasgos de diseño resultan especialmente problemáticos para los adolescentes.

El caso se inscribe en una ofensiva regulatoria más amplia dentro de Estados Unidos. Ya hay más de una docena de acciones estatales contra TikTok y otras plataformas, además de medidas como las restricciones de California para menores de 16 años y las normas de la SAFE for Kids Act de Nueva York sobre feeds algorítmicos y notificaciones nocturnas. Por ahora no se sabe cuándo se resolverá el proceso.

WhatsApp prepara Restricted Chat: por ahora solo aparece en la beta

Hay una de cal y otra de arena para quienes usan WhatsApp. Meta prepara Restricted Chat, una función de privacidad orientada a proteger las conversaciones más delicadas. El problema es que, de momento, solo ha asomado en el código de la beta de WhatsApp para Android, según ha contado WABetaInfo.

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La parte buena está clara: Meta trabaja en una herramienta nueva para reforzar la privacidad de ciertos chats. La mala, también: Restricted Chat todavía no se puede usar. Por ahora solo se ha detectado su referencia dentro de la beta para Android, así que sigue siendo una función en desarrollo y no algo disponible para el público.

WABetaInfo localizó Restricted Chat en esa versión beta de WhatsApp para Android, una señal de que Meta ya anda probando cómo encajarla dentro de la aplicación. Si acaba llegando a la versión final, permitiría que algunos chats queden accesibles únicamente desde el móvil principal del usuario.

Dicho de forma simple, esas conversaciones no aparecerían en WhatsApp Web, tampoco en tabletas ni en teléfonos secundarios enlazados a la misma cuenta.

La propuesta detrás de Restricted Chat es bastante sencilla: dar a cada usuario un control más fino sobre qué conversaciones pueden salir de su dispositivo principal. No sería una restricción aplicada a toda la cuenta, sino una decisión selectiva, chat por chat, para marcar cuáles necesitan una capa extra de protección.

Si la idea es mantener determinadas conversaciones lejos de pantallas compartidas, ordenadores del trabajo o sesiones que han quedado abiertas en el navegador, justo para eso serviría esta opción: escoger qué chats quedan blindados sin perder la comodidad de usar WhatsApp en varios dispositivos.

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Restricted Chat tampoco vendría a sustituir las herramientas de privacidad que WhatsApp ya tiene. Más bien se apoyaría en ellas. Meta la estaría planteando como una ampliación de Advanced Chat Privacy, el paquete de funciones con el que WhatsApp ya pone límites extra en ciertas conversaciones.

Entre esas medidas que ya existen están impedir la exportación de chats y desactivar el guardado automático de fotos y vídeos en la galería del dispositivo. Restricted Chat iría un poco más lejos: además de eso, controlaría en qué dispositivos puede verse ese contenido y cortaría la sincronización con equipos vinculados.

Su aparición, además, encaja con el rumbo que WhatsApp ha tomado en los últimos años, con controles de privacidad cada vez más detallados. La plataforma supera los 2.900 millones de usuarios y lleva mucho tiempo apoyándose en el cifrado de extremo a extremo como uno de sus grandes argumentos. Aun así, sigue bajo escrutinio por cómo se tratan los metadatos y por su relación con las prácticas de datos del ecosistema de Meta.

Otra vez ha sido WABetaInfo quien ha dado la voz de alarma al detectar Restricted Chat en la beta. Y, como suele pasar con WhatsApp, nadie sabe todavía cuándo llegará a la versión estable de la app. El tiempo que pasa entre que una función aparece en beta y termina lanzándose sigue siendo, a estas alturas, bastante difícil de adivinar.

iPhone: una nueva filtración apunta a dos modelos continuistas

Las últimas filtraciones del sector dejan entrever que los dos próximos modelos de iPhone de Apple seguirán una línea bastante conservadora en hardware y pondrán el foco, de forma más visible, en el software. Como pasa siempre con este tipo de rumores, conviene leer todo lo que viene a continuación con cautela.

Lo que dibujan esas informaciones es una estrategia bastante clara por parte de Apple: pocos sobresaltos en el hardware y una apuesta mucho más marcada por el software. Si ese rumbo acaba confirmándose, Apple podría presentar dos móviles que no llamen la atención por la ficha técnica, pero sí por la manera en que mejoran la experiencia de uso.

Para el consumidor medio, eso quizá importe más de lo que parece en un mercado en el que muchos teléfonos ya ofrecen pantallas brillantes, cámaras solventes y potencia de sobra.

Siempre según estas filtraciones, la diferencia de verdad estaría en los detalles pequeños: más fluidez, mejor integración entre apps, funciones exclusivas y herramientas pensadas para ahorrar tiempo. Y esas mismas filtraciones también coinciden en otra cosa: el exterior de los dos nuevos modelos de iPhone de Apple no supondría una ruptura importante frente a la generación actual.

En concreto, si nos atenemos a lo que viene publicándose en el sector, se esperan ajustes menores en acabados, colores y en la distribución de algunos elementos, pero no un rediseño capaz de cambiar por sí solo el debate.

Tampoco se espera, al menos por ahora, un salto espectacular en componentes, así que Apple da la impresión de reservarse los grandes titulares técnicos para otros modelos o para futuras generaciones. Eso dejaría a los dos nuevos iPhone de Apple en una posición curiOSa: sobre el papel podrían parecer poco ambiciosos, aunque luego la cosa no tenga por qué sentirse así en la práctica.

Claro, eso no significa que el hardware vaya a ser flojo, porque lo más probable es que Apple vuelva a ofrecer un nivel alto en pantalla, rendimiento, autonomía y cámaras.

El problema iría más por la percepción. En un año cargado de móviles con cargas más rápidas, sensores más grandes y diseños más llamativos, una actualización continuista puede resultar difícil de vender solo con especificaciones.

También pesa la propia madurez del iPhone. Apple lleva años afinando una base muy sólida, y eso hace que cada nueva generación se enfrente a una expectativa más difícil de cumplir, aunque en el día a día las mejoras incrementales sí acaben teniendo impacto.

Donde Apple sí podría sacar ventaja es en el software. Nuevas herramientas de personalización, cambios en apps clave, mejoras en fotografía computacional, una gestión más fina de la batería y una integración más profunda con el ecosistema pueden pesar más, para muchos usuarios, que un nuevo módulo de cámara o unos milímetros menos de grosor.

Apple también tiene una ventaja comercial evidente: sabe convertir funciones cotidianas en argumentos de compra, así que si una nueva versión de iOS ofrece una experiencia más pulida, más práctica y mejor conectada con el resto de dispositivos de la marca, muchos usuarios lo percibirán como un avance real aunque el teléfono por fuera se parezca mucho al anterior. La gran incógnita será si eso basta para impulsar las ventas en un mercado cada vez más maduro, donde la pregunta ya no pasa solo por qué cambia en el iPhone, sino por si ese cambio se nota lo suficiente como para justificar la renovación, y por si esta vez la respuesta depende menos del hardware y más de lo que ocurra en la pantalla.

Robo cripto de 245 millones: hasta 20 años para el presunto cabecilla

En estos momentos, el presunto cerebro de un robo de 245 millones de dólares en criptomonedas afronta en Estados Unidos, siempre según las autoridades, una posible condena de hasta 20 años de cárcel en un caso donde se cruzan cultura de internet, cibercrimen y un nivel de lujo difícil de pasar por alto.

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Para los investigadores, el acusado ocupó un lugar clave en una campaña de hackeo y fraude que permitió a la red hacerse con una fortuna digital y moverla a toda velocidad por distintos canales, con la idea de poner trabas a cualquier intento de rastreo.

El caso ha llamado todavía más la atención por el perfil del supuesto líder. Los investigadores lo sitúan primero en círculos online vinculados a Minecraft y, más tarde, ya dentro del negocio cripto.

A ojos de los agentes, ese recorrido ayuda a entender cómo una comunidad nacida alrededor de videojuegos y plataformas sociales pudo acabar siendo el punto de arranque de una operación de millones.

La acusación sostiene que la trama recurrió a técnicas de intrusión y manipulación para acceder a grandes cantidades de activos digitales y trasladarlos después a carteras bajo su control.

También sostiene que esos fondos se movieron a través de servicios y plataformas pensados para trocear operaciones, esconder el origen del dinero y convertir una parte del botín en bienes de alto valor.

En concreto, esos 245 millones de dólares colocan el caso, de acuerdo con la acusación, entre los robos individuales de criptoactivos más sonados de los últimos tiempos.

Más allá de la cifra, el asunto vuelve a poner sobre la mesa un problema que el sector arrastra desde hace tiempo: aunque la cadena de bloques permite seguir el rastro de las transacciones, los delincuentes siguen encontrando margen en intermediarios, identidades falsas y redes internacionales para ganar tiempo frente a los investigadores.

Los fiscales mantienen que el dinero robado no se quedó quieto demasiado tiempo.

Según su versión, una parte de los fondos se destinó a financiar una vida de lujo hecha de superdeportivos, equipos de seguridad privada y viajes en jet privado. La imagen choca de frente con ese relato de innovación y libertad financiera con el que suele venderse el mundo cripto.

La acusación añade que ese uso ostentoso del dinero también puede pesar en el proceso judicial, porque este tipo de gasto suele usarse como indicio de control sobre los fondos y de participación consciente en la trama criminal, sobre todo cuando aparecen compras difíciles de encajar con ingresos legales conocidos.

Y lo de Minecraft no aparece ahí como una simple anécdota.

Para los investigadores, esa referencia deja ver cómo algunas redes se forman en espacios digitales que, a primera vista, parecen inocentes, como videojuegos, chats, foros o servidores comunitarios, y luego derivan en actividades mucho más serias. En esos entornos se crean reputaciones, contactos y relaciones de confianza que después pueden trasladarse a mercados grises o, directamente, ilícitos.

A la espera de nuevas decisiones judiciales, el caso refuerza una idea incómoda para el sector tecnológico: las criptomonedas siguen siendo un objetivo prioritario para bandas cada vez más sofisticadas, y la frontera entre cultura online, especulación digital y ciberdelito resulta bastante más porosa de lo que muchos usuarios imaginan.

Por ahora no se sabe cuándo habrá nuevas novedades sobre el proceso en Estados Unidos.